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Fuego técnico: en qué consiste la maniobra que provoca incendios para frenar otros mayores

El operativo Infoar haciendo labores de fuego técnico para intentar perimetrar el incendio de La Uña, en 2025.

Gemma Barra

22 de julio de 2026 21:26 h

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En lo que va de 2026, se han destruido al menos 100.000 hectáreas por el fuego, según las estimaciones provisionales de Información sobre Incendios Forestales. Ante esta problemática, los equipos de extinción recurren a diversas técnicas para tratar de delimitar las zonas afectadas o evitar males mayores. Una de ellas consiste en provocar un fuego controlado para eliminar el combustible que alimenta las llamas y frenar así el avance del incendio. Esta maniobra se conoce como “fuego técnico”.

La táctica se ha empleado en el incendio de La Mierla (Guadalajara), que ha quemado 29.000 hectáreas y ha afectado a 34 municipios, para evitar que el fuego alcanzara Soria. El brigada del cuarto Batallón de Intervención en Emergencias de la UME, Jorge García Bugallo, señala que este tipo de maniobras “se incorporan con bastante frecuencia” a la extinción de grandes incendios forestales y añade que es “razonable pensar” que la Dirección Técnica de Extinción haya recurrido a “maniobras complejas, entre ellas el fuego técnico”.

García Bugallo explica que el fuego técnico consiste en “ejecutar una serie de quemas, a modo de cortafuegos, para mitigar la propagación del fuego mediante la reducción del combustible”, la vegetación con capacidad de arder. En la misma línea, el presidente de Asociación Profesional de Axentes Forestais e Medioambientais de Galicia (Aprafoga), Félix Pérez, lo define como “un ataque indirecto”, empleado para combatir el incendio “a distancia”: “Consiste en poner fuego para que los dos frentes choquen por fuerzas de succión y se quemen los combustibles, al no haber nada más que consumir, el fuego se apaga”.

Según García Bugallo, esta maniobra se emplea cuando el análisis del incendio demuestra que ofrece “una mayor probabilidad de éxito que otras maniobras de extinción”. “Los equipos disponen de una 'caja de herramientas' con diferentes maniobras y, en cada incendio, se selecciona la que resulta más eficiente y segura”, asegura.

Pérez advierte de que, aunque “parece una técnica muy sencilla, no lo es”. Su aplicación requiere personal con experiencia y un análisis previo de la situación, ya que “debe valorarse mucho” antes de ser ejecutada. “Podemos encontrarnos con fuego a la espalda, que nos salta la línea de anclaje del contrafuego que estamos dando. Se llama zona de hombre muerto, porque tenemos el frente de fuego y fuego a nuestra espalda”, explica sobre uno de los principales riesgos. Desde la UME aclaran que estos pueden minimizarse mediante un “análisis riguroso”, que permita identificar la “ventana espacio-temporal” más adecuada.

La maniobra también impacta sobre la superficie forestal. “Se sacrifica bastante superficie, aunque siempre estimando que esa superficie se va a quemar si no se hace contrafuego”, señala. Por ello, insiste en que se trata de una decisión “jerárquica”, conocida por todo el operativo, y que, antes de iniciarla, es imprescindible comprobar que no haya personas ni animales en la zona, ya que “se quedarían atrapados”.

Pese a las dificultades que presenta, Pérez asegura que es una técnica “bastante común” en los incendios forestales. “A veces el ataque directo en el frente de llama lo imposibilita las calorías que desprende el propio incendio. Por seguridad del personal no nos podemos acercar, así que abordamos el combate de incendio con técnicas de ataque indirecto como quemas de ensanche, contrafuegos anclados en pistas o los corta fuegos”, explica.

García Bugallo coincide en que su uso tiene “cada vez mayor implantación”, puesto que con una correcta aplicación junto a unas condiciones adecuadas “ha demostrado ser una herramienta muy eficiente”.

Las condiciones para aplicar un fuego técnico

Antes de recurrir a un fuego técnico, deben cumplirse una serie de requisitos. El presidente de Aprafoga señala que es imprescindible contar con “anclajes” que delimiten “el principio y el final del contrafuego”, de lo contrario, la maniobra podría “alimentar el incendio” en lugar de frenarlo.

En muchas ocasiones, se realiza previamente una quema de ensanche, otra modalidad de fuego técnico que permite ampliar la zona de seguridad. “Se hace una quema entre la pista y el frente del incendio, pero se apaga. Entonces, hacemos una línea negra que amplía la zona sin combustible de la pista y ahí poder trabajar mejor”, explica.

García Bugallo explica que no existen unas “condiciones universales” para la aplicación de la técnica. La decisión depende también de otros factores como la humedad relativa, el viento, la temperatura, el estado de los combustibles, la topografía o los medios disponibles. Pérez coincide y añade que “juegan un papel muy importante a la hora de aplicarla”, ya que un uso incorrecto puede causar el efecto contrario: “Si provocamos muchas intensidades de fuego al provocar el contrafuego, puede hacer que nos salte y complicar la extinción”.

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