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Francia y Alemania quieren arrastrar a la UE a una guerra comercial con China

El canciller alemán, Friedrich Merz (d), estrecha la mano al presidente francés, Emmanuel Macron (i), durante una rueda de prensa en Bruehl, Alemania.

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
29 de julio de 2026 21:52 h

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Aunque en el Consejo Europeo del pasado junio los 27 países de la Unión Europea decidieron afrontar los desequilibrios macroeconómicos globales con una respuesta basada en “la unidad europea y el diálogo con nuestros principales socios económicos”, en clara referencia a China, el gigante asiático vuelve a estar en el ojo del huracán tras la reunión entre el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz. Hasta ahora, Alemania se había posicionado en un punto intermedio, lejos de los más duros como Francia, Italia, Países Bajos y Polonia, y más cercano a países como España y Grecia, que habían optado a favor de “seguir diversificando su comercio, reduciendo riesgos (derisking), disminuyendo sus dependencias y reforzando su autonomía estratégica” sin entrar en una confrontación con China.

A finales de junio, el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, se reunió con el ministro de Comercio chino, Wang Wentao, en Bruselas para rebajar la tensión en las relaciones económicas entre ambos bloques y se dieron hasta octubre para alcanzar un acuerdo. Sefcovic se mostró muy positivo por el inicio de las negociaciones y destacó como prueba que la UE y China han acordado un comunicado conjunto de la reunión, el primero entre ambos bloques desde 2019.

A pesar del inicio de un posible acuerdo entre ambos bloques, Merz ha comenzado a aceptar las posiciones de los más duros y ahora se muestra dispuesto a respaldar una estrategia más contundente de la UE frente a China. En su encuentro, Macron acuso a China de emprender una guerra comercial abierta contra Europa.

Noah Barkin, analista de Rhodium Group, explica que “la hegemonía industrial de China supone una amenaza para economías manufactureras como la alemana, que tienen dificultades para competir con rivales chinos que fabrican productos entre un 30% y un 50% más baratos. Alemania está perdiendo 10.000 empleos industriales al mes debido a esta competencia”.

La situación es muy diferente para España. El analista del Real Instituto Elcano, Miguel Otero, señala que “el pragmatismo económico español en el contexto de la relación con China tiene que ver con la posición histórica de España como receptor de tecnologías. España no es un líder tecnológico, sino que se posiciona en un rango intermedio en el escalafón. Por tanto, el china shock 2.0 no representa para España el mismo tipo de amenaza industrial quasi-existencial que para las economías europeas situadas en la frontera tecnológica”.

“España ve en China la posibilidad de recibir inversión que promueva su transformación y modernización industrial en sectores como baterías, vehículo eléctrico y otras tecnologías verdes. Se busca que la inversión china afiance la posición española en las cadenas de valor europeas y mundiales. Sin embargo, esto no se hace desde una posición de ingenuidad: la entrada de inversión china debe estar condicionada a la creación de valor local y el potenciamiento de la capacidad tecnológica nacional y europea” recalca Otero.

La carta de la industria automovilística

Además de la amenaza sobre el empleo y la industria, lo que ha movido al canciller alemán a ceder en sus posiciones es el respaldo de Macron a 'flexibilizar' la eliminación de la venta de nuevos vehículos con motor de combustión interna que está pactada en la UE para 2035, un requerimiento reiteradamente exigido por Berlín para ayudar a su industria automovilítica (Wollkswagen, Mercedes, Audi, etc.).

A cambio, Merz respaldaría a París en su férrea defensa del 'Made in Europe', que limita el acceso de empresas de terceros países a contratos públicos y subvenciones. Francia quiere que la Ley de Aceleración Industrial (IAA, por sus siglas en inglés) de la UE, pendiente de aprobación definitiva, sea lo más duro posible.

En un análisis realizado por Juan Moscoso del Prado y Darío Arjomandi, del centro de economía global y geopolítica de Esade, apuntan que “las condiciones de la IAA afectan principalmente a la economía China, que alcanza el 60% de producción y cuota de mercado global en la mayoría de los sectores cubiertos por la norma”. Uno de los problemas de esta normativa, como explican los expertos de Esade, es que “los socios comerciales queden fuera del ”made in Europe“, afectando a las relaciones y compromisos adquiridos”. De hecho, Alemania ha llegado a proponer que países como Reino Unido o Canadá no se vean afectado por la nueva normativa.

Por otro lado, Moscoso del Prado y Arjomandi explican que “la respuesta de China ha estado orientada a proteger a los inversores chinos de las obligaciones de compartir datos sobre capital, tecnología, propiedad intelectual y activos estratégicos en otras jurisdicciones”.

El problema para Europa es que China tiene mucha mayor capacidad para golpear. Tras la aprobación del 21 paquete de sanciones a Rusia por su invasión a Ucrania, en el que se imponían sanciones a compañías chinas por abastecer a la maquinaria de guerra del Kremlin, Pekín respondió sancionando a 14 compañías europeas, todas de países beligerantes a las posiciones comerciales de China: Lafert y Garnet (Italia); Sindlhauser, Rheinmetall y Antraco (Alemania); InPACT, III-V Lab y Cavok UAS (Francia); Vigo Photonics y la Universidad Politécnica de Breslavia (Polonia) e IHC (Países Bajos), entre otros.

La Comisión Europea no se quiso pronunciar tras el anuncio de sanciones por parte de China a las empresas europeas. Desde hace meses, Bruselas está aprobando medidas para tratar de cambiar la relación comercial con el gigante asiático, que ha calificado como “insostenible”. El objetivo de Europa es reducir su déficit comercial de 360.000 millones de euros con China, sin que las medidas provoquen un movimiento en Pekín que pueda provocar males mayores, ante la capacidad que tiene de abrir o cerrar el grifo de exportaciones de minerales críticos y tierras raras, esenciales para la industria tecnológica, automovilística o de defensa.

“A menos que Europa y sus aliados sean capaces de articular una respuesta firme y colectiva frente al dominio industrial chino, es probable que entremos en una peligrosa espiral descendente en la que nos volvamos cada vez más dependientes de las cadenas de suministro chinas, perdamos nuestras capacidades industriales y veamos reducida progresivamente nuestra autonomía política y económica. Los recientes decretos del Consejo de Estado de China ofrecen un anticipo de lo que está por venir. Dejan claro que Pekín responderá con represalias si otros países intentan reducir riesgos o diversificar sus cadenas de suministro alejándose de China. El mensaje es: protégete y pagarás un precio por ello”, señala el analista de Rhodium Group.

Buscar las dependencias de China

La nueva posición de Berlín puede arrastrar a la UE a una confrontación con el gigante asiático. Según una información que ha publicado Bloomberg, el gobierno alemán está realizando un análisis de las vulnerabilidades de China mediante el estudio de los flujos comerciales, las cadenas de suministro y los datos de las empresas. El objetivo es determinar en qué áreas China sigue dependiendo de la tecnología, los componentes especializados y el conocimiento industrial alemanes y europeos.

La idea, según explica Sander Tordoir, economista jefe del European Reform Center, “no es aislar permanentemente a China de la tecnología. El objetivo es demostrar que Alemania tiene poder y recordarle a Pekín que China también depende fundamentalmente de Europa”.

En la próxima reunión de los 27 en octubre la Comisión Europea se comprometió a presentar una serie de herramientas comerciales que van desde sistemas de cuotas para determinados productos a aranceles compensatorios a instrumentos para reducir la dependencia de China. Ese mismo mes, los representantes comerciales de la UE y China se volverán a reunir.

La cuestión que subyace es que tanto Francia como Alemania se enfrentan a elecciones de diferente calado con la amenaza de la victoria de la ultraderecha. Ante el avance de estas formaciones se impone una agenda proteccionista en las posiciones de ambos gobiernos.

Merz teme que los ultras de AfD ganen en los comicios de los landers (regiones) de Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Antepomerania, que se celebrarán en septiembre. Mientras, Macron ve como una amenaza real que la extrema derecha que lidera Marie Le Pen, Rassemblement National, gane en las elecciones generales de 2027.

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