Krugman provoca pesadillas en Zapatero
Iñigo Sáenz de Ugarte
El optimista en jefe de la economía española se vio de bruces con un premio Nobel de Economía experto en lanzar bidones de agua helada sobre los políticos con tendencia a ignorar la realidad. Tampoco cabía apelar a diferencias ideológicas. Zapatero no iba a pasar como más progresista que Paul Krugman. El economista tiene aún los nudillos destrozados de tanto atizar a la política de Bush.
En Moncloa empezaron a sudar al leer la entrevista con Krugman que El País publicó el domingo. La reacción más lógica tendría que haber consistido en decir: los que no sepan rezar que blasfemen (parodiando el viejo chiste de Chummy Chúmez). En vez de eso, montaron de improviso un desayuno hoy lunes entre Krugman y Zapatero.