Una mirada a Aki Ra
Despego la nariz de la pantalla y traspaso el cristal. Me encuentro ante un deslumbrante amanecer frente al templo del Angkor Wat en Camboya, apenas acompañada de un puñado de personas. En pandemia, la osadía/imprudencia no estaba de moda.
Pero pestañeo y cambio totalmente la imagen, y de la belleza, el orden, la paz y la tradición, me surge aquella entrada atestada de artefactos de guerra reciente, con olor a suciedad e infinito padecimiento. Una especie de pajarera gigante repleta de obuses y de minas. Y chamizos con armas apiladas por tamaño y demoniaca finalidad de matar, que alguien con poco acierto ha denominado museo. A mí más bien me parece un espacio para el terror, un infierno donde cada pistola y ametralladora lleva el alma y las lágrimas de los inocentes, que tuvieron la desdicha de convertirse en su objetivo. Hay también fotografías decoloradas en las que niños y jóvenes sonríen, mientras vestidos de uniforme portan material bélico, que les duplica en peso y tamaño.
Aki Ra; creo que es el único ser humano por el que no he podido sentir. Me enfrento a sus ojos y no le juzgo por haber sembrado de minas tantos campos segando tantas vidas. Apenas era un niño huérfano que no sabía dónde se encontraba el bien ni dónde residía el mal. Solo luchaba por sobrevivir agradeciendo a los Jemeres un plato de comida por jornada. Pero tampoco puedo empatizar con él, aunque en su edad madura dedique todo su tiempo, fuerza y recursos a limpiar esos mismos campos de las minas que únicamente él colocó.
Frío, me recorre el frío, a pesar del bochorno pegajoso que reina en la jungla de Siem Reap.
Sobre este blog
Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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