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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

El ruido no es casual

Pancarta durante una manifestación del 8M

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La comunicación nunca es neutral, pero en tiempos de polarización se vuelve abiertamente estratégica. El debate público actual demuestra que la batalla cultural en torno al feminismo no se está librando solo en el terreno de las leyes o las políticas públicas, sino, sobre todo, en el plano de la retórica: en las palabras que se eligen, los silencios que se imponen y los marcos desde los que se invita a interpretar los hechos.

Las recientes reacciones políticas y mediáticas ante denuncias de violencia sexual que afectan a figuras públicas lo evidencian con claridad. Más allá de los casos concretos, emerge un patrón discursivo que desplaza el foco desde los derechos de las mujeres hacia la sospecha, la ironía o el descrédito del propio feminismo. Declaraciones como las realizadas por Isabel Díaz Ayuso en relación con la denuncia vinculada a Julio Iglesias no son el centro del problema, sino un síntoma de una estrategia más amplia: construir un marco en el que el feminismo aparece como exagerado, inquisitorial o injusto.

La retórica es poder. Cuando se trivializan las denuncias, se ridiculiza el lenguaje feminista o se presentan los avances en igualdad como un exceso, no se está opinando inocentemente: se está moldeando el sentido común. Estos marcos discursivos buscan invertir la carga simbólica, convertir a quienes denuncian en sospechosas y a los privilegiados en víctimas de una supuesta “deriva ideológica”.

El debate público actual demuestra que la batalla cultural en torno al feminismo no se está librando solo en el terreno de las leyes o las políticas públicas, sino, sobre todo, en el plano de la retórica: en las palabras que se eligen, los silencios que se imponen y los marcos desde los que se invita a interpretar los hechos

Frente a esta ofensiva, la comunicación con propósito es una herramienta indispensable. Romper el marco no significa reaccionar desde la indignación, sino disputar el relato con precisión y conciencia. El lenguaje no sexista no es una imposición ni una moda, sino una estrategia para nombrar la realidad con rigor, visibilizar las desigualdades estructurales y evitar la violencia simbólica que opera cuando se cuestiona sistemáticamente la credibilidad de las mujeres.

Ganar la batalla cultural implica comprender que cada palabra importa. No basta con tener razón: hay que saber comunicarla. Defender el feminismo hoy exige intervenir en el plano retórico, desmontar marcos hostiles y construir narrativas que anclen la igualdad en los derechos humanos y en los valores democráticos. En un escenario de ruido y polarización, comunicar con conciencia no es solo una responsabilidad política: es una forma de resistencia.

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