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Una mirada ecofeminista a la crisis climática: ¿cómo afecta el cambio climático a las mujeres?

Las cifras de refugiadas climáticas, el incremento de la vulnerabilidad en las niñas o la feminización de la pobreza energética son algunas de las consecuencias del cambio climático que afectan de manera directa a las mujeres. Para demostrarlo, se han realizado análisis de los distintos de hábitos de consumo y de movilidad de mujeres y hombres, y el impacto que estos generan en el medio ambiente, así como la distinta concienciación sobre la responsabilidad de luchar contra el cambio climático y, sobre todo, sobre la posibilidad de ser quien decide las políticas que se deben llevar a cabo para resolver el problema.

El mundo es un invernadero que atrapa cada vez más calor

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¿Cuáles son las conclusiones? Ellas, a raíz de la construcción social del rol de mujeres, están más asociadas al espacio doméstico y al cuidado de la familia que ellos, por eso resultan más vulnerables en relación a los efectos del cambio climático, sobre todo en los niveles socioeconómicos más bajos. Además, lo que se llama “huella ecológica individual” o el impacto de una persona en el medioambiente, también es distinta puesto que es un resultado de una distribución de roles de género, de responsabilidades y de identidades específicas. En cuanto a la forma de enfrentarse y participar en las respuestas que se realizan al cambio climático, los roles de género hacen que se tenga una actitud e implicación distinta puesto que generalmente, son ellos quienes se encuentran en los puestos de mando y toma de decisión.

El cambio climático saca a las mujeres de sus tierras y se ven obligadas a ser refugiadas climáticas, con todo lo que ello conlleva

“La crisis ecológica trae consigo una crisis energética, una climática, una social y una de cuidados y todas están ligadas entre sí y las más afectadas son las mujeres. El sistema está acabando con ellas. Cuando en una crisis energética, por ejemplo, las reservas de materiales empiezan a decrecer y hay menos recursos, se tiende a buscar esos recursos en otros países, no de forma causal, empobrecidos. Allí, para conseguir esos recursos, se expulsa a la población. En el caso de las personas indígenas, se elimina su lengua y con ella toda la sabiduría que de forma oral se ha ido transmitiendo durante años. Esa sabiduría y ese conocimiento tiene que ver sobre todo con la salud y la naturaleza y al eliminar la lengua de las mujeres que lo transmiten, se elimina por completo, porque no existe traducción al castellano. Esas situaciones, junto con los desastres naturales producidos por el cambio climático, les saca de sus tierras y se ven obligadas a ser refugiadas climáticas, con todo lo que ello conlleva”, explica Cristina Alonso Saavedra responsable del área de Justicia Climática y Energía de la ONG Amigos de la Tierra España que ha participado junto a otras expertas en cambio climático en el Curso de Verano de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) 'Cambio climático y feminismo: repensar el presente para construir el futuro'.

El objetivo del curso, celebrado en Donostia, es mostrar de qué manera las mujeres “pueden y deben” participar activamente en la lucha contra el cambio climático, liderando las decisiones y soluciones propuestas, participando en igualdad en el acceso a los nuevos recursos y construyendo nuevas fórmulas igualitarias en las que no quepa la vulneración de ningún derecho. No obstante, según han insistido, “no se trata de hacer a las mujeres responsables de salvar el planeta”.

Las investigaciones feministas son un refugio dentro de la academia neoliberal, que lleva décadas expulsando a las mujeres

Para ello, según detallan las expertas, es imprescindible trabajar con “una mirada ecofeminista”. El último informe sobre Género y Cambio Climático, realizado por el Instituto de la Mujer en 2020 define al ecofeminismo como “una de las vertientes del feminismo que se sustenta sobre la idea de que existe una relación entre la subordinación de la mujer frente al hombre y la explotación del mundo natural, al considerar que la lógica histórica de propiedad que ha envuelto el dominio de los hombres hacia las mujeres comparte ciertas pautas que se dan en la explotación sobre la naturaleza, entendiendo que ambas formas de degradación y explotación comparten la misma causa”, es por ello, que se trata de una corriente que “no entiende la lucha feminista sin la lucha ecologista, de manera que integra a las mujeres en la lucha contra el cambio climático al mismo tiempo que incorpora el enfoque ecologista al feminismo”.

“La pandemia fue muy reveladora para las mujeres en muchos aspectos. En el caso de las científicas, nos devolvió a los hogares. ¿Quién produjo conocimiento durante esos meses? Los hombres, generalmente blancos. Muchas de las investigadoras, también las que investigamos sobre cambio climático, tuvimos que regresar a casa y dedicarnos a los cuidados, ya sea de niños o de mayores. Por eso las investigaciones feministas son un refugio dentro de la academia neoliberal, que lleva décadas expulsando a las mujeres”, sostiene Federica Ravera, que lidera el Proyecto Ágata de investigación sobre mujeres y cambio climático en zonas rurales marginales del mediterráneo.

La crisis ambiental está agudizando aún más las desigualdades y las discriminaciones que, por supuesto, nunca son neutras al género, ya que mujeres y hombres experimentan sus efectos de modo diferente

La directora del Instituto Vasco de la Mujer (Emakunde), Izaskun Landaida, también presente en el curso, señala que “en la tarea mundial de ir respondiendo a la emergencia climática, es necesario introducir la perspectiva feminista y el enfoque de género, dado que esta crisis ambiental está agudizando aún más las desigualdades y las discriminaciones que, por supuesto, nunca son neutras al género, ya que mujeres y hombres experimentan sus efectos de modo diferente” y recalca que “el logro de la igualdad de mujeres y hombres y la lucha contra el cambio climático son dos de los mayores desafíos a los que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI, y la respuesta a ambas puede venir de la mano”.

¿Qué se debe hacer en situaciones como estas? Según insiste Alonso, crear soluciones “basadas en la naturaleza” a partir de iniciativas “realmente ciudadanas y feministas” como las llamadas comunidades energéticas. “El concepto de comunidad energética puede llegar a ser peligroso porque las grandes empresas se están disfrazando de cooperativas para crear un sistema en el que seguir explotando recursos. Esas no son comunidades energéticas reales. Las reales son las que son propiedad de la ciudadanía, y para ello, hay muchas organizaciones y asociaciones que las están llevando a cabo. Se pueden diferenciar de las grandes empresas porque si una gran empresa está detrás, simplemente, no será una comunidad energética sostenible y ecológica”, concluye la investigadora.

Las cifras de refugiadas climáticas, el incremento de la vulnerabilidad en las niñas o la feminización de la pobreza energética son algunas de las consecuencias del cambio climático que afectan de manera directa a las mujeres. Para demostrarlo, se han realizado análisis de los distintos de hábitos de consumo y de movilidad de mujeres y hombres, y el impacto que estos generan en el medio ambiente, así como la distinta concienciación sobre la responsabilidad de luchar contra el cambio climático y, sobre todo, sobre la posibilidad de ser quien decide las políticas que se deben llevar a cabo para resolver el problema.

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¿Cuáles son las conclusiones? Ellas, a raíz de la construcción social del rol de mujeres, están más asociadas al espacio doméstico y al cuidado de la familia que ellos, por eso resultan más vulnerables en relación a los efectos del cambio climático, sobre todo en los niveles socioeconómicos más bajos. Además, lo que se llama “huella ecológica individual” o el impacto de una persona en el medioambiente, también es distinta puesto que es un resultado de una distribución de roles de género, de responsabilidades y de identidades específicas. En cuanto a la forma de enfrentarse y participar en las respuestas que se realizan al cambio climático, los roles de género hacen que se tenga una actitud e implicación distinta puesto que generalmente, son ellos quienes se encuentran en los puestos de mando y toma de decisión.

El cambio climático saca a las mujeres de sus tierras y se ven obligadas a ser refugiadas climáticas, con todo lo que ello conlleva

“La crisis ecológica trae consigo una crisis energética, una climática, una social y una de cuidados y todas están ligadas entre sí y las más afectadas son las mujeres. El sistema está acabando con ellas. Cuando en una crisis energética, por ejemplo, las reservas de materiales empiezan a decrecer y hay menos recursos, se tiende a buscar esos recursos en otros países, no de forma causal, empobrecidos. Allí, para conseguir esos recursos, se expulsa a la población. En el caso de las personas indígenas, se elimina su lengua y con ella toda la sabiduría que de forma oral se ha ido transmitiendo durante años. Esa sabiduría y ese conocimiento tiene que ver sobre todo con la salud y la naturaleza y al eliminar la lengua de las mujeres que lo transmiten, se elimina por completo, porque no existe traducción al castellano. Esas situaciones, junto con los desastres naturales producidos por el cambio climático, les saca de sus tierras y se ven obligadas a ser refugiadas climáticas, con todo lo que ello conlleva”, explica Cristina Alonso Saavedra responsable del área de Justicia Climática y Energía de la ONG Amigos de la Tierra España que ha participado junto a otras expertas en cambio climático en el Curso de Verano de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) 'Cambio climático y feminismo: repensar el presente para construir el futuro'.

El objetivo del curso, celebrado en Donostia, es mostrar de qué manera las mujeres “pueden y deben” participar activamente en la lucha contra el cambio climático, liderando las decisiones y soluciones propuestas, participando en igualdad en el acceso a los nuevos recursos y construyendo nuevas fórmulas igualitarias en las que no quepa la vulneración de ningún derecho. No obstante, según han insistido, “no se trata de hacer a las mujeres responsables de salvar el planeta”.

Las investigaciones feministas son un refugio dentro de la academia neoliberal, que lleva décadas expulsando a las mujeres

Para ello, según detallan las expertas, es imprescindible trabajar con “una mirada ecofeminista”. El último informe sobre Género y Cambio Climático, realizado por el Instituto de la Mujer en 2020 define al ecofeminismo como “una de las vertientes del feminismo que se sustenta sobre la idea de que existe una relación entre la subordinación de la mujer frente al hombre y la explotación del mundo natural, al considerar que la lógica histórica de propiedad que ha envuelto el dominio de los hombres hacia las mujeres comparte ciertas pautas que se dan en la explotación sobre la naturaleza, entendiendo que ambas formas de degradación y explotación comparten la misma causa”, es por ello, que se trata de una corriente que “no entiende la lucha feminista sin la lucha ecologista, de manera que integra a las mujeres en la lucha contra el cambio climático al mismo tiempo que incorpora el enfoque ecologista al feminismo”.

“La pandemia fue muy reveladora para las mujeres en muchos aspectos. En el caso de las científicas, nos devolvió a los hogares. ¿Quién produjo conocimiento durante esos meses? Los hombres, generalmente blancos. Muchas de las investigadoras, también las que investigamos sobre cambio climático, tuvimos que regresar a casa y dedicarnos a los cuidados, ya sea de niños o de mayores. Por eso las investigaciones feministas son un refugio dentro de la academia neoliberal, que lleva décadas expulsando a las mujeres”, sostiene Federica Ravera, que lidera el Proyecto Ágata de investigación sobre mujeres y cambio climático en zonas rurales marginales del mediterráneo.

La crisis ambiental está agudizando aún más las desigualdades y las discriminaciones que, por supuesto, nunca son neutras al género, ya que mujeres y hombres experimentan sus efectos de modo diferente

La directora del Instituto Vasco de la Mujer (Emakunde), Izaskun Landaida, también presente en el curso, señala que “en la tarea mundial de ir respondiendo a la emergencia climática, es necesario introducir la perspectiva feminista y el enfoque de género, dado que esta crisis ambiental está agudizando aún más las desigualdades y las discriminaciones que, por supuesto, nunca son neutras al género, ya que mujeres y hombres experimentan sus efectos de modo diferente” y recalca que “el logro de la igualdad de mujeres y hombres y la lucha contra el cambio climático son dos de los mayores desafíos a los que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI, y la respuesta a ambas puede venir de la mano”.

¿Qué se debe hacer en situaciones como estas? Según insiste Alonso, crear soluciones “basadas en la naturaleza” a partir de iniciativas “realmente ciudadanas y feministas” como las llamadas comunidades energéticas. “El concepto de comunidad energética puede llegar a ser peligroso porque las grandes empresas se están disfrazando de cooperativas para crear un sistema en el que seguir explotando recursos. Esas no son comunidades energéticas reales. Las reales son las que son propiedad de la ciudadanía, y para ello, hay muchas organizaciones y asociaciones que las están llevando a cabo. Se pueden diferenciar de las grandes empresas porque si una gran empresa está detrás, simplemente, no será una comunidad energética sostenible y ecológica”, concluye la investigadora.

Las cifras de refugiadas climáticas, el incremento de la vulnerabilidad en las niñas o la feminización de la pobreza energética son algunas de las consecuencias del cambio climático que afectan de manera directa a las mujeres. Para demostrarlo, se han realizado análisis de los distintos de hábitos de consumo y de movilidad de mujeres y hombres, y el impacto que estos generan en el medio ambiente, así como la distinta concienciación sobre la responsabilidad de luchar contra el cambio climático y, sobre todo, sobre la posibilidad de ser quien decide las políticas que se deben llevar a cabo para resolver el problema.

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¿Cuáles son las conclusiones? Ellas, a raíz de la construcción social del rol de mujeres, están más asociadas al espacio doméstico y al cuidado de la familia que ellos, por eso resultan más vulnerables en relación a los efectos del cambio climático, sobre todo en los niveles socioeconómicos más bajos. Además, lo que se llama “huella ecológica individual” o el impacto de una persona en el medioambiente, también es distinta puesto que es un resultado de una distribución de roles de género, de responsabilidades y de identidades específicas. En cuanto a la forma de enfrentarse y participar en las respuestas que se realizan al cambio climático, los roles de género hacen que se tenga una actitud e implicación distinta puesto que generalmente, son ellos quienes se encuentran en los puestos de mando y toma de decisión.

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