Urkullu pide un nuevo Estatuto con reconocimiento nacional de Euskadi y denuncia los incumplimientos del Estado
El lehendakari Iñigo Urkullu en el cargo entre 2012 y 2024, defiende como imprescindible que Euskadi cuente con un nuevo Estatuto. En una carta que publica en su integridad elDiario.es/Euskadi en el marco de quinto centenario del Fuero Viejo de Bizkaia y estando abiertas las conversaciones para la reforma estatutaria, Urkullu abogar porque se reconozca el “carácter nacional de Euskadi”, por “actualizar el catálogo de competencias”, por “profundizar” en la relación con otros territorios, incluida la “confluencia con Navarra”, y en que España asuma su realidad “plurinacional”.
La carta arranca con la constatación de que, a su llegada a Ajuria Enea, se activó una ponencia parlamentaria para la búsqueda de un acuerdo estatutario. Los trabajos nunca cristalizaron. Ahora, los partidos del Gobierno, PNV y PSE-EE, y la principal fuerza de la oposición, mantienen conversaciones extraparlamentarias y no públicas para trabajar en una posible propuesta nueva. El lehendakari, Imanol Pradales, aludió a junio de 2026 como referencia para evaluar los avances, aunque en los últimos meses lo poco que ha trascendido es que, metafóricamente, el agua en la piscina no era abundante.
Cualquier propuesta debe pasar primero toda la tramitación en el Parlamento Vasco, también el filtro del Congreso de los Diputados y, finalmente, una consulta popular. El denominado 'plan Ibarretxe', el intento más serio de superar el Estatuto, se quedó en el segundo paso. Urkullu, en una reflexión que asegura que es estrictamente “personal”, plantea “avanzar en la gestación de consensos para un nuevo estatus de autogobierno” a pesar de lo ajustado de los plazos, con un año para las elecciones generales. “Los meses hasta el final de la legislatura no son tiempo propicio para lograr un acuerdo, pero sí son un tiempo para prepararlo”, defiende.
El lehendakari -el título es vitalicio- pone en valor lo que representó el Estatuto de 1979 como “instrumento” de “convivencia” y de “desarrollo”. “Fue concebido por la sociedad vasca como nuestra propia Constitución”, defiende. Sin embargo, afea al Estado que no haya “respetado” el “espíritu inspirador” de esa ley de leyes vasca. “Hemos sufrido una mutación del pacto estatutario”, arguye Urkullu, que denuncia que hay materias que “siguen pendientes” de ser cumplidas -ahora mismo se negocia, por ejemplo, la transferencia de la gestión de la Seguridad Social- y que en otros ámbitos ha habido una “erosión” del autogobierno, una “dinámica constante” por parte del Estado a través de normativa básica.
Urkullu evoca la necesidad de “recuperación del espíritu del pacto” y del “mutuo reconocimiento”, de la “bilateralidad”. En línea con sus propuestas en las tres legislaturas como lehendakari, define a Euskadi como “nación foral” y sostiene que la actual Constitución y Estatuto recogen disposiciones suficientes para “actualizar” los “derechos históricos” de origen foral. También plantea exportar el modelo bilateral de Concierto Económico a un Concierto Político, a un “sistema de garantías eficaz que impida la vulneración del autogobierno”. Y añade: “Por esta vía podemos encontrar ámbitos efectivos de coincidencia y confluencia con Navarra, como refleja el Estatuto de Autonomía y la propia Constitución española vigentes en la medida que nos permite compartir, en el entorno foral, una misma tradición y vocación de autogobierno”.
Urkullu mira también a España. Cree que se puede “realizar, desde Euskadi, una aportación sustantiva al debate sobre el modelo territorial del Estado”. “La diversidad del Estado es una realidad: distintas lenguas; tradición foral o derecho civil vasco; distintos sistemas de financiación o mecanismos de relación entre el Estado y las comunidades autónomas. En la práctica un Estado compuesto, plurinacional, de hecho, aunque no de derecho. La pregunta es: ¿por qué en un Estado sólo puede haber una nación? Esto es una visión excluyente. Sería suficiente aceptar que existe una nación allá donde, además de lengua, cultura o historia, existan mayorías que así se autoperciban, en virtud también de sistemas de Autogobierno singulares y reconocidos”, defiende.
Su propuesta, “para Euskadi y para el Estado en su conjunto”, es una fórmula que llama “Convención Constitucional”. Ya la lanzó estando en el cargo e implica reinterpretar las posibilidades del marco vigente sin necesidad de abrir el melón de reformarlo. “Se trata de una invitación a modernizar y mejorar el funcionamiento del marco institucional por la vía del pacto. Es una propuesta constructiva y abierta, formulada el año 2018 y que debería encontrar un escenario propicio para su desarrollo”, estima Urkullu.
Urkullu abandonó la Presidencia vasca en el verano de 2024 con la toma de posesión del nuevo candidato del PNV, Imanol Pradales. Desde entonces, ha priorizado la puesta en marcha de fundación europeísta y atlantista, eAtlantic. También participa en actos públicos, como el homenaje por el aniversario del bombardeo de Durango en la Guerra Civil o los recientes homenajes al que fuera primer lehendakari en democracia, Carlos Garaikoetxea.