La Xunta ignora a todos los expertos y asalta la dirección del principal centro de arte contemporáneo de Galicia
Una formidable tormenta agita el mundo del arte en Galicia y más allá. La decisión de la Xunta de tomar por asalto la dirección del principal museo de arte contemporáneo ha provocado una inédita y casi unánime contestación en el sector: críticos, artistas o responsables de museos de todo el Estado censuran el método y el resultado de un proceso que ha desembocado en la elección de la desconocida Eva López Tarrío como directora del Centro Galego das Artes Contemporáneas (CGAC) de Santiago de Compostela. Las innumerables voces que cuestionan lo sucedido hablan de afán de control del Gobierno gallego y de subordinar el CGAC a la Cidade da Cultura y a la estrategia turístico cultural del Xacobeo y afirman que López Tarrío carece de la preparación adecuada para el puesto. El presidente Alfonso Rueda ignora sin embargo el clamor del sector cultural y asegura -sin dar nombres- que “gente de la cultura” lo ha felicitado por “una designación que ha sido un acierto”.
El nombramiento todavía no se ha producido, sí la resolución del concurso, pero culmina años de declive de la que fue una de las más prestigiosas instituciones artísticas de España. “Es evidente que ha habido una deriva”, explica a elDiario.es Miguel Anxo Rodríguez, profesor de Historia da Arte de la Universidad de Santiago de Compostela, “debida a dos factores principales, la falta de diálogo y el progresivo recorte de fondos y de personal. Además de injerencias absurdas en la programación, como dedicar más de medio año a la exposición de un artista”. Una actividad cada vez más mortecina y de escasa repercusión sociocultural era objeto habitual de comentario entre usuarios y creadores. Las habituales salas vacías contrastaban con las triunfalistas cifras oficiales de visitantes. “Vive una especie de declive y está claro que el Gobierno gallego no quiere apostar por el CGAC”, añade Rodríguez.
Reducción de la autonomía del museo
La sentencia, a decir de las personas expertas consultadas para este reportaje, la ha supuesto el cambio en el mecanismo de selección del director. Apoyada en la Lei de Museos de Galicia aprobada en 2021 por el PP y en una reciente revisión de la relación de puestos de trabajo (RPT), la Consellería de Cultura redujo a los funcionarios autonómicos especializados en museos la posibilidad de optar al puesto. Antes era de “alta dirección”. La decisión tuvo dos consecuencias. La primera, contradecir los códigos de buenas prácticas que rigen los centros de arte contemporáneo. “Entendemos que la cobertura de la dirección del CGAC debe articularse mediante un procedimiento abierto, público y basado en el documento cero del sector del arte contemporáneo”, el llamado Buenas Prácticas en los Museos y Centros de Arte, explica el manifiesto Se afunde, é porque pesa: SOS CGAC, suscrito por más de 1.400 profesionales del ámbito artístico, entre ellos Manuel Segade, director del Reina Sofía.
La segunda consecuencia fue que apenas existiesen potenciales aspirantes: los funcionarios de los museos autonómicos gallegos son escasos y apenas los hay especializados en arte contemporáneo. Tal fue la situación que el pasado 20 de febrero, denuncia el principal sindicato gallego, la CIG, la Consellaría de Cultura que dirige José López Campos y en la que Anxo Lorenzo es director general modificó el plan de personal para abrir la dirección del CGAC a funcionarios de la Administración del Estado, otras comunidades autónomas, la Administración local y el personal docente. La semana pasada, la Xunta hacía público el resultado del concurso: la artista y profesora de enseñanza secundaria Eva López Tarrío. Su salario contará con un complemento específico de 26.303 euros anuales. “Apenas tiene experiencia en el terreno de la gestión cultural o la investigación”, ha señalado en un documentado y durísimo artículo una de las más respetadas críticas de arte del Estado, Elena Vozmediano, “ni siquiera en Madrid o Barcelona sabe nadie quién es”. Ha titulado el texto Una marioneta para dirigir el CGAC y en él considera que el centro gallego “queda en una situación extremadamente crítica”. La Asociación de Directoras y Directores de Arte Contemporáneo (Adace) emitió un contundente comunicado al respecto: “Nos remitimos estrictamente a su perfil profesional [de López Tarrío], insuficiente para dirigir un centro como el CGAC”. Su presupuesto anual es de alrededor de cuatro millones de euros (este fue el de 2025 según los últimos datos disponibles en el portal de transparencia de la institución).
La Consellería de Cultura, a preguntas de elDiario.es, afirma que la designación “se hizo entre nueve candidaturas presentadas teniendo en cuenta su experiencia y también su proyecto”. Anxo Lorenzo llegó a declarar en una entrevista que López Tarrío era “la más capacitada” de las aspirantes. Este mismo martes, Nós Diario revelaba que otra de esas candidatas había sido Susana Cendán, comisaria de amplia experiencia y trayectoria, profesora en la Universidade de Vigo y doctor en Historia da Arte Moderna. “No están siendo consecuentes con la verdad, eso es una mentira”, dijo Cendán, “eligieron a esta persona por otras razones, las que sean, pero no porque sea el mejor currículum”. La profesora también se refirió a “la interferencia de asesores que están detrás, en la sombra, que podemos rastrear en casi todos los concursos de Galicia y siempre con criterios partidistas”. Unas horas más tarde, el teórico del arte, crítico, comisario y profesor universitario Alberto Ruiz de Sanmaniego, autor de una decena de ensayos y responsable del pabellón español en la Bienal de Venecia de 2007, publicaba en su cuenta de Facebook que él también había optado a la plaza. “Que hay candidatos con más méritos y currículo en la convocatoria […] lo digo, además, desde una implicación directa en el proceso: yo mismo fui candidato. Mi currículo está disposición de quien quiera valorarlo”, escribió. La Xunta aduce que el “procedimiento a través de la libre designación ha cumplido rigurosamente con los criterios de transparencia, mérito y capacidad”.
Tres artículos y una tesis dirigida por Antón Castro
López Tarrío, licenciada y doctorada de Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, es profesora en un instituto de Vigo. El discutido crítico Antón Castro -fue comisario de la muestra de Maruja Mallo y Luís Seoane en Lalín que numerosos investigadores calificaron de fraudulenta por introducir obra no acreditada de los dos históricos pintores- dirigió su tesis doctoral y escribió alguna laudatio para sus exposiciones -en su web figuran seis individuales, cuatro de pintura y dos de pintura y escultura. También asegura haber coordinado “actividades y exposiciones” en la Fundación Laxeiro de Vigo entre 1996 y 2000. La institución dedicada al pintor lalinense se constituyó, sin embargo, en 1999. Como publicaciones, su página web consigna dos artículos dedicados al escultor Silverio Rivas en la revista Pregón de Ponteareas y en la Revista de Estudos Provinciais de Pontevedra a finales de los 90 y otro más en esta última bajo el epígrafe El movimiento y la temporalidad de la imagen. La consellería defiende que la agraciada con la dirección del CGAC propone “convertir el CGAC en el centro artístico de referencia del eje atlántico europeo, impulsar su programación internacional, ampliar las colaboraciones con otras instituciones y aumentar la presencia y proyección de las y los artistas gallegos”.
El cuestionado concurso ya ha causado un primer terremoto dentro del propio centro de arte contemporánea. Tres de los cinco vocales de su consejo asesor -Agar Ledo, Silvia García y Cecilia Pereira- han renunciado al puesto. Un cuarto, el arquitecto Celestino García Braña, ha asegurado que su decisión al respecto será colegiada, ya que representa a la -Real Academia Galega de Belas Artes. El quinto es el citado Antón Castro. Una nutrida representación de la escena artística contemporánea recibió al conselleiro López Campos con carteles de SOS CGAC en la inauguración de la última exposición en el museo, programada por el director saliente, Santiago Olmo, y dedicada al artista gallego Misha Bies Golas. “Que el Gobierno gallego no esperase esta reacción unánime, amplia y plural es el ejemplo de que no hay diálogo con el sector”, resume José Manuel Sande, historiador, exconcejal de Cultura de A Coruña por Marea Atlántica y en la actualidad asesor del ministerio del ramo.
Sande, como Miguel Anxo Rodríguez y otros expertos consultados, enmarca lo sucedido en una trama mayor. “Existe un proceso de deterioro progresivo, muy elocuente, del ámbito cultura en su vertiente institucional”, razona, “y no es algo sectorial, sino que responde a políticas autoritarias, de control y devaluación. Es, además, un ataque a la excelencia profesional”. Ruiz de Sanmaniego se expresaba en términos similares cuando definía la elección de López Tarrío como un cuestionamiento de la “independencia institucional del CGAC”. El Ejecutivo, en respuesta a este periódico, dice que el CGAC no es un centro independiente, sino adscrito a la Consellería de Cultura. La reordenación del departamento en 2024 lo rebajó a una categoría equivalente a la de dirección general.
Un centro fundado en 1993
El proyecto del CGAC nació en los estertores del Gobierno tripartito. Un decreto de 1989 fue la primera piedra de un centro inaugurado en 1993 en un emblemático edificio diseñado por el celebrado arquitecto portugués Álvaro Siza. Pensado para “promover el conocimiento y el acceso del público al arte contemporáneo”, lo han dirigido figuras como Gloria Moure, Manuel Olveira o Miguel Von Hafe.
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