Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El calor dispara las muertes en España a cifras sin precedentes
El incendio mortal de Almería sorprende a la Junta con retenes “incompletos”
Opinión - Ese tono de curita cruel, por Antonio Maestre

100 años del Céltiga, el equipo de fútbol de A Illa de Arousa que sufrió la represión franquista y atemorizó a los árbitros

El 'vapor', cargado de aficionados del Céltiga en los años 50

Alfonso Pato

11 de julio de 2026 21:52 h

0

En marzo de 1926 el maestro republicano Víctor Trabazo fue destinado a la escuela de A Illa de Arousa. Allí, en el colegio, organizó un equipo infantil para que los chavales practicasen deporte y lo bautizó como Céltiga. Era el embrión del único y singular club de fútbol insular de Galicia, y el único de España fuera de Baleares y Canarias, que este año conmemora su centenario. En ese momento comenzó una historia que va de la represión franquista a los años de fútbol heroico, alejados del capitalismo salvaje que planea sobre el fútbol actual.

El maestro Víctor Trabazo (Meaño, 1896), era miembro de las Misiones Pedagógicas y militante socialista, además de la Asociación de Trabajadores. La elección del nombre de aquel equipo de chavales estaba inspirada en la histórica revista galleguista Céltiga, referencia emblemática de la emigración, que dirigió el escritor Eduardo Blanco Amor. Tras el golpe de Estado fascista de 1936, Víctor Trabazo, cuya esposa era de la isla, fue detenido, paseado y su cuerpo nunca apareció. Sin embargo, los fascistas dejaron una prueba irrefutable de que lo habían ejecutado, al aparecer el abrigo del maestro republicano acribillado a balazos. “Aquí se vivieron casos salvajes, unos fueron fondeados en la playa atados a piedras y otros quemados en aceite hirviendo, eran sádicos”, explica el historiador Juan Luciano Otero Besada, Genito, una figura crucial de la historia de A Illa y del propio club de fútbol.

El maestro Víctor Trabazo fue asesinado en la misma tanda que los impulsores de la República Federal de A Illa de Arousa, un grupo de activistas que había firmado un documento reclamando la independencia y la soberanía propia de la isla, en octubre de 1934. La historia está recogida el libro Papel de Estraza, escrito por el propio Otero Besada y el periodista Fernando Salgado.

La osadía de los “independentistas isleños” les llevó a ser de los primeros asesinados, entre ellos el cuñado de Víctor Trabazo, el sindicalista Segundo Nine. Los falangistas reprimieron sin contemplaciones a los miembros más activos del asociacionismo y sindicalismo de la isla, un lugar en aquellos años con potencial económico y un tejido social desarrollado, que afloraba a la sombra de la industria conservera.

Marcado por las cicatrices silenciosas de la Guerra Civil, el Céltiga comenzó a aumentar su actividad, aunque a mediados de los 50 una crisis obligó a que el club recuperase temporalmente la vieja denominación de Titanic C.F. El Céltiga, con su singularidad insular, viajaba en barco a jugar a las poblaciones próximas: Ribeira, Rianxo, Cambados, O Grove o Vilanova. “Se desplazaba un barco principal para el equipo y la directiva y se reforzaba si venían aficionados a algún partido importante porque la gente se pegaba por ir”, explica el historiador del equipo, Otero Besada, continuador del legado que había comenzado Alejandro García

La 'motora', el 'vapor' y el ferry del Día-D

“En 1952 el Céltiga ganó el Campeonato de las Rías Baixas y aquello fue un fervor popular”, explica este cronista. Para la historia quedan las fotos de barcos abarrotados con aficionados saliendo de la isla para acompañar al equipo. Durante años hubo dos enlaces desde la isla, uno con Vilanova de Arousa, que llamaban “la motora”, y otro con Ribeira y Vilagarcía, el “vapor”. Incluso llegó a existir un ferry que había transportado barcos en la batalla de Normandía, que llegó a la Illa a finales de los 70, a través de un empresario que lo compró en Gibraltar.

En unas viejas imágenes de un documental rodado en la Illa en 1969 se capta la llegada del barco a puerto con un gran trasiego de pasajeros. Llevan cerdos en sus brazos, cestas cargadas de víveres y hatos en la cabeza, con personas esperando con bicicletas para ayudarles en el traslado. Era el mismo medio de transporte de los equipos de fútbol que arribaban a la isla y después debían ir andando hasta el campo de fútbol. Un camino de unos tres kilómetros, atravesando el pueblo, cargados con sus botas, equipajes y material.

No solo los equipos rivales, también los árbitros, que sabían que entraban en territorio hostil, con fama de ser poco amigables. “Bueno, esa era la fábula que circulaba. La cuestión es que los árbitros tenían mucho respeto porque tenían que recorrer la isla andando desde el muelle al estadio, ida y vuelta y algún caso hubo”, comenta Genito, discreto, sin entrar en muchos detalles.

Una historia más precisa cuenta Ventura Oubiña, marinero de 85 años curtido en el Gran Sol, que siguió al Céltiga en muchos de aquellos partidos. Sentado en el muelle de O Portiño, detrás de él tiene el cielo limpio de Arousa y la línea de arena fina del islote Areoso. Delante, el mural que los niños del colegio pintaron por el aniversario de la construcción del puente de la isla, inaugurado en 1985: “Unha chave para 6.000 presos” (Una llave para 6.000 presos), en referencia a lo que el puente suponía para la conquista de la libertad de los isleños.

Al lado de su dorna, de nombre Comboa, con la que sale a pescar a diario los cinco kilos de cuota de pescado que le tocan por su licencia de pesca deportiva, Oubiña rememora algunos de los episodios de aquel fútbol heroico y rudo, el hostigamiento hacia los árbitros y las peleas continuas con seguidores de otros equipos. “Eran otros tiempos y yo mismo estuve en varias buenas trifulcas de joven”, explica, para recordar el hábito intimidatorio de un primo suyo: “llegaba el árbitro al muelle en barco y ya estaba esperando para insultarlo, de acordarse de su madre hacia arriba”, rememora con humor años después.

Jugadores históricos del Céltiga C.F.

El desafío de cruzar la ría

“La gente estaba loca por el fútbol en aquella época. Había muchísima afición y casi siempre había lío”, rememora Belarmino Agra Dios, Belarmo, futbolista histórico de los años heroicos, que narra con una memoria prodigiosa a sus 89 años, echando de menos sus años donde existía la figura del medio volante izquierdo. “Yo era muy bueno pero tuve una lesión. Tendría que haber nacido hoy, pregunte en la isla”, se reivindica, al tiempo que defiende la pasión del público isleño.

“No se trataba de pegarle a los árbitros, sino que el público intimidaba mucho y estando en una isla imagínate, igual pensaban que no saldrían de allí”, confiesa, sobre unos tiempos en los que jugaban en sitios “en los que pasaban los carros de bueyes por el campo, lleno de baches y piedras, no había duchas y nos bañábamos en el mar o un regato al lado”. A veces, en los días de temporal, hasta había que cambiar de planes por las dificultades del rival para llegar en barco, “porque muchos equipos que venían tenían miedo a cruzar la ría y alguna vez no pudo jugarse el partido”, rememora Belarmo.

En 1953, el portero del equipo perdió el vapor que debía traerlo desde Ribeira hasta A Illa de Arousa para jugar un partido de fútbol. Entonces decidió venir desde Palmeira, su pueblo, en una dorna tradicional a remo para llegar a tiempo el partido. Vino en su dorna, jugó, se bañó en la playa y regresó remando de nuevo.

La historia del portero Núñez de Palmeira es contada en la isla como ejemplo del fútbol auténtico amateur de otros tiempos. En aquellos años de fútbol heroico, en el Campo de A Bouza, antes de que se construyese el actual estadio Salvador Otero, los partidos eran batallas con una mayoría de futbolistas rudos curtidos en las adversidades del mar. El fútbol era físico y de mucho contacto y alguna vez había lesiones más graves de la cuenta, que requerían trasladar a los futbolistas fuera de la isla. Pero todo estaba previsto y ya había una red bien organizada.

“En la isla, cuando no había puente, la gente siempre fue muy solidaria. De noche no había barcos regulares, pero siempre había gente dispuesta a poner su propio barco para llevarte a tierra, si una mujer estaba a punto de dar a luz, por ejemplo”, relata Genito Otero. Si había alguna lesión grave el sistema era similar, con la red solidaria a punto. “Alguien nos llevaba en barco a Vilanova y allí varios de nosotros teníamos nuestro coche. Yo fui de los primeros. Desde allí los llevábamos hasta los hospitales de Pontevedra”, rememora.

Antes de la construcción del puente, la gente andaba en bicicleta, no había llaves en las casas “porque si robaban, sabían ya quién lo había hecho”, y el sistema de comunicación funcionaba con los coches aparcados al otro lado de la ría, en Vilanova de Arousa.

Ni Sito Miñanco ni Marcial Dorado

El Céltiga, un club humilde, llegó como máximo la Tercera división. En una comarca de la que siempre pende la sospecha del narcotráfico, al Céltiga no se acercó ningún perfil de mecenas paternalista generoso como lo fue Sito Miñanco con el Cambados, el club de su pueblo, tal como lo narra la popular serie Fariña. “Aquí no tuvimos esa suerte”–dice riéndose Genito– no tuvimos ningún Sito Miñanco que ayudase al fútbol. Pudo ayudar algo el amigo de Feijóo, que vino para a Illa aunque era de Vilanova,“, dice en alusión el narco Marcial Dorado, famoso por las fotos en un yate con el líder del PP. ”A Dorado lo conocíamos todos porque iba de grumete en el barco de pasaje de Vilanova hasta a Illa, pero no tuvo interés en el fútbol y no tuvimos esa suerte“, comenta con sorna.

En el documental anteriormente citado, rodado por Otero Besada en 1969, aparecen unas imágenes que llaman mucho la atención: un partido de fútbol femenino, con el campo a tope de aficionados. Posiblemente sean las primeras imágenes en vídeo de un partido de fútbol femenino en Galicia, pero también representan el empoderamiento de unas mujeres que, trabajando en las factorías conserveras, habían conseguido un protagonismo en la vida social y deportiva y una independencia económica superior a muchos concellos de Galicia en esa época.

Con el tiempo, y con la construcción del puente en 1985, la épica del fútbol heroico de los desplazamientos a la isla en barco se fue diluyendo, pero todavía se celebra anualmente un acontecimiento simbólico. La peña celtista de A Illa, los Carcamäns, la más numerosa del club con 1.800 socios, hace cada año una travesía en barco desde A Illa hasta Balaídos, en un día de partido. Como si fuese un homenaje al viejo barco atiborrado de aficionados del Céltiga que hace una travesía para alentar a su equipo.

Etiquetas
stats