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La aventura agridulce del emprendedor solitario: "Prepárate para sufrir"

Convertir una idea en un negocio que dé beneficios no es una tarea sencilla, y mucho menos si estás solo. Por eso escasean, tanto en ‘startups’ como en empresas ya asentadas, los fundadores únicos, también llamados ‘solopreneurs’. Pero hay excepciones: hemos hablado con los responsables de ByHours, Softonic, Forocoches y Sherpa para conocer los retos, obstáculos y satisfacciones de arrancar (y mantener) un proyecto emprendedor en solitario.

¿Puede triunfar una 'startup' con un solo fundador?

¿Puede triunfar una 'startup' con un solo fundador?

El detonante que empuja a una persona a emprender es, por lo general, “un estado de alerta del que emerge el reconocimiento, el descubrimiento o la generación de una oportunidad de negocio”, según describe el último informe del Observatorio del Emprendimiento- GEM (‘Global Entrepreneurship Monitor’). 

El mismo documento señala que la situación está marcada por el contexto, tanto desde el punto de vista individual –habilidades, conocimientos, miedo al fracaso, etc.− como desde el social. Las condiciones que rodean a un futuro emprendedor marcan su decisión: ¿debe o no constituir una empresa? ¿Merece la pena su idea?

Cuando son varias personas las responsables del proyecto, las respuestas surgen de un consenso, pero si solo es uno quien se plantea dar el paso, los quebraderos de cabeza no pueden compartirse. Es un riesgo al que se enfrentan los ‘solopreneurs’: aquellos valientes que se tiran a la piscina del emprendimiento en solitario.

Encontrar alguno de estos aventureros al frente de una 'startup' de éxito o una compañía ya madura no es fácil, pero hay algunos ejemplos destacados en nuestro país. Les hemos preguntado por los secretos para fundar una empresa en solitario y no morir en el intento.

Compañeros de viaje

Ser el único impulsor de una empresa “te deja solo ante las decisiones importantes”, admite Christian Rodríguez, fundador único de ByHours, una web y aplicación para alquilar habitaciones de hotel por horas. Sin embargo, cuando un proyecto avanza dirigido por una sola persona “solo hay que rascar un poco” para ver que existe un equipo detrás que ayuda a tirar del carro. “Hacerlo de manera totalmente individual es casi imposible”, afirma.

Por eso él buscó apoyo desde el principio, pero con ciertas condiciones. “Cuento con una serie de personas que pasaron a ser parte del accionariado y se implicaron en la iniciativa; podrían considerarse socios aunque no tengan peso ejecutivo”, cuenta Rodríguez. Estos “satélites”, como les denomina el CEO de ByHours, le aportan además experiencia y conocimiento de mercado. “Constituyen un valor que marca la diferencia entre avanzar a duras penas o hacerlo con seguridad”, indica.

Christian Rodríguez, fundador de ByHours

Christian Rodríguez, fundador de ByHours

Tomás Diago fundó Softonic en 1997, en Barcelona, pero tampoco empezó completamente solo. “La empresa era en realidad mi proyecto final de carrera. Lo inicié dentro de otra compañía, Intercom”. Así que recibió apoyo de los distintos departamentos de la entidad.

Al comienzo hace falta una segunda opinión para validar la idea inicial. “Necesitas puntos de vista distintos y puedes encontrarlos fuera, pero nunca van a ser tan consecuentes como cuando provienen de alguien que está realmente implicado”, dice Rodríguez. Él buscó a expertos en las áreas que le interesaban para su negocio: por una parte, necesitaba a alguien especializado en el sector hotelero.

Guillermo [Gaspart] trabajaba en otro sitio, que era su prioridad, pero se involucró en el accionariado del proyecto”, nos cuenta el CEO de ByHours. Con Gaspart cerca, “sabía a quién podía consultar si tenía dudas o si necesitaba algún contacto”. Después de tres años y medio, “Guillermo entró a tiempo completo en ByHours como responsable del área de hoteles de la compañía".

Para la parte tecnológica, eligió una empresa que ofrecía servicios informáticos y de desarrollo y de nuevo involucró a sus miembros en la iniciativa. “No quería a alguien que simplemente me entregara una factura, sino a un equipo que pensara también a largo plazo”, indica. Asegura que este es uno de los aspectos básicos: escoger a personas tan interesadas en la idea que un día sean capaces de “dejar todo lo que han hecho antes para caminar contigo”.

Sin embargo, en el caso de Alejandro Marín, fundador de Forocoches, no hubo apenas premeditación. “Nunca imaginé que iba a traspasar la frontera de la Red, que iban a hacer referencia a la web en otros medios, que se iba a convertir casi en un ‘lobby’ conocido por gente que no la ha visitado nunca”, reconoce. Por eso no buscó un equipo: porque nunca pensó en el foro como un negocio y, pese a su éxito, tampoco ahora lo entiende como tal. “Me gusta dedicarle tiempo por diversión, la parte económica es muy importante, pero en mi caso no es el objetivo principal ni la motivación”.

Alejandro Marín, único fundador de Forocoches

Alejandro Marín, único fundador de Forocoches

Marín es propietario único de la empresa que gestiona en soledad desde 2003 y en la que siempre se ha encargado de casi todo, desde la programación de la página hasta conseguir que sobreviviera a las enormes fluctuaciones de tráfico. “Los problemas técnicos al inicio fueron muy estresantes, pensaba día y noche en cómo solucionarlos", asegura. "Nunca puedes desconectar al 100 %”.

El CEO de Forocoches forma parte de otros proyectos con socios donde hay una organización más compleja. La diferencia principal, dice, es que “trabajando individualmente solo te dedicas a pensar y actuar. Cuando lo haces conjuntamente, tienes que controlar lo que otros van a hacer y buscar quién será capaz de hacerlo”.

La procesión va por dentro

Por mucho que Rodríguez se haya rodeado de hombros sobre los que sostenerse, el responsable de ByHours admite que se necesita fortaleza. “La soledad con la que lidias en el día a día es dura, sobre todo al principio cuando no tienes dinero, eres pequeño y a la gente no le interesas demasiado”, afirma Rodríguez. “Hay que tener gran capacidad para controlar el estado anímico y las emociones. A veces tienes que tomar decisiones sin tiempo de pararte a pensar si están bien o mal”.

“Los malos momentos los pasas solo, las crisis, la dificultades económicas”, indica Xabier Uribe-Etxebarria, fundador de la ‘startup’ Sherpa, un asistente virtual en español, al estilo de Siri o Cortana, que Samsung incluirá en sus próximos móviles. La versión definitiva está disponible desde el verano pasado y, según han anunciado recientemente, han cerrado una ronda de financiación de 6,5 millones para impulsar el proyecto y atraer usuarios. “Psicológicamente es duro, no puedes compartir los problemas con nadie”, asegura.

“Es difícil cuando negocias una ronda de financiación y sabes que en un mes te vas a quedar sin dinero, que hay muchas personas trabajando contigo que confían en ti y que tienen que pagar el alquiler”, cuenta Rodríguez. Si algo sale mal, “lo vas a entender como un fracaso propio”. Al fin y al cabo, “los socios son socios y miran por los intereses de su dinero y sus participaciones”, añade.

El CEO de ByHours admite que le habría gustado tener a alguien cercano, aunque la experiencia –ya había fundado otras empresas− le permitió superar muchos obstáculos. “Los fracasos se llevan mejor en grupo y también facilita la pivotación, variar el proyecto cuando las cosas no van bien”, opina. “La creatividad, el ingenio se multiplica cuando hay varias personas: lo que no se le ocurre a uno puede ocurrírsele a otro”.

“Tener un cofundador o varios cofundadores aumenta las probabilidades de éxito de cualquier ‘startup’”, señala Diago. Aunque Uribe-Etxebarria no cree que los inversores eviten a los ‘solopreneurs’, Rodríguez ve difícil que se arriesguen a invertir en un proyecto de un solo fundador. “Es un tema de diversificación de riesgo”, aclara. “El riesgo de que una persona se canse porque no aguanta más es más alto que si hay varias y una se agota o baja la guardia”.

Valorar la idea inicial y encontrar soluciones es más fácil cuando hay varios cofundadores

Valorar la idea inicial y encontrar soluciones es más fácil cuando hay varios cofundadores

El lado bueno

Se enfrentan solos a los problemas, pero “la satisfacción de superarlos, compensa”, afirma Marín. La individualidad también tiene sus ventajas: “Todo está concentrado y las acciones no se atascan en una cola de tareas interminables, no hay reuniones, ni las responsabilidades pasan de un departamento otro”. Puede invertir ese tiempo ahorrado en aumentar la eficiencia, “automatizar procesos o externalizar tareas”, indica. Así, todo avanza más rápido.

Otra ventaja es que el fundador puede elegir al equipo que más le conviene desde el primer momento. “Puedes escoger a los mejores y no unirte solo a vecinos o amigos”, señala Rodríguez. A veces los intereses de quienes lanzan un proyecto no coinciden del todo, lo que genera discrepancias y las diferencias se acentúan con el tiempo.

“Si hay varios fundadores, tienen que estar muy alineados”, indica Uribe-Etxebarria. Si no concuerdan o persiguen objetivos distintos, “todo puede acabar con una discusión y la salida de alguno de ellos”.

“Las empresas evolucionan. Cambia el tamaño, la metodología de trabajo, el mercado, la intensidad”, explica por su parte el CEO de ByHours. Las personas que empiezan en una compañía puede que no cubran las necesidades del proyecto más tarde. “Nos cuesta aceptar que tenemos que evolucionar, y muchas iniciativas se bloquean porque los propios fundadores no son capaces de echarse a un lado”, prosigue Rodríguez.

A Marín no le parece que contar con un cofundador le hubiera ayudado. “La idea no habría avanzado lo suficientemente rápido y la oportunidad habría pasado”, afirma.

A la hora de dar consejos a un hipotético ‘solopreneur’ en ciernes, todos se basan en su experiencia. “Una de las claves es que hagan algo que les guste más allá del dinero y que busquen las oportunidades”, dice Marín. Uribe-Etxebarria se muestra menos conciliador: “Que se lo piensen dos veces y que se prepare psicológicamente”. Y termina con una advertencia: “Prepárate para sufrir”.

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Las imágenes de este reportaje son propiedad de Mish Sukharev y cortesía de Christian Rodríguez y Alejandro Marín

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