Los derechos pueden desaparecer “de un plumazo”: el aviso ante la normalización de los discursos de odio
“Los derechos que tanto nos ha costado conseguir pueden desaparecer de un plumazo”. Es la advertencia que ha lanzado la presidenta de la organización LGTBI+ Ben Amics, Tatiana Casado, durante la segunda mesa redonda del encuentro 'Democracia: derechos y libertades en peligro', organizado por elDiario.es en Palma. Junto a Casado han intervenido la creadora de contenido y graduada en Economía y Relaciones Internacionales Constança Ramis, el director general de MarSenses Hotels & Homes, Rodrigo Fitaroni, y el profesor de Ciencia Política Pau Torres. Durante la conversación, moderada por el periodista Pablo Sierra del Sol, los tres han alertado del avance de la extrema derecha y de la posibilidad de que derechos que hoy parecen consolidados sufran retrocesos y han reivindicado la educación y el pensamiento crítico como herramientas esenciales para defenderlos.
Durante el encuentro, llevado a cabo en el café A Tres Bandas de Palma, Casado ha puesto el foco en los derechos del colectivo LGTBI+ al recordar que avances como el matrimonio igualitario y el reconocimiento de las familias diversas no son irreversibles, una posibilidad que, señala, le preocupa especialmente al comprobar cómo algunas personas de su entorno restan importancia a las consecuencias que podrían tener determinadas opciones políticas sobre su propia familia.
La interviniente ha recordado que las personas LGTBI+ pasaron de sufrir la persecución de normas como la Ley de Vagos y Maleantes a poder casarse y formar una familia con reconocimiento legal. También ha aludido a los avances relacionados con la atención sanitaria y la autonomía sobre el propio cuerpo. Sin embargo, ha lamentado que las nuevas generaciones pudieran percibir esos derechos como conquistas definitivas y no como resultado de décadas de movilización. Su principal temor, ha expresado, es que la falta de conciencia sobre la fragilidad de esas libertades facilite su retroceso.
La responsabilidad de las empresas
Fitaroni ha trasladado el debate al ámbito laboral y ha advertido de que cada vez más personas LGTBI+ vuelven a ocultar su orientación sexual o identidad de género. “El número de personas que han vuelto al armario ha subido en los últimos años y el último informe de la Federación Estatal LGTBI [que constata un retroceso de la visibilidad del colectivo en el entorno laboral] revela una situación preocupante”, ha señalado. “Nosotros, que somos casi 500 trabajadores, no dejamos de ser un espejo de la sociedad y dentro de la empresa nos encontramos con discursos y sensibilidades políticas muy distintas. Es un microcosmos”, ha abundado sobre MarSenses.
En su intervención, el directivo ha valorado la existencia de protocolos y la organización de cursos de formación en las empresas, pero ha puesto en duda que éstos sean suficientes para garantizar la igualdad si no existe una voluntad real de aplicarlos. “Un curso de una hora no cambia la mentalidad de nadie”, advierte, aseverando que las medidas contra la discriminación deben traducirse en actuaciones concretas en el día a día de las empresas. La existencia de normas y mecanismos de seguimiento, sostiene, pierden eficacia cuando no va acompañada de un compromiso efectivo para hacerlos cumplir.
Fitaroni ha explicado que MarSenses trabaja con Ben Amics en iniciativas de sensibilización y en la incorporación de personas trans a través de su bolsa de empleo. También subrayó que la discriminación puede agravarse cuando concurren otros factores de vulnerabilidad, como el origen o la condición de persona migrante. Como parte de ese esfuerzo, la compañía ha incorporado educadores sociales a su plantilla. En esta línea, ha defendido la necesidad de recurrir a profesionales especializados para avanzar hacia entornos laborales más inclusivos.
La educación y el pensamiento crítico frente a la polarización
Por su parte, Pau Torres ha relacionado la erosión de los derechos con la falta de formación crítica y con la responsabilidad de quienes ocupan cargos públicos. El profesor ha defendido la necesidad de transmitir los valores democráticos mediante la educación y recordó la experiencia de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, implantada durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. A su juicio, no basta con que los derechos estén recogidos por escrito en la Constitución: también hay que explicarlos, reivindicarlos y transmitirlos a las nuevas generaciones.
Por otro lado, el docente ha defendido el diálogo como una condición indispensable para la convivencia democrática, apelando, eso sí, a establecer límites frente a los discursos de odio y a cualquier intento de vulnerar los derechos fundamentales. “Tenemos que aprender a soportar a quien no nos cae bien, a escucharlo y a debatir”, sostiene. También advierte de que la confrontación política puede alimentar la sensación de amenaza entre ciudadanos con ideas distintas. Cuando los dirigentes presentan al adversario como alguien dispuesto a destruir su modo de vida, alerta, contribuyen a debilitar los vínculos que permiten sostener una sociedad plural.
De igual modo, Ramis ha reivindicado la necesidad de recuperar la capacidad de dialogar con quienes piensan de forma diferente, aseverando que ese diálogo debe tener siempre límites claros y respetar siempre los derechos humanos. La creadora de contenido considera que la polarización dificulta escuchar opiniones distintas y que la sociedad ha perdido parte de su disposición a debatir sin convertir cualquier discrepancia en un enfrentamiento personal.
En este contexto, ha reivindicado la importancia de escuchar al otro y debatir desde el respeto. La convivencia democrática, sostiene, exige aprender a gestionar las diferencias sin deshumanizar a quienes mantienen posiciones distintas.
Brasil como advertencia ante el avance de la extrema derecha
Por su parte, Fitaroni ha recurrido al ejemplo de Brasil para ilustrar los riesgos de la expansión de la extrema derecha. En este sentido, ha apelado a la necesidad de prestar atención a los discursos dirigidos contra las minorías, advirtiendo de que la sociedad puede llegar a acostumbrarse a mensajes que antes habrían provocado rechazo y cómo estos se integran en la conversación pública hasta que dejan de percibirse como una amenaza.
“Son discursos que parecen inofensivos, que parecen bromas”, advierte el directivo, quien compara esta dinámica con la del “abusón del patio” que acaba siendo tolerado por el resto. “No hablamos de bullying, pero la política se ha convertido en una normalización de determinados discursos”, ha ahondado, criticando cómo las declaraciones de Vox se normalicen “con una frivolidad brutal” en un contexto en el que la reiteración de mensajes reaccionarios puede contribuir a desplazar los límites de lo socialmente aceptable. El debate ha coincidido en la importancia de no banalizar los mensajes de odio y de actuar antes de que su normalización haga más difícil combatirlos.
La conversación también ha cuestionado la idea de que la juventud esté inevitablemente escorada hacia la derecha. Casado ha recordado el crecimiento de las manifestaciones del Orgullo en Palma y ha explicado que, cuando acudió por primera vez, la convocatoria reunió a un grupo muy reducido, mientras que años después la participación ha aumentado de forma notable. También ha destacado el potencial de la universidad para formar a personas con espíritu crítico. La existencia de jóvenes comprometidos, defiende, contradice la idea de que toda una generación haya renunciado a la participación política.
Los bulos, combustible de los discursos de odio
Ramis ha apuntado que el problema no se limita a los jóvenes, sino que también afecta a personas de más edad, y ha alertado del papel de las redes sociales en la difusión de bulos y mensajes extremistas. La desinformación, explica, cuenta con una ventaja: resulta mucho más sencillo y rápido propagar una falsedad que desmontarla con información contrastada. Se trata de una dinámica que, incide, favorece que los mensajes engañosos alcancen una visibilidad desproporcionada y contribuyan a alimentar la polarización, mientras que las rectificaciones y las explicaciones rigurosas tienen más dificultades para abrirse paso. La discusión ha puesto así el foco en la responsabilidad de las redes sociales y en la necesidad de ofrecer referentes capaces de conectar con las nuevas generaciones sin recurrir al insulto o al discurso de odio.
La mesa también ha abordado el papel de las lenguas y las desigualdades históricas. Torres ha criticado que la Constitución estableciera la obligación de conocer el castellano sin fijar una obligación equivalente respecto a las otras lenguas oficiales en sus territorios. A su entender, esa diferencia ha contribuido a perpetuar una situación de diglosia en la que, durante mucho tiempo, el castellano se ha asociado a los contextos formales y de mayor prestigio social, mientras que el catalán quedaba relegado a los ámbitos más cotidianos. “En los momentos serios, en los que se supone que solo participa gente de alto estatus, hablamos castellano, y el catalán es para hablarle al a la vaca, como decía Unamuno con el euskera”, ha ilustrado al respecto.
El docente recrimina que esta jerarquización lingüística responde a una injusticia histórica y plantea que, aunque la construcción de la identidad colectiva también tiene aspectos positivos, conviene reconocer sus contradicciones. Asimismo, defiende que, al igual que el castellano, el conocimiento del catalán también debería ser obligatorio en territorios como Balears al considerar que esta medida podría facilitar la integración lingüística de los hablantes. La conversación ha concluido con una reivindicación de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace y que los discursos más agresivos pueden resultar atractivos cuando se presentan como una forma de rebeldía. Frente a esa dinámica, los participantes han defendido la educación, la memoria de las conquistas sociales y el debate público como vías para evitar que las libertades se erosionen sin que la sociedad sea consciente de ello.
La jornada, organizada con el apoyo de MarSenses, ha combinado la reflexión sobre los desafíos que afrontan la democracia y los derechos sociales con un ambiente distendido y participativo. El encuentro ha concluido con un picoteo mallorquín acompañado de música en directo de la mano del café A Tres Bandas en un espacio para prolongar las conversaciones e intercambiar impresiones más allá del escenario.
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