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El Monopoly del arte amenaza al barrio más humilde de Palma: “Los precios son tentadores para vender”

Foco
En el número 31 del Carrer Siquier se encuentra la más grande de las propiedades gestionadas por Johann Nowak: aunque no haya cambiado el letrero, el taller ahora es una galería.

Pablo Sierra del Sol / Nicolás Ribas / Jaime Reina

Mallorca —
24 de octubre de 2026 22:25 h

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Carles Gispert y Jaume Barceló se toman una cerveza en la terraza del Chaparro. Este bar es un pedazo de Andalucía en la periferia de Palma: por las tapas, por los precios (el quinto cuesta un euro y poco) y por el escudo del Betis que adorna una pared. Frente a las barras verdiblancas se entremezclan las tertulias. Un taxista habla por los EarPods sobre los perros que cría. Unos hombres maduros se lanzan órdagos durante la partida que se juega en la mesa más discreta del local. Unas jubiladas vacían tazas de café recién hecho mientras llenan el cenicero de la mesa que comparten. Y, mientras tanto, los dos colegas de apellidos mallorquines analizan cuánto está cambiando el barrio en el que viven.

La Soledat es una joya en bruto. Las construcciones son humildes pero, si están bien conservadas, tienen mucho encanto. Además, como eran casas bajas con huerta, muchas tienen un patio. Luego está su patrimonio industrial, las fábricas y talleres, edificios que llevan muchísimo tiempo cerrados. Son espacios grandes, con muchas posibilidades. Creo que aquí va a pasar lo mismo que en Santa Catalina o en Pere Garau. Ya nos estamos poniendo de moda.

Dice Gispert. El comentario suena más crudo que lastimoso. Este activista y promotor cultural lleva cinco años viviendo en la barriada y alguno más visitándola por trabajo. Suficiente tiempo para ver la evolución de los precios. Del alquiler y la compra, “que suben como la espuma”: “Eso ya lo he vivido porque he pasado por muchos barrios de Palma. Antes de venir aquí estuve en la Plaça des Pes de sa Palla. Ahora suena a ciencia ficción que se pudiera alquilar allí, en pleno casco histórico. Pero era así. Igual que cuando empecé a venir por La Soledat, para organizar talleres y actividades con Aatomic Lab, mi proyecto cultural. Sería hacia 2019 y, entonces, nadie se imaginaba que esta zona pudiera gentrificarse. Y lo está haciendo. Si la cultura no es crítica y lo denuncia… mal vamos”.

Carles Gispert se asoma por una ventana de su casa.

Lo que afirma Gispert lo corroboran los expertos del mercado inmobiliario que analizan la realidad de Palma. Algunas de las calles más pobres de una de las ciudades españolas más caras son un caramelo para los inversores. Sobre todo, para los extranjeros. Barceló asiente, como si le pusiera un doble check azul a la idea que acaba de exponer su compañero de tertulia. Este técnico de sonido se crio en La Soledat. Vive en la misma casa donde creció su madre, una planta baja construida en 1903 a la que sus abuelos añadieron un primer piso al poco de entrar a vivir.

–Nunca había visto guiris en la barriada… a no ser que se hubiera perdido –dice Barceló–, pero en los últimos años, después de la pandemia, cada vez es más fácil encontrárselos. Ya no les da respeto entrar en unas calles que siempre habían tenido muy mala fama por la delincuencia y el tráfico de drogas, aunque fuera una de las zonas de Palma donde más vida de pueblo podía hacerse.

Nunca había visto guiris en la barriada… a no ser que se hubiera perdido, pero en los últimos años, después de la pandemia, cada vez es más fácil encontrárselos.. cuando te encuentras a un extranjero paseando por mi calle, si ve a un vecino sentado delante de su casa no es extraño que se pare a preguntar si la tiene en venta

Jaume Barceló — Vecino de La Soledat

–¿Y ya están viviendo allí? ¿O alquilando pisos para pasar sus vacaciones?

–Yo creo que todavía son pocos… porque los turistas se quedan en los edificios del polígono de Nou Llevant… y allí no verás una persiana mallorquina [ríe]. Por aquí, cuando te encuentras a un extranjero paseando por mi calle, si ve a un vecino sentado delante de su casa no es extraño que se pare a preguntar si la tiene en venta.

Carles Gispert editó a través de Aatomic Lab, su proyecto cultural, un diario que trataba de plasmar la realidad de una barriada tan multiétnica como La Soledat.

El comprador más conocido de La Soledat

Es probable que el comprador más conocido de La Soledat sea Johann Nowak. Este empresario alemán adquirió hace dos años cinco propiedades situadas en un radio de cien metros. El eje de sus inversiones es el Carrer Siquier, una de las vías que atraviesan de sur a norte la barriada. Las operaciones inmobiliarias que realizó Nowak ocurrieron entre principios de junio y finales de septiembre de 2024, según la documentación consultada por elDiario.es.

En menos de un trimestre, una sociedad limitada en la que figura como socio y administrador único amasó un patrimonio nada despreciable. Una casona con corral de 272 metros cuadrados –dividida en un taller mecánico de 138 metros cuadrados; una primera planta de 69 y otra segunda de 70–; una panadería de 72; una segunda planta de 95; y otra vivienda de 59 metros cuadrados situada en un primer piso. Las motivaciones de Nowak para embarcarse en este Monopoly son fáciles de rastrear. Basta con leer el nombre de su empresa: ArtDistrict Soledad.

Al terminar 2024, la sociedad tenía casi 1,2 millones de euros en activos y más de 1,1 millones de patrimonio neto, después de haber destinado más de 600.000 euros a adquisiciones de inmovilizado. Pero también acumulaba pérdidas cercanas a 180.000 euros, tenía casi 96.000 euros de deudas a corto plazo y disponía de poco más de 7.400 euros en efectivo y bancos. Dos años después, tres de sus inmuebles quedaron afectados por un embargo de la Seguridad Social por una deuda de 8.451 euros.

Al terminar 2024, la sociedad de Johann Nowak, el comprador más conocido del barrio, tenía casi 1,2 millones de euros en activos y más de 1,1 millones de patrimonio neto, así como unas pérdidas de 180.000 euros

Las compras dispararon el balance de la empresa. En 2024, el valor de sus activos materiales pasó de 515.060 a 1.124.253 euros. La sociedad declaró 609.193 euros en adquisiciones durante ese ejercicio, una cifra que coincide en el tiempo con las cinco operaciones inmobiliarias registradas entre junio y septiembre. Al cierre del año, el conjunto de sus activos ascendía a casi 1,2 millones de euros, más del doble que en 2023.

En casa de Jaume Barceló se guardan libros que muestran cómo era la vida en el barrio hace cincuenta años.

Pero el tamaño del patrimonio contrastaba con la escasa actividad de la compañía. ArtDistrict Soledad facturó apenas 8.150 euros en 2024, frente a los cero euros del año anterior. Sumó otros 15.410 euros de ingresos, pero sus gastos de personal y funcionamiento superaron los 200.000 euros. El resultado de explotación fue negativo en 185.132 euros y el ejercicio terminó con unas pérdidas de 142.804 euros. Si se suman las de 2023, la empresa acumulaba casi 180.000 euros en números rojos en sus dos primeros años. La estructura laboral también era reducida: la plantilla media fue de 1,12 trabajadores en 2024, frente a uno el año anterior. Según las cuentas, durante el ejercicio trabajaron en la empresa dos mujeres con contrato fijo.

Un hub artístico en La Soledat

Nowak está convencido de que La Soledat puede convertirse en el hub artístico de Palma. Su epicentro. El alemán sueña con desplazar a los suburbios un foco que lleva más de una década alumbrando unos barrios históricos –Ca n’Amunt i Ca n’Avall– donde es más fácil tropezar con una galería que con los comercios que existieron durante siglos hasta que el turismo invirtió la proporción de residentes y visitantes. Cuando desembarcó en la barriada, el galerista concedió varias entrevistas en medios locales como Última Hora.

Nowak está convencido de que La Soledat, uno de los barrios más humildes y asociados a la droga de Palma, puede convertirse en el hub artístico de la capital balear

Se mostró confiado en atraer talento de ciudades –como Nueva York– donde un artista independiente lo tiene difícil para pagar con su obra vivienda y estudio debido a los altos precios del alquiler. En esos encuentros con la prensa, Nowak solía recibir en el mismo lugar. Un antiguo taller mecánico reconvertido en un espacio diáfano. Ideal para organizar exposiciones, proyecciones, desfiles de moda o conciertos, alguno de los eventos documentados en las redes sociales de Art District Palma; la marca comercial del proyecto usa el topónimo de la ciudad, no el del barrio. Curiosamente, aquella nave de 350 metros cuadrados es la única de las propiedades vinculadas a Nowak que no aparece a nombre de su sociedad limitada. La persona que lo explotaba anteriormente figura aún como el titular de unos garajes rebautizados como Studio 31 pese a que en la fachada se mantiene un rótulo donde se lee Talleres Soledad. Mecánica, chapa y pintura.

Un antiguo taller mecánico reconvertido en un espacio diáfano es el lugar escogido para organizar exposiciones, proyecciones, desfiles de moda o conciertos

“El arte vive en estas habitaciones y no necesita un cubo blanco. Por el momento, una arquitectura exagerada no sería propicia para la integración del proyecto en el vecindario. A largo plazo, hay varios planes de reconocidos arquitectos mallorquines”, explica Nowak. Por escrito, elDiario.es intentó entrevistarlo varias veces durante el último mes y medio. Al encontrarse en Alemania y alegar que debía atender problemas graves de índole personal, el galerista respondió –parcialmente– las preguntas planteadas durante la elaboración de este reportaje. “Me hubiera gustado enseñaros el espacio en persona. Quizás podamos hacerlo en otra ocasión”, escribió Nowak.

El Instagram de ArtDistrict Palma publicó por última vez el pasado 28 de abril pero, según los mensajes que envió el empresario por WhatsApp, la iniciativa está más fuerte y más vinculada a La Soledat que nunca. El alemán anuncia una muestra “de artistas coreanos” que ha recibido financiación pública del país asiático para mediados de noviembre y otra expo colectiva coordinada “por la curadora mallorquina María Muñoz”. Confía “a largo plazo” en “alquilar” Studio 31 a “eventos subvencionados”. Afirma que su proyecto se sostiene económicamente gracias a un préstamo a largo plazo concedido por un holding que posee en Alemania. Defiende que organizar fiestas como el Paella Fest ayudan al barrio a encontrarse con “su antigua tradición” de sopars a la fresca.

Promociones de obra nueva en el polígono de Nou Llevant, el barrio con el que hace frontera La Soledat.

Así en Berlín como en Mallorca

La historia es vieja porque no deja de repetirse. Puede leerse en las fachadas de chapa de La Boca bonaerense y en los muros pintados de Wynwood, Miami. Un barrio deprimido –y conflictivo– resucita –y se encarece– gracias al impulso que le dan los artistas –casi siempre, jóvenes, modernos y alternativos– que se mudan allí. A veces, todo se acelera porque la ciudad organiza unos Juegos Olímpicos. Así ocurrió en las naves del Poblenou barcelonés o –veinte años más tarde– en los canales del Hackney Wick londinense.

Uno de los moldes originales de este proceso –al menos en Europa– es Berlín. El final de la Guerra Fría cambió de arriba a abajo barrios enteros. La capital alemana se convertía en la meca del turismo underground mientras Nowak daba sus primeros pasos en el negocio del arte. Así lo explicó el empresario en la entrevista que le hicieron en Mallorca Majorca, un podcast en inglés que conducen Vicki McLeod y Oliver Neilson, dos periodistas de acento británico que viven en la isla.

La estampa es la siguiente: un barrio deprimido –y conflictivo– resucita –y se encarece– gracias al impulso que le dan los artistas –casi siempre, jóvenes, modernos, alternativos– que se mudan allí

En aquella época –los noventa y los primeros años del siglo XXI–, Kreuzberg –el caso más conocido– pasó de ser la frontera entre socialismo y capitalismo –quedaba justo al oeste del Muro– a crisol étnico –refugiados de las guerras yugoslavas se unieron a turcos (y kurdos), libaneses, palestinos y sirios– y, por último, emblema de la gentrificación, un término que comenzó a aparecer en las páginas de los periódicos. Actualmente, algunos portales inmobiliarios sitúan el precio medio del metro cuadrado de Kreuzberg en casi 6.000 euros. Números que todavía quedan lejos de los que se piden en La Soledat. Aunque ya no tanto.

“Si en Balears ha subido la vivienda un 80% en los últimos diez años, en el distrito de Llevant hay que multiplicar ese aumento por dos. Era una zona deteriorada, especialmente La Soledat, el barrio donde los precios eran más bajos porque no tenía atractivo. Ahora, se asemejan a los que se piden en Palma Nord: 4.200 euros el metro cuadrado”, explica por teléfono José Miguel Artieda Ferragut. El presidente autonómico del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria considera que La Soledat no dejará a corto plazo de ser un lugar interesante para invertir. Todavía está por debajo del precio medio de mercado que se paga en Palma por una vivienda o un local de segunda mano, alrededor de 5.500 euros el metro cuadrado. Hay, además, proyectos públicos que están impulsando la revalorización del suelo. Los 100 millones de euros que el Ajuntament de Palma está invirtiendo para transformar al edificio de Gesa en una gran infraestructura cultural –instituto de artes plásticas, biblioteca, centro de innovación, macroaparcamiento subterráneo– es un “atractivo innegable” para Artieda.

Era una zona deteriorada, especialmente La Soledat, el barrio donde los precios eran más bajos porque no tenía atractivo. Ahora, se asemejan a los que se piden en Palma Nord: 4.200 euros el metro cuadrado

José Miguel Artieda Ferragut — Presidente autonómico del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria
El paisaje de esta barriada que nació como pedanía agrícola está llena de chimeneas que delatan su reconversión industrial a principios del siglo XX.

–El este de Palma se está convirtiendo en el gran bulevar de entrada a la ciudad. Lo que hace cinco años te costaba vender por 120.000 euros, ahora se vende por más de 250.000… y las operaciones se cierran –analiza el agente de la propiedad inmobiliaria–. La raíz de este diferencial es que el desarrollo de las promociones del Nou Llevant ha irradiado a los barrios que quedan más cerca. La Soledat está justo al lado y, si pintas el barrio encima del mapa, también ves que está cerca del mar.

–¿Se puede dibujar un retrato robot del comprador más habitual en el distrito de Llevant?

–Cada vez más, son extranjeros, no de un nivel adquisitivo muy alto, pero sí de clase media, podríamos decir.

–¿No les preocupa la conflictividad de esos barrios? En La Soledat, sin ir más lejos, volvieron a desmantelar al Clan del Pablo, un conocido traficante.

–Esa percepción la tenemos más los mallorquines que los extranjeros. Quien compra, ve que hay oportunidad de cambio, que abren franquicias de supermercados y nuevos negocios. Eso se nota en la carretera de Manacor o en Son Gotleu, otra muestra clara: allí se ha agotado prácticamente la oferta de inmuebles okupados o por reformar que se vendían hace unos años por 30 ó 40.000 euros. Ahora te los puedes encontrar, vacíos, por 130, 140, 150.000 euros. O se están alquilando por habitaciones. Quien compra allí suele ser un perfil inversor.

–¿Cómo definiríamos a ese “perfil inversor”?

–Alguien que no compra para vivir.

Jaume Barceló, retratado junto a su domicilio, en La Soledat.

Un pueblo dentro de la ciudad

Birra nunca se ha sentido extraña cuando su dueño la saca a pasear. Sabe que no tardarán en encontrar el descampado donde sentirse libre. La mascota de Jaume Barceló es un ca de bestiar, el perro favorito de los pastores mallorquines. Una pequeña bestia de casi cuarenta kilos que no desentona en un paisaje de calles estrechas y persianas pintadas de verde. La Soledat pudo quedarse atrapada en el casco urbano de Palma, pero nunca dejó de parecer un pueblo. Con su parroquia, su casino, sus fiestas populares, su club de fútbol, sus pequeños comercios, su movimiento obrero: tejido social. Un pueblo que primero fue agrícola, hasta que llegaron las fábricas, y, desde hace décadas, es un dormitorio para muchos trabajadores de zonas turísticas como s’Arenal, a tiro de piedra en autobús. Y, sin embargo, La Soledat ahora es un pueblo que se despuebla. Al menos, de los vecinos con los que Barceló recuerda haberse criado:

–Soy el raro porque he decidido (y he podido) quedarme, pero lo normal durante los últimos años es hacer lo de mis padres. Estoy en su casa porque ellos se han ido a Vilafranca de Bonany, de donde es mi padre; están más a gusto fuera de la ciudad. Esta barriada ha acogido a todos los migrantes que llegaban a Palma: mallorquines de ocho apellidos, peninsulares (payos y gitanos), ahora latinoamericanos o asiáticos… Esa mezcla es nuestra identidad, pero creo que será muy difícil mantenerla. En su generación era muy común que se crearan familias donde uno de los dos era de La Soledat y el otro, de la Part Forana. En los últimos años, muchas de esas parejas se han jubilado y, si no tienen familiares interesados en venir aquí, venden. Los precios son tentadores. He preferido alquilar la planta alta de mi casa a unos amigos que acababan de ser padres –y no encontraban vivienda– a un precio razonable. Me interesa estar rodeado de gente que haga barrio.

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