Fillas de Cassandra: “Elegir una u otra palabra en una canción de amor implica una posición política”
La conversación entre iguales como forma de resistencia. Sacar las sillas a la calle. Romper el aislamiento. Reconstruir el lazo. Algo así propone el segundo disco de Fillas de Cassandra, Tertúlia (Altafonte, 2026), doce canciones de electrónica a la vez pop y de raíces, con ángulos avanzados y zona de baile. “Nos dimos la libertad de explorar sin límite nuevas oportunidades sonoras”, explica Sara Faro (Vigo, 2001), una de las Fillas. La otra, María Soa (Vigo, 1996), lo confirma, mientras señala la doble columna vertebral del proyecto: los sonidos sintetizados y los tradicionales. Feministas orgullosas desde su primer hit —Lisístrata (varre vasoira)—, la política está en todo lo que hacen. “A veces es sobre una lucha activa”, argumentan, “pero otras veces, hablando de amor en una canción, el hecho de elegir una u otra palabra implica una posición política”. Les preocupa el avance ultra y sus repercusiones en la cultura, pero se conjuran para hacer lo posible para que no suceda.
Fillas de Cassandra, uno de los fenómenos más celebrados del nuevo pop gallego, y en gallego, actúan este sábado en el Womex de Gran Canaria, el 31 de octubre en el Pazo da Cultura de Narón y el 6 de noviembre en La Riviera, en Madrid. Más adelante estarán el Aitzina Folk de Vitoria-Gasteiz, en el Monkey Week del Puerto de Santa María y ya en enero de 2027 en la Sala Apolo de Barcelona.
Cuando salió Tertúlia, lo definieron como “un gesto político de escucha en un contexto de fragmentación social”. Medio año y tantos conciertos después, ¿ha funcionado así?
María SOA: En la situación que vivimos actualmente, hablar por hablar no es la motivación principal, pero con problemas como el de la vivienda, la gente sale, saca las sillas y una parte importante consiste en hablar, estar juntas haciendo comunidad. Es precioso ver cómo se está dando. El motor del disco era hablar por hablar, sacar las sillas y sentarse como reivindicación en sí misma.
Y sus actuaciones, ¿perciben si crean comunidad?
Sara Faro: Es algo que se da en general en los conciertos, pero como observadoras de nuestra propia experiencia, sí vemos cómo se construyen comunidades. También cómo se fragmentan, es natural. Pero los conciertos son un punto de encuentro fundamental que además te permite conectar con personas que en principio no conoces pero a lo mejor cuando acaba el concierto, con todo el hilo musical y las emociones que acompañan, descubre muchas afinidades.
Desde el principio de su carrera, canciones y discos tienen carga conceptual. ¿Qué buscan con esa estrategia?
S. F: Hay una parte que se debe a que nos gusta contar historias. También que es una manera de abonar dos individualidades, las de Sara y María, para construir un relato común. Sirve como una herramienta para encontrarnos en nuestras vivencias y sentimientos y, desde ahí, crear otra cosa que es nuestra obra.
M. F: Cada canción son solo dos o tres minutos de tu vida que vas a escuchar. No es como cuando te colocas delante de un cuadro o cuando puedes leer y releer un libro, pero es así como en las plataformas digitales puedes escuchar nuestra música. Entonces nos permitimos ser lo suficientemente poéticas y lo suficientemente explícitas y, en los directos, nos permitimos explicar ese contexto. Que a lo mejor no haría falta, porque se sentiría igual, pero es algo que nos gusta especialmente. A veces nos pasamos un poco de didácticas, pero es algo que nos gusta y nos emociona mucho.
No solo sucede en los conciertos, también en el discurso que acompaña los discos.
M. S: Nos encanta trabajar el concepto. Y de repente empezamos a ver que se nos hizo una simbología, tantas cosas relacionadas, que se crea un universo casi sin quererlo. Es muy bonito.
Fillas de Cassandra nunca ocultaron su parte política, empezando por el feminismo de su primer éxito, Lisístrata. ¿Por qué?
S. F: Es algo que nos sale de manera orgánica, porque somos dos personas hondamente politizadas. Atraviesa nuestra vida. Cuando nos juntamos Sara y María como amigas, comentamos la actualidad y nos posicionamos. Es imposible distinguir eso del momento del acto creativo, es imposible que no se contamine, que no se contagie, de esas preocupaciones que tenemos.
M. S: No es una condición sine qua non. Quiero decir, si hay una canción que no sale con algo explícitamente político, también nos lo permitimos. No consideramos que todas tengan que tener un mensaje directamente político, pero si una vivencia de amor se ve atravesada por una vivencia política como mujeres, acabamos un poco diciendo “al ataque” [risas]. A veces es sobre una lucha activa, pero otras veces hablando de amor en una canción, el hecho de elegir una u otra palabra implica una posición política, implica un pensamiento asociado. Y de eso sí que no nos podemos deshacer. Ni queremos. No somos dos personas, una la creadora y otra la política, somos la misma.
S. F: Pero para llegar a empatizar con un mensaje sí que le damos muchas vueltas. Porque lamentablemente hay como un lenguaje mando ligado a la revolución y es difícil no caer en él. Le damos muchas vueltas.
También sucede con las canciones de amor: hay un lenguaje muy manido asociado a ellas.
S. F: Sí, claro. Hay que reformular los lenguajes.
¿Por qué decidieron que Tertúlia ahondase en la vertiente electrónica del proyecto?
M. S: La parte electrónica y la parte de tradición son los dos estilos más universales en los que nosotras coincidimos. Porque después hay pop, indie, coral, eclesiástico, yo qué sé... todas las fuentes de las que bebemos. Pero concretamente la electrónica y la tradición se unen en todos los puntos. Las raíces, con sus ritmos diferentes pero que al final se van generando parecidos. Y la electrónica, en la que muchas veces la letra es lo último y hay entonces un ritmo interno que crea comunidad.
S. F: Este disco además lo producimos junto a Çantamarta y Beni, uno de ellos, tiene mucho conocimiento de la electrónica. Nos aportó muchas herramientas que no conocíamos y nos abrió unas oportunidades sonoras que hasta el momento no habíamos podido explorar. Nos dimos la libertad de explorarlas sin límite.
¿Y qué es lo que quedada de tradi en Fillas de Cassandra?
M. S: Cobra cada vez más importancia. Al principio éramos unas sinvergüenzas diciendo “y un poco de esto y un poco de esto y un poco de esto”, pero fue tomando peso en el proyecto y fuimos haciéndonos conscientes. Ahora es una fuerza de identidad. Tenemos consciencia plena de los que significa para nosotras la tradición. Desde el máximo respeto, seguimos usando esas herramientas, nos apasiona. Pero ahora desde un mayor conocimiento, quizás.
S. F: También creo que en este disco, paradójicamente, estando más alejado del tradi es donde nos permitimos hacer una jota, que tiene una estructura, y una muiñeira, cogimos coplas, por ejemplo en Insolación aunque después le diésemos otra melodía, o en Amor, aunque acabase siendo una kizomba... Entonces de algún modo recurrimos más o igual al cancionero popular gallego en este disco que en el anterior, aunque después el resultado se aparte más.
Existe como una estructura profunda relacionada con ritmos tradicionales.
S.F: También hay una manera de estructurar y decir las letras que está basada en la manera de construir las coplas tradicionales. Eso también subyace bastante, aunque después el resultado sea diferente.
¿Cómo reciben a Fillas de Cassandra fuera de Galicia?
M.S: Es increíble. Hay una parte de sorpresa y de seguir sorprendiéndonos con la gente que quizás aquí en Galicia, donde tocamos hasta debajo de las piedras, ya no... aquí se siente en familia y es otro tipo de acercamiento. Pero fuera, en Roma, en Praga, donde puedes bajar y ver a las 100 o 200 personas que están allí, conectas directamente de otra forma. Ver esas caras supone para nosotras una adrenalina a la que somos adictas, claro. Ellos se emocionan, nostras más. El concepto de electrónica y raíces se recibe muy bien. Conecta.
¿Imaginaron alguna vez que la música gallega y en gallego —Baiuca, Tanxugueiras, The Rapants, Grande Amore, las propias Fillas de Cassandra...— iba a alcanzar la repercusión, exterior pero no solo, que está alcanzando?
S. F: Cuando soy plenamente consciente de mi ser esto ya era incipiente, se estaba gestando. Es cierto que cuando era más pequeña, la idea de la música tradicional estaba más vinculada con las asociaciones o los grupos de baile. Como mucho ibas a un certamen y entonces conectabas con otros grupos pero...
M. S: Sí, o ibas a Castrelos [parque de Vigo con un enorme auditorio al aire libre] a escuchar a Carlos Núñez, que era como un hito histórico pero algo mucho más específico. Es cierto que en festivales y así nosotras vivimos un pop en castellano o en inglés. Y creo que normalizamos demasiado rápido la situación actual para lo mucho que costó alcanzarlo.
S. F: Vino como algo muy dado y rápidamente nos sumamos a ser parte de esa escena. Es precioso.
¿Temen que el clima político y el ascenso ultra afecte a la cultura?
M. S: A mí sí me da miedo. Con todas las letras. Y me da infinita pena. Ahora mismo parece imposible que no pudiésemos dar este concierto [en Salesianos, Vigo], pero aún me contaba mi madre que el único palo que le dio la policía fue en la puerta de Salesianos. No hace tantos años. Volver a eso no parece ahora tan lejano y claro que me da miedo. No ya por el hecho de que nosotras no podamos cantar y expresarnos, sino porque es una tristeza que, tras tantos años luchando por el gallego, por ejemplo, haya ahora gente concienciada de que haya que volver atrás. Es surrealista. Pero confío en que no pase. Somos muy activistas, haremos todo lo posible para que no sea así.
S. F: Es algo que nos ocupa espacio mental, a mí por lo menos. Cada vez más, aunque no quiera y me parezca surrealista pensar que en algún momento vamos a sufrir represalias por las cosas que cantamos. ¿Nos van a vetar en determinados espacios? ¿Cuándo vamos a comenzar a vivir esto? Ojalá nunca. Pero hay comunidades en donde ya se está haciendo. Aún hoy salió la noticia de que la Junta de Castilla y León vetará las ayudas al cine en función de la ideología. Ni siquiera hace falta que venga de frente, sino que de repente bajan las contrataciones en determinados ayuntamientos, por ejemplo. Estas cosas se van percibiendo antes de una censura explícita. Habrá que estar muy atentas.
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