Putin insiste en su amenaza en plena tensión con la OTAN: “El momento en que ya no se podrá cambiar nada puede llegar de forma inesperada”

Albert Sort Creus

Moscú —
1 de octubre de 2026 19:34 h

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Vladímir Putin ha insistido en recurrir a la retórica nuclear para amenazar a Occidente. Después de la alarma generada por las cartas que Rusia envió a la OTAN alertando del posible uso de armas atómicas si los países europeos bloqueaban la región rusa de Kaliningrado, el líder del Kremlin ha elevado el tono de sus amenazas. “El momento en que ya no se podrá cambiar nada puede llegar de forma inesperada”, ha dicho el presidente ruso desde el Foro Valdái, el escenario que cada año utiliza para fijar la posición de Moscú en política exterior.

El presidente ruso ha revestido su intervención de una supuesta preocupación por los riesgos de la proliferación nuclear. “¿Podemos estar seguros de que estas armas no se utilizarán nunca? Claro que no. Todos conocemos aquella famosa frase: si al principio de la obra hay un fusil colgado en algún lugar de la pared del escenario, tarde o temprano acabará disparando. Debemos tenerlo presente y evitar que eso ocurra”, ha asegurado, empleando una cita del escritor ruso Antón Chéjov.

“En la base de la escalada están la arrogancia y el exceso de confianza. Es el camino hacia el borde del abismo y más aún hoy, cuando los arsenales de las principales potencias mundiales contienen armas capaces de destruir toda forma de vida o, como mínimo, de llevar a la Tierra a una situación catastrófica”, ha continuado.

“No estamos intimidando a nadie”

El presidente ruso, que ha insistido en que Moscú “no tiene intención de atacar a nadie ni en 2029, ni en 2030, ni en 2050”, plantea que es Europa quien se está preparando para una guerra con Rusia y que, por tanto, Moscú se ve obligado a plantearse cómo reaccionar: “No estamos intimidando a nadie, pero si nos agreden tendremos que responder”. Y entre estas respuestas, ha señalado que barajará recurrir a “todo el arsenal” porque es la ventaja “competitiva” de la que dispone ante la superioridad numérica de los ejércitos europeos.

Aunque ha sido Rusia la que ha puesto la carta nuclear encima de la mesa, considera que es la OTAN quien “empuja a tensar la situación, sube las apuestas, a menudo hace faroles y traspasa líneas rojas con la esperanza de someter e intimidar al adversario, y de doblegarlo por la fuerza”. No es la primera vez que Moscú recurre a amenazas de este tipo. Cada vez que los países de la Alianza Atlántica han dado pasos para aumentar el apoyo militar a Ucrania, el Kremlin ha respondido agitando el fantasma atómico.

Ya en 2023, cuando los socios de Volodímir Zelenski reafirmaron su compromiso con la ayuda militar a Kiev, la diplomacia rusa advirtió de unos supuestos planes occidentales para bloquear Kaliningrado y también entonces amenazó con responder. En 2024, reiteró la amenaza nuclear cuando, por primera vez, Francia planteó la posibilidad de desplegar tropas de paz en Ucrania.

Periódicamente, la inteligencia militar rusa publica informes sobre supuestas amenazas occidentales, sin aportar ninguna prueba, que se utilizan para presentar la retórica agresiva del Kremlin como defensiva. En febrero, sin ir más lejos, los espías rusos afirmaron tener indicios de que Francia y Reino Unido estaban moviendo hilos para proporcionar bombas radiactivas a Kiev, una acusación que París y Londres negaron.

El lenguaje nuclear es el pan de cada día de los sectores más radicales del poder ruso, así como de algunos de los académicos y propagandistas con mayor presencia en los medios. Sin embargo, es sintomático que esta semana la agencia estatal de noticias RIA se viera obligada a eliminar una columna de un periodista que vaticinaba una nueva “operación militar especial” contra los bálticos ante la posibilidad de que estos gobiernos desplegaran armas atómicas en su territorio. Es decir, el Kremlin entiende que la disuasión tiene unos límites que conviene no cruzar.

Putin se siente cómodo en la ambigüedad de las acusaciones de guerra híbrida, una práctica que no reconoce, pero que admite que estaría justificada. En este sentido, considera que los países de la OTAN ya están librando una guerra con Rusia a través de Ucrania. Esto abre la puerta, desde su punto de vista, a situar las fábricas de armamento europeas que suministran a Kiev como un objetivo legítimo. “No pretendemos decir que deban ser atacadas inmediatamente, pero valoraremos esta amenaza”, ha concluido.

El líder del Kremlin ha presentado la guerra de Ucrania como el ejemplo de que Occidente no dejó otra opción al ejército ruso que lanzar la invasión a gran escala. “Nos llevaron deliberadamente a un límite en el que, como respuesta a esta agresión evidente, nos vimos obligados a defendernos con las armas en la mano”, ha dicho.

Además, ha acusado nuevamente sin pruebas a los países europeos de incitar a la creación de campos de concentración para los habitantes del Donbás y Crimea, y de dispararles desde aviones “solo por el hecho de ser rusos”. “No era necesario fomentar durante años el nacionalismo agresivo y la rusofobia en Ucrania con el objetivo de convertirla en un instrumento de lucha contra Rusia”, ha insistido.

En su enfrentamiento con Occidente, el presidente ruso también ha advertido de que no descarta expropiar empresas extranjeras en caso de que países “hostiles” nacionalicen compañías rusas. “Estamos creando las condiciones para que, si roban nuestras empresas, podamos responder simétricamente”, ha indicado, en referencia a multinacionales como Nestlé o Auchan, que las autoridades rusas han puesto “temporalmente” bajo control estatal.