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Drones, quads y micromecenazgo: la unidad militar que ha frenado al convoy ruso que iba a por Kiev

La unidad ucraniana Aerorozvidka.

Rusia llevaba una semana de invasión a Ucrania cuando alineó una columna militar para lanzar un ataque abrumador contra Kiev desde el norte. Pero a los pocos días aquel convoy formado por 65 kilómetros de vehículos blindados y camiones de suministro se detuvo y la ofensiva fracasó. 

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Según un comandante ucraniano, gran parte del fracaso tuvo que ver con una serie de emboscadas nocturnas ejecutadas por un equipo de 30 personas formado por miembros de las fuerzas especiales ucranianas y operadores de drones en quads.

Los operadores de drones venían de la unidad de reconocimiento aéreo Aerorozvidka. Fundada hace ocho años por un grupo de voluntarios con conocimientos en informática y de aficionados que diseñaban sus propias máquinas, Aerorozvidka ha evolucionado hasta convertirse en un elemento clave de la resistencia del estilo David contra Goliat ejercida por Ucrania.

Mientras países occidentales apoyan al Ejército de Ucrania con miles de misiles antiaéreos y antitanques, entre otros equipamientos militares, Aerorozvidka se ve obligada a recurrir al micromecenazgo y a contactos personales para seguir consiguiendo componentes como módems avanzados o cámaras térmicas eludiendo los controles de exportación que impiden la llegada a Ucrania de este tipo de productos.

Cómo ganaron contra los tanques

El teniente coronel Yaroslav Honchar, comandante de la unidad, explica cómo fue la emboscada en las cercanías de la ciudad de Ivankiv que contribuyó a detener la enorme y pesada ofensiva rusa. Dice que los integrantes de la unidad ucraniana pudieron acercarse a la columna rusa montando en sus quads por la noche y atravesando el bosque que hay a ambos lados de la carretera hacia el sur que une Chernóbil con Kiev.

Los soldados ucranianos estaban equipados con gafas de visión nocturna, rifles de francotirador, minas de detonación remota y drones dotados con cámaras térmicas o con bombas pequeñas de kilo y medio. “Esta pequeña unidad destruyó dos o tres vehículos en la cabeza de este convoy durante la noche y, después de eso, la dejaron atascada”, dice Honchar. “Se quedaron allí dos noches más y destruyeron muchos vehículos”.

Con el objetivo de avanzar hacia la capital ucraniana, los rusos dividieron la columna en unidades más pequeñas pero el mismo equipo de asalto ucraniano fue capaz de atacar su depósito de suministros, según Honchar, dejando a los invasores sin capacidad para avanzar. “El primer escalón de la fuerza rusa se quedó sin calefacción, sin aceite, sin bombas y sin gas, y todo esto gracias al trabajo de 30 personas”, dice.

En la unidad Aerorozvidka también dicen haber contribuido al fracaso del ataque aéreo ruso, en el primer día de la guerra, contra el aeropuerto de Hostomel, justo al noroeste de Kiev. Lo hicieron valiéndose de drones que localizaban, apuntaban y bombardeaban a los aproximadamente 200 paracaidistas rusos ocultos en un extremo del aeródromo. Según el teniente Taras, que es uno de los ayudantes de Honchar, “eso contribuyó en gran medida a que no pudieran utilizar el aeródromo para desplegar su ataque”.

De la universidad al ejército

Aunque no ha sido posible verificar el detalle de estas afirmaciones de forma independiente, las autoridades de defensa de EEUU sostienen que los ataques ucranianos contribuyeron a detener la columna de blindados en los alrededores de Ivankiv. La gran cantidad de imágenes de combate aéreo publicadas por los ucranianos demuestra la importancia que los drones están teniendo en su resistencia.

La unidad fue puesta en marcha por jóvenes ucranianos con formación universitaria que, tras participar en el protestas del Maidán de 2014, se ofrecieron como voluntarios para poner sus conocimientos técnicos al servicio de la resistencia contra las primeras invasiones rusas de Crimea y de la región del Donbás. Su fundador, Volodímir Kochetkov-Sukach, era un banquero de inversión que en 2015 murió en combate en el Donbás, un recordatorio de los altos riesgos que implica. Los rusos pueden captar la firma electrónica del dron y devolver la agresión rápidamente con morteros, por lo que los equipos de Aerorozvidka tienen que huir en cuanto lanzan sus ataques.

Honchar es un veterano del ejército reconvertido en consultor de marketing en sistemas informáticos que volvió al ejército tras las primeras invasiones rusas. Taras es consultor en gestión y dentro de la unidad se ha especializado en la recaudación de fondos. Hasta febrero no se había incorporado como combatiente a tiempo completo.

En sus inicios, la unidad utilizaba drones comerciales de vigilancia, pero en el equipo hay ingenieros, programadores y aficionados a los drones que terminaron desarrollando sus propios diseños. 

Construyeron una serie de drones de vigilancia y otros aparatos más grandes, de ocho rotores y un metro y medio, capaces de lanzar bombas y granadas antitanque propulsadas por cohetes. También desarrollaron un sistema de sensores llamado Delta. Colocados a lo largo de las líneas del frente, los sensores pasan sus datos a un mapa digital para que los comandantes ucranianos puedan ver los movimientos de sus enemigos en el mismo momento en que se producen. Ahora están usando los satélites del sistema Starlink, suministrado por Elon Musk, para proporcionar a las unidades ucranianas de artillería datos en directo de forma que puedan apuntar contra objetivos del ejército ruso.

La unidad había sido disuelta en 2019 por el entonces ministro de Defensa, pero en octubre del año pasado la reactivaron a toda prisa por la amenaza de invasión del Kremlin.

La capacidad de mantener una visión aérea de los movimientos rusos ha sido fundamental en el éxito de la táctica de guerrilla empleada por Ucrania. Pero las limitaciones en el suministro de drones y componentes han obstaculizado los intentos de Aerorozvidka de expandirse y de reponer el equipamiento perdido. Tampoco han logrado mucho intentándolo con el sistema de adquisiciones del Ministerio de Defensa de Ucrania, en parte porque son una incorporación reciente a las fuerzas armadas y todavía son percibidos como algo ajeno.

Otro obstáculo para el funcionamiento de Aerorozvidka es la existencia de controles de exportación en Estados Unidos y Canadá para algunos de los módems avanzados y cámaras térmicas que necesitan estos equipos. Para sortearlos han recurrido a campañas de micromecenazgo y a una red mundial de contactos y simpatizantes que los adquiere en eBay y en otros portales de Internet.

Colmena de abejas

Entre esos colaboradores, Marina Borozna, que estudió economía en la universidad con Taras, busca formas de adquirir los componentes que necesita la unidad y de encontrar rutas para que los suministros pasen la frontera. “Sé que hay gente que quiere ayudarlos, gente que quiere hacer algo más que dar ayuda humanitaria”, dice. “Si se quiere atajar la causa fundamental de todo este sufrimiento, hay que vencer a los invasores rusos. Aerorozvidka representa una gran diferencia y necesita nuestro apoyo”.

Su compañero, Klaus Hentrich, es biólogo molecular en Cambridge y ayuda con su experiencia como recluta en el Ejército alemán. “Yo mismo estuve en una unidad de reconocimiento de artillería, así que enseguida me di cuenta del impacto enorme que tiene Aerorozvidka; en efecto, es ponerle ojos a su artillería”, dice Hentrich. “Donde podemos marcar la diferencia es en lograr el apoyo internacional, ya sea en forma de contribuciones financieras, en ayuda para conseguir componentes técnicos más difíciles de encontrar, o en donaciones de drones civiles comunes”.

En paralelo a los proyectiles, misiles y bombas, en Ucrania también se libra una ciberguerra. Las interferencias rusas forman parte de esa guerra que la unidad Aerorozvidka también tiene que enfrentar. Hasta ahora, la estrategia ha sido esperar a que los rusos apaguen los equipos de interferencia cuando tienen que lanzar sus propios drones, para hacer volar los drones de Aerorozvidka al mismo tiempo y descargar su poder de fuego contra los vehículos rusos desde los que se está librando esta guerra electrónica

Según Honchar, estas batallas tecnológicas y la forma de luchar de Aerorozvidka representan la forma que tendrán las guerras del futuro, donde redes de pequeños equipos unidos por la confianza mutua con un sistema avanzado de comunicaciones pueden abatir a adversarios mayores y mejor armados. “Somos como una colmena de abejas”, dice. “Una abeja no es nada, pero cuando son 1.000 las que hay que enfrentar, pueden derrotar a una fuerza superior. Nosotros somos como las abejas, pero trabajamos de noche”.

Traducción de Francisco de Zárate

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