Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El sumario del caso Zapatero atribuye a las hijas un puesto clave en la red
Dentro del lujoso epicentro de la toma estadounidense de Venezuela
Opinión - 'Derecho a dudar', por Esther Palomera

The Guardian en español

Israel fuerza a los palestinos a demoler sus propias casas en Jerusalén para levantar un parque temático bíblico

Fakhri Abu Diab junto a lo que queda de su casa familiar, demolida en 2024, en el barrio de Silwan, en Jerusalén Este.

Julian Borger / Sufian Taha / Quique Kierszenbaum

Jerusalén —
25 de mayo de 2026 23:17 h

0

En el fondo de un valle escarpado y densamente poblado, justo debajo de las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, la tierra se ha visto sacudida en las últimas semanas por martillos neumáticos y excavadoras. Son los sonidos habituales en Jerusalén desde hace décadas, a medida que el Estado israelí ha intentado imponer implacablemente una identidad judía uniforme en la parte oriental ocupada de la ciudad, borrando al mismo tiempo su carácter palestino.

Normalmente, son trabajadores estatales y del municipio quienes manejan las excavadoras, pero en el barrio de Al Bustan, a la sombra de la simbólica mezquita de Al Aqsa, el estruendo proviene de un nuevo desarrollo: es el sonido de palestinos obligados a demoler sus propias casas familiares.

“Esto es muy duro. Es amargo”, afirma Yalal al Tawil mientras observa cómo un tractor que había alquilado, con una pala en la parte delantera y un martillo neumático en la trasera, demuele los últimos restos de la casa que su padre había construido, la cual, a su vez, se encontraba en el solar de la casa de sus abuelos. La mayoría de los muros ya habían sido derribados hasta sus cimientos y los escombros amontonados. Al Tawil ha dejado para el final la gruesa y nudosa raíz de una vid de 35 años.

“Antes, esta vid proporcionaba uvas a todo Al Bustan”, dice. Las primeras hojas de primavera ya han brotado, pero el hombre se ha resignado a que esa vid nunca más volverá a dar frutos.

La experiencia de demoler la casa y la historia de su propia familia ha dejado a Al Tawil vacío, pero todo se ha reducido a una cruda realidad económica. El municipio de Jerusalén le dijo que le costaría 280.000 shekels (más de 83.000 euros) hacer demoler la vivienda a sus operarios, mientras que contratar a su propio equipo y mano de obra le sale a Al Tawil en menos de una décima parte.

“Además, si lo hacen, removerán la tierra y dejarán todo hecho un desastre”, lamenta. Para él ha sido como tener que elegir entre el suicidio o el asesinato, afirma.

El proyecto religioso 'Jardín de los Reyes'

Más de 57 casas en Al Bustan, parte del distrito de Silwan en Jerusalén Este, han sido demolidas en los últimos dos años y está previsto el derribo de al menos otras ocho en las próximas semanas. En su lugar se construirá un parque temático bíblico llamado 'Jardín de los Reyes', supuestamente el lugar donde el rey Salomón pasaba su tiempo libre hace tres milenios.

El parque está pensado para integrarse en un proyecto arqueológico en expansión, impulsado principalmente por colonos israelíes, que se centra exclusivamente en el pasado judío de Jerusalén y en lo que se ha denominado la Ciudad de David –a pesar de que muchos arqueólogos israelíes opinan que los restos visibles datan de otras épocas, anteriores y posteriores al reinado del rey David en la Edad de Hierro–.

El parque está pensado para integrarse en un proyecto arqueológico en expansión, impulsado principalmente por colonos israelíes, que se centra exclusivamente en el pasado judío de Jerusalén

Aviv Tatarsky, investigador principal de la organización Ir Amim, que aboga por la convivencia en Jerusalén, afirma que Al Bustan representa la eliminación de los palestinos tanto de la geografía como de la historia. “Israel no está dispuesto a reconocer la realidad binacional, multiétnica y multicultural de Jerusalén y está eliminando, ante todo, a los palestinos, pero en realidad a todo lo que no sea judío, para luego disimularlo con esta farsa”, denuncia y alerta: “Si esto continúa hasta el final, los israelíes irán allí, verán la historia del parque y desconocerán por completo que se destruyeron vidas, que toda una comunidad fue destruida para construirlo”.

Vecinos del barrio de Silwan durante la demolición de sus viviendas por parte de las autoridades israelíes, el 10 de febrero de 2026.

El proyecto del parque Jardín de los Reyes lleva amenazando el barrio de Al Bustan desde hace casi dos décadas, pero las excavadoras se habían detenido hasta ahora gracias a la resistencia palestina, la oposición internacional y cierta ambivalencia dentro de la política israelí. Esos tres impedimentos dejarlo de serlo tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, la posterior guerra de Israel contra Gaza y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Embajadores de otros países siguen visitando la zona y prometiendo apoyo pero, con el respaldo de Washington al parque temático bíblico, su intervención conjunta ha resultado ineficaz.

“Hay perros callejeros que deambulan por el barrio de noche y que se sienten más seguros que nosotros”, asegura Mohammad Qwaider, de 60 años y padre de seis hijos. Recientemente, demolió la parte de la casa que había sido el hogar familiar durante más de medio siglo, con la esperanza de apaciguar a los urbanistas. Sin embargo, a mediados de mayo, un funcionario del Ayuntamiento se presentó para advertirle de que las excavadoras volverían para arrasar el resto.

Qwaider, que tiene problemas crónicos de espalda, un hijo con necesidades especiales y una madre anciana y enferma que no puede moverse, argumenta que no les queda otra opción. “Si demuelen nuestra casa, instalaremos una tienda de campaña. No nos iremos”, afirma. “Quizá no entienden nuestra mentalidad como palestinos. No somos un blanco fácil. No pueden quitarnos nuestra tierra”, agrega.

Hay perros callejeros que deambulan por el barrio de noche y que se sienten más seguros que nosotros

Mohammad Qwaider Vecino del barrio de Al Bustan

Su madre, Yusra, está postrada en una cama en una pequeña habitación en la planta baja. Su historia de vida representa la historia palestina moderna: nació hace 97 años en Yafa (al sur de la actual Tel Aviv), pero su familia se vio obligada a huir en 1948 en lo que los palestinos llaman la Nakba, la expulsión de más de 700.000 personas de sus hogares con la declaración de independencia del Estado de Israel ese mismo año.

La conmemoración de la Nakba fue el pasado 15 de mayo, un día después de que judíos israelíes reafirmaran su control de Jerusalén con una marcha ultranacionalista violenta por la Ciudad Vieja coreando “muerte a los árabes” y atacando a comerciantes palestinos y periodistas.

“De aquí no nos iremos”

La familia de Yusra Qwaider buscó refugio en una aldea llamada Yalo, entonces en territorio jordano al oeste de Jerusalén. En 1967, fueron expulsados nuevamente durante la guerra de los Seis Días, cuando las fuerzas israelíes demolieron su casa y el resto de la aldea. Se trasladaron al barrio judío de la Ciudad Vieja de Jerusalén en 1970, pero solo pudieron permanecer allí tres años antes de que gran parte del distrito fuera demolido por los nuevos gobernantes de la ciudad. “Después del barrio judío, vinimos aquí a Silwan. De aquí no nos iremos. Ni yo ni mis hijos”, afirma la anciana.

Dos portales más abajo, Fakhri Abu Diab cuenta que tomó la misma decisión cuando su casa fue demolida en 2024. El hombre, que ejerce de líder de la comunidad de Al Bustan, vive con su esposa, Amina, en una caravana entre los escombros de la que fue su vivienda familiar y la de sus antepasados. Sólo parte de la cocina de la vieja casa permanece en pie en medio de las ruinas.

“Aquí solíamos comer con mis hijos, mis nietos”, recuerda Abu Diab. “Destruyeron nuestro pasado. Destruyeron nuestros recuerdos. Destruyeron nuestros sueños. Destruyeron mi infancia, nuestra infancia, y destruyeron nuestro futuro”.

El hombre compara la tortura de vivir entre las ruinas de la historia de su familia con una enfermedad física: “Me arde el corazón”. “Quizás me veas sentado contigo, hablando contigo, pero por dentro ardo”, asegura.

Fakhri Abu Diab, junto a los restos de la cocina de su casa, que fue demolida en 2024, el 3 de febrero de 2026.

Abu Diab aún está pagando la multa de 43.000 shekels (casi 13.000 euros) que le impuso el municipio para cubrir el coste de la demolición de su casa. Además, dice que tuvo que pagar 9.000 shekels (más de 2.600 euros) por los sándwiches que la policía consumió durante los trabajos, que duraron varios días.

El Ayuntamiento de Jerusalén no respondió a las preguntas de The Guardian sobre sus acciones en Al Bustan, pero sí contestó al medio israelí +972 Magazine, señalando que el parque temático se estaba construyendo “para beneficio de todos los residentes de la ciudad” y que las viviendas de Al Bustan se construyeron ilegalmente.

“Esta zona nunca fue planificada para uso residencial y el municipio de Jerusalén está trabajando ahora para construir un parque en un área que sufre una grave escasez de espacios públicos abiertos”, alegaron desde el Ayuntamiento. También indicaron que se había intentado durante años “encontrar una solución para los residentes que incluyera una alternativa residencial, pero estos no mostraron un interés serio en llegar a un entendimiento”.

Una casa es el sueño de un niño y, si alguien viene a demolerla, destruye esos sueños y su sensación de seguridad. ¿Y qué pensarán entonces los niños de nosotros? ¿Que no podemos protegernos a nosotros mismos ni a nuestros hijos?

Amina Abu Diab Maestra y trabajadora social

Por su parte, Abu Diab dice que la comunidad presentó hace tiempo un plan maestro para el distrito con amplias zonas verdes, el cual, según él, fue rechazado a nivel político. Respecto a los permisos, señala que algunas casas como la suya databan de mucho antes de la ocupación israelí.

El Ayuntamiento ha denegado sistemáticamente los permisos de construcción a los palestinos en Jerusalén Este, mientras que los aprueba para los judíos israelíes. Además, Abu Diab argumenta que nunca se han aplicado las mismas normas a los asentamientos ilegales que surgen constantemente en Jerusalén Este y Cisjordania.

Amina Abu Diab, maestra y trabajadora social, afirma que su principal preocupación ahora son los niños a su cargo, quienes se enfrentan a un futuro de indigencia e incertidumbre. “Una casa es el sueño de un niño y, si alguien viene a demolerla, destruye esos sueños y su sensación de seguridad”, afirma. “¿Y qué pensarán entonces los niños de nosotros? ¿Que no podemos protegernos a nosotros mismos ni a nuestros hijos?”.

Texto traducido y actualizado por Francesca Cicardi

Etiquetas
stats