CRÓNICA
Trump, aliado de Marruecos, usa la crisis de Ceuta para irrumpir contra el Gobierno español azuzando la xenofobia
El trumpismo tiene mucho de batalla cultural permanente: contra lo que denominan wokismo, es decir, contra los avances feministas y LGTBIQ+. Y, también, contra quienes no reprimen la migración como hace la Administración Trump, hasta el punto de amparar a los agentes federales que asesinan a ciudadanos estadounidenses que se interponen en la represión ejercida por el ICE.
Y esa batalla no se queda en lo cultural, también se traslada al barro político, a la injerencia para tumbar Gobiernos y aumentar su área de influencia. Así, Donald Trump ha logrado sostener políticamente a Javier Milei y ha conseguido el cambio en Honduras y Colombia, por ejemplo, además de reforzar a Noboa en Ecuador y a Bukele en El Salvador, por ejemplo.
En Europa, donde su influencia es más débil por el enorme rechazo que genera, no ha conseguido mejorar los resultados de AfD ni la reelección de Viktor Orbán, pero sí que la presidencia de Polonia siga en manos del ultraconservador PiS y acaricia la idea de ver a Nigel Farage gobernando el Reino Unido. Pero hasta Giorgia Meloni y Marine Le Pen han mostrado distancias con la Casa Blanca por sus ataques virulentos contra la Iglesia católica, la unilateral e ilegal guerra contra Irán, que ha causado el caos en el comercio mundial de petróleo, sus amenazas arancelarias y sus pulsiones imperialistas sobre territorios como Groenlandia.
En este contexto, uno de los Gobiernos occidentales que ha marcado mayores distancias con la Administración Trump ha sido el español, desde el genocidio israelí en Gaza hasta el gasto en defensa o una política migratoria que prevé una regularización a la que aspiran 1.174.968 personas, frente a las deportaciones masivas sin garantías jurídicas ejecutadas por la Casa Blanca.
“Ahora España se va a ir a la ruina”, decía el presidente de EEUU esta semana en una entrevista con un medio afín británico, GB News: “He tenido mis propios problemas con España porque no se comporta muy bien respecto a la OTAN. No pagan lo que deberían pagar. Es muy triste. Otros países pagan y ellos no quieren pagar. Simplemente dicen: 'No vamos a pagar'. Sí, y es terrible. Lo que está ocurriendo allí es muy triste de ver, [...] miles de personas irrumpiendo en masa en el país. Nunca he visto nada igual”.
El presidente de EEUU irrumpe así en un asunto interno español en un momento en el que la derecha y la extrema derecha están usando la crisis de Ceuta para movilizar a sus electorados, apelando a la xenofobia y el racismo contra el Gobierno de Pedro Sánchez.
Y lo hace, además, sin una sola crítica al Gobierno de Marruecos, un aliado fundamental de EEUU e Israel en el norte de África.
“Es terrible”, dijo Trump a finales de julio en Fox: “Recuerden esa imagen. Así estaremos nosotros dentro de tres años si gana el bando equivocado [los demócratas]”.
“Lo que está ocurriendo en España, con decenas de miles de inmigrantes ilegales invadiendo el país, sucedió en Estados Unidos durante la Administración del somnoliento Joe Biden”, escribió en Truth Social Trump: “Y volverá a ocurrir, pero peor aún, si los demócratas recuperan el poder”.
Todo esto sucede mientras el rey Mohamed VI de Marruecos pone el nombre del presidente de EEUU a la autopista de 1.055 kilómetros que une Tiznit, en el sur del país, con Dajla, en territorio ocupado del Sáhara Occidental. La decisión de Rabat, en plena crisis con España, ha sido calificada de “gran honor” por parte de Trump en un post en Truth Social.
El gesto de Marruecos responde a la decisión de Trump de diciembre de 2020, durante su primer mandato (2017-2021), de reconocer el Sáhara Occidental como territorio marroquí. La vía entró en pleno funcionamiento a mediados de 2025.
La agencia de prensa estatal de Marruecos ha informado de una carta que el rey marroquí escribió al presidente de EEUU diciéndole que el cambio de nombre se estaba llevando a cabo como “una expresión personal de mi gran estima”.