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Tsipras se reinventa y regresa a la política con un nuevo partido para destronar a la derecha en Grecia

Alexis Tsipras es recibido por sus seguidores a su llegada a un mitin en Atenas en mayo de 2026.

Joan Mas Autonell

Atenas —
27 de septiembre de 2026 22:40 h

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En 2023, en una Grecia aún afectada por los daños de la crisis económica y las políticas de austeridad, Alexis Tsipras sufría una derrota en los comicios generales que parecía ser el inicio del fin de su carrera política. La izquierdista Syriza se derrumbó y se confirmó el dominio de Nueva Democracia (ND). Este partido, estandarte de la derecha conservadora helena desde 1974, ya arrebató el poder a Tsipras en 2019, y hasta hoy sigue gobernando con Kyriakos Mitsotakis al frente. Pero el ya exlíder de Syriza ha irrumpido en escena con un partido de nuevo cuño para intentar disputarle el puesto en las próximas elecciones previstas para 2027.

En octubre de 2025, Tsipras renunció a su escaño y dejó Syriza, partido caído en desgracia por sus escisiones y batallas internas, en el que mantenía un perfil bajo tras dejar su liderazgo por la debacle electoral de 2023. Tras ello, en mayo de 2026 presentó su nueva formación, Alianza de la Izquierda Griega (ELAS), muy centrada en su persona. En los últimos meses, ha activado su maquinaria, preparándose a fondo para la futura convocatoria electoral.

Según los sondeos, ELAS figura ya como segunda fuerza en intención de voto, con más del 16% de apoyos, lo que le coloca también como la principal fuerza del campo progresista heleno. Está lejos de ND, que ganaría con alrededor del 30% de los votos, pero supera a otras fuerzas como el centroizquierdista PASOK-Kinal (12,2%), el ultraderechista Solución Griega (8%) o el Partido Comunista (7%). A su vez, absorbe el espacio de Syriza, que quedaría al borde de la desaparición con un 1,7% de votos, alejado del 3% necesario para acceder en el Parlamento.

La experiencia como valor

Tsipras, de 52 años, aprovechó la fragmentación y ausencia de liderazgo claro entre las fuerzas de izquierda para hacerse de nuevo un hueco en la oposición a ND. Tras desembarazarse de Syriza, renovar su imagen y reciclar su discurso con un partido centrado en su figura, apela a su experiencia para buscar el triunfo en los comicios de 2027, de los que aún no hay fecha marcada. Se asume que se celebrarán como máximo a inicios de verano, antes de que Grecia asuma la presidencia rotatoria del Consejo de la UE en julio del próximo año.

Tsipras adopta posturas más moderadas en temas ideológicos, propios de una izquierda socialdemócrata, pero en asuntos como la corrupción mantiene un fuerte sentimiento antiestablishment

Christos Papagiannis — politólogo

Esta vez, Tsipras se postula con un discurso más moderado que en el pasado, en clave socialdemócrata y sin tintes revolucionarios. También quiere explotar el desgaste de Mitsotakis, que en las elecciones podría perder hasta diez puntos respecto al 40% logrado en 2023. Esto le alejaría de la mayoría absoluta y le complicaría crear un Ejecutivo, aunque a Tsipras tampoco le llegarían los números para lograr una mayoría.

Pese a que su legado es polémico, Tsipras aprovecha su bagaje como viejo referente de la izquierda y jefe de Gobierno entre 2015 y 2019, un período convulso que lideró en pleno descalabro económico de Grecia, cuando pasó de ser el firme opositor a las draconianas políticas de austeridad impuestas por la Troika a convertirse en el ejecutor de las duras medidas de recorte y privatización para sanar la deuda. Esto le restó credibilidad entre parte de la opinión pública y contribuyó a sus derrotas electorales de 2019 y 2023.

Transformación ideológica

“La huella que dejó Tsipras es polémica en Grecia, pero el hecho de que regresara en la escena política con un nuevo partido que ya cuenta con respaldo considerable en las encuestas muestra que aún hay un sector de población que lo apoya y acepta su legado”, comenta a elDiario.es Christos Papagiannis, politólogo griego y profesor adjunto en la Brussels School of Governance, perteneciente a la Universidad Libre de Bruselas.

El experto afirma que no se debe menospreciar la trayectoria y peso mediático del exlíder de Syriza, quién estuvo durante tiempo en el foco mundial y obtuvo hasta 35 y 36% de votos en los dos comicios generales de 2015. “Sigue siendo fuerte entre parte del electorado de centroizquierda, y se apoya en una narrativa reforzada por su pasado como primer ministro, su ventaja competitiva ante otros líderes opositores”, dice Papagiannis.

Sin embargo, “no recuperó el nivel de apoyo del pasado, ni se puede afirmar que tiene a una gran mayoría social a sus espaldas”, añade el académico. “Es débil entre los votantes centristas”, un sector que ahora busca conquistar con la combinación de un discurso moderado que también conserva algún destello radical.

“Combina ambas facetas. Adopta posturas más moderadas en temas ideológicos, propios de una izquierda socialdemócrata, pero en asuntos como la corrupción mantiene un fuerte sentimiento antiestablishment”, señala Papagiannis sobre Tsipras, quién fue presentando sus planteamientos en multitud de actos públicos y en la Feria Internacional de Tesalónica, el evento económico más relevante de Grecia, celebrado este mes.

“Preparado para volver”

“Estoy listo para volver a ser primer ministro. Conozco la tarea: ya la hice antes”, declaró Tsipras en una entrevista reciente al diario francés Le Soir, mientras se intenta proyectar a nivel internacional y hace una cierta autocrítica de su etapa en el Gobierno, asumiendo errores propios y apelando a su vez a la honestidad.

“Demostré gobernar honestamente, sin escándalos”, remarcó el exlíder de Syriza, que busca contraponer sus cuatro años y medio en el poder con los dos mandatos de Mitsotakis. Estos se vieron marcados por el peor accidente de tren de la historia de Grecia en 2023, o un caso de espionaje que involucró el uso de software israelí por los servicios de inteligencia griegos para vigilar a políticos opositores, mandos militares, cargos del propio gobierno de ND y periodistas. A su vez, el Ejecutivo derechista se vio salpicado este 2026 por una nueva trama de fraude y malversación de fondos agrícolas de la UE que implicó también a ministros.

Tsipras apunta a votantes tradicionales de Syriza de clase trabajadora como a sectores de clase media y propone políticas para un Estado del bienestar fuerte, sin alzar tasas a la clase media

Christos Papagiannis — politólogo

En sus discursos, Tsipras asegura que, de ser elegido, podrá gobernar sin estar marcado por las duras condiciones de los rescates que más de una década atrás impuso Bruselas. “Desafortunadamente, no pude gobernar sin las limitaciones de los memorandos”, dijo este septiembre. “Fui yo quién liberó al país de estas restricciones y retornó su credibilidad, pero quien cosechó los frutos y los despilfarró es Mitsotakis”, añadió.

En 2015, Tsipras hizo historia y ganó los comicios por oponerse a las medidas de óptica neoliberal aplicadas a una Grecia en profunda depresión, tras dos rescates financieros que despedazaban al Estado del bienestar con privatizaciones y recortes del gasto público. Ya en el poder, convocó un referéndum en que 61% de votantes se opuso a las recetas de la Troika, pero ante los riesgos de la salida del euro y del colapso bancario cedió y acató la austeridad dictada por la UE y el Fondo Monetario Internacional firmando un tercer rescate. El programa concluyó en 2018 y Tsipras estabilizó el país macroeconómicamente, pero su decisión causó pavor entre los sectores más a la izquierda del país, como entre centristas que no vieron mejoría económica.

¿Traidor o salvador?

Para algunos, traicionó la propia voluntad popular y renunció a sus principios. Para otros, evitó males peores. Eugenía Katoufa, periodista jubilada que trabajó en la cadena pública ERT, cree que fue un buen líder que tomó una dirección pragmática en un momento extremo. “Fue el mejor primer ministro que hubo hasta ahora. Gobernó en circunstancias difíciles, durante la crisis provocada por los memorandos de la Troika, bajo presión de los acreedores, sabotaje de la oposición y la rivalidad de cargos de su propio partido, pero logró negociar con valentía para que el país evitara lo peor y sacar a Grecia de los rescates”, dice Katoufa, quién estuvo en más de un evento de ELAS. “En el ambiente hay entusiasmo”, asegura sobre los actos celebrados.

No lo ve igual Harris Marou, operador telefónico de 32 años para una multinacional en Atenas que vivió en su piel los tiempos más duros de la crisis. Como otros de su generación, dejó el país para irse al extranjero, en su caso en 2017, en plena época de Gobierno de Tsipras, a quién ve como “un traidor nacional” que se rindió a la Troika y acabó de hundir a Grecia en una deriva neoliberal. “Es muy frustrante vivir en Grecia. La mayoría de gente no puede proyectar su vida aquí”, dice Marou, que volvió a Grecia en 2024, en medio de un desplome demográfico que redujo la población griega en medio millón de habitantes. Todo ello hace que Marou y muchos otros no crean en Tsipras, al que ven como parte de un sistema que les excluyó y precarizó.

La Grecia de Mitsotakis registró un crecimiento anual de una media de en torno a 4% del PIB real entre 2021 y 2025. Su deuda pública es la más alta de la eurozona, pero bajó al cierre de 2025 al 146,1% del PIB, una caída pronunciada en comparación con el 209% de 2020. A su vez, el Gobierno subió el salario mínimo en 40 euros este año, hasta los 920 euros brutos mensuales, y la tasa de paro se redujo hasta el 7,7% en enero. Sin embargo, mucha población no nota esta recuperación con sueldos que no le alcanzan ante una inflación galopante —3,8% en agosto—, un fuerte aumento del precio de la vivienda y condiciones laborales precarias.

“El día a día es dramático. Este Gobierno provocó muchos desastres y debe irse. Va contra los intereses del pueblo”, dice Katoufa, que ve en Tsipras el único “con capacidad para inspirar”. Para Marou, en cambio, no está tan lejos de Mitsotakis, ya que desarticuló el espíritu transformador de la izquierda de hace una década.

Tsipras presentó este mes su programa económico, incluyendo “un plan de reconstrucción nacional” para “producir más y redistribuir más equitativamente”, con un modelo que vaya más allá de sectores como el turismo y aumente la capacidad productiva y de innovación del país. También han sido comunes sus guiños a las clases medias, a las que prometió no cargar con más impuestos, otro recurso para atraer votos centristas.

Seducir a la clase media

“Tsipras apunta a votantes tradicionales de Syriza de clase trabajadora como a sectores de clase media”. A su vez, “propone políticas para un Estado del bienestar fuerte, sin alzar tasas a la clase media”, y apuesta por aplicar “un ‘impuesto patriótico a multimillonarios y grandes patrimonios”, cuenta Papagiannis. “Busca atraer a estudiantes, profesores o personal sanitario, y sitúa la defensa de la sanidad pública en el centro. Aun así, se le achaca que en 2015 ya hizo promesas que luego incumplió, lo que le resta credibilidad”, añade.

Con todo, ante una convocatoria a las urnas cada vez más cercana, los analistas ven probable una segunda ronda de elecciones ante la falta de mayorías y la dificultad de tejer alianzas. “Este es el panorama que ND intenta evitar”, comenta Papagiannis, que cree que Tsipras podría salir beneficiado en una hipotética repetición electoral en caso de lograr el puesto como segunda fuerza en la primera ronda.

“Se marca la meta de alcanzar esta posición y obtener impulso como gran fuerza opositora en una segunda ronda. En este caso nunca se sabe qué podría ocurrir”, dice el politólogo. Más factores podrían cambiar las cosas, como la posible creación de un nuevo partido conservador por Antonis Samarás, ex primer ministro entre 2012 y 2015 con ND, quien acusa a Mitsotakis de haber creado “un partido personal”. Con todo, según analistas, hay aún mucha incertidumbre y la guerra en Oriente Medio, las tensiones entre Grecia y Turquía o el conflicto en Ucrania también podrían influir. En esta realidad, mientras Mitsotakis busca mantener en pie su liderazgo y mejorar su imagen ante la población, Tsipras observa con atención para intentar otro asalto.

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