La Batalla del Vino de Haro: el conflicto territorial que se convirtió en una de las fiestas más particulares de España

Batalla del Vino en Haro

Olivia García Pérez

29 de junio de 2026 19:04 h

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Vestidos con el riguroso blanco reglamentario y el pañuelo rojo al cuello, unos 6.000 'guerreros' han vuelto a convertir este lunes, como cada 29 de junio, los Riscos de Bilibio en el epicentro de una de las manifestaciones de la cultura popular más singulares de toda España. La munición, unos 30.000 litros de vino tinto, procede en su mayoría de los excedentes de la última campaña y tiñe el paisaje de granate. En cuestión de minutos, no queda una sola prenda blanca, ni un centímetro seco. La Batalla del Vino de Haro ha estallado con la primera luz del día y se ha prolongado durante horas en un intercambio pacífico que transforma el paisaje rocoso de esta zona de La Rioja en una fiesta que trasciende fronteras y se consolida como una de las mayores singularidades del patrimonio inmaterial del país.

Desde antes de las seis de la mañana, las cuadrillas locales y los visitantes llegados de diversas comunidades autónomas emprenden la subida de los seis kilómetros que separan el núcleo urbano de la ermita dedicada a San Felices de Bilibio. La mayoría de los asistentes llevan ya a sus espaldas varias horas de fiesta. Tras la celebración de una misa a las ocho de la mañana, el disparo de un cohete marca el inicio formal de las hostilidades festivas. Pistolas de agua, sulfatadoras de mochila, botas y cubos sirven como herramientas para un ritual colectivo donde el único objetivo admisible es empapar al prójimo en una catarsis que difumina las barreras sociales mediante el juego y la música de las charangas.

Sin embargo, la edición de este año ha estado marcada por el debate en torno a la masificación y la conservación de la autenticidad del evento. En un intento de garantizar la seguridad y racionalizar los tiempos del festejo, el consistorio jarrero implementó medidas para “acotar” el espacio de la batalla e iniciar el oficio religioso con antelación, buscando mitigar la tendencia de los últimos años en la que la fiesta comenzaba de madrugada sin control institucional. Aunque las ganas de celebración han vuelto a desbordar los marcos normativos estrictos, este movimiento visibiliza la creciente preocupación por el impacto del turismo de masas sobre las señas de identidad locales.

Batalla del Vino en la zona acotada en los Riscos de Bilibio (Haro)

La Batalla del Vino, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2011, hunde sus raíces históricas en los litigios de lindes territoriales que el municipio de Haro mantuvo durante siglos con sus vecinos de Miranda de Ebro por la posesión de los Riscos de Bilibio. Aquellas disputas medievales terminaron derivando en una romería pacífica que, a finales del siglo XIX y de manera espontánea, acabó en las “remojaduras” con vino que hoy configuran la fiesta actual. Transformar un conflicto de tierras en una celebración horizontal es el núcleo sociológico que sigue atrayendo miradas de todo el mundo hacia esta localidad riojalteña.

Hacia el mediodía, el campo de batalla pacífico se traslada de nuevo a la ciudad. Con las típicas 'Vueltas' en una abarrotada Plaza de la Paz, los exhaustos participantes celebran el fin del festejo al ritmo de las peñas tradicionales. Un cierre festivo que, un año más, sitúa a Haro no solo en el mapa de la producción vitivinícola de excelencia, sino también en el de la resistencia cultural, demostrando que las tradiciones más potentes son aquellas que son capaces de conciliar la identidad de un pueblo con la hospitalidad de quienes lo visitan. El toque folclórico en esta fiesta no lo pone la tradición sino las decenas de periodistas que llegan de Asia, Europa y América para documentar la singular fiesta.

Enclave de la batalla, en mitad del monte, a seis kilómetros de Haro

Cada año es lo mismo, pero siempre es diferente. En esta ocasión, hemos podido contemplar la fiesta a vista de dron, gracias a las imágenes de Nuño Barrio. “Documentar un evento como este, en el que hay que ser especialmente cuidadoso con las aglomeraciones de personas, siempre es complicado”, explica el autor de las imágenes, “además este año con el viento y la lluvia la cosa se ha puesto complicada; de hecho, he tenido que poner a uno de los drones un sistema de invención propia para impermeabilizarlo. No ha sido fácil, pero las imágenes que han salido de este vuelo para la productora 101 latidos son bastante impresionantes”.

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