Calagurris renace: el auge de la ciudad que convierte su historia y su huerta en patrimonio vivo
Más de 70.000 personas han elegido Calahorra en 2024 para sumergirse en su historia y su gastronomía. No son solo cifras; son 70.000 historias que caminan por el antiguo circo romano del Mercadal o que descubren el secreto de la huerta riojana. Con eventos que rozan lo multitudinario —como los 18.000 visitantes del Mercado de Navidad o los casi 10.000 de la feria de la Golmajería—, la 'Fiel y Augusta' Calagurris está viendo crecer su turismo y lo está potenciando, también a través del Plan de Sostenibilidad que promete transformar su futuro sin olvidar sus raíces de piedra y tierra fértil.
La responsable de la Oficina de Turismo, Eva López, antes de proponer un plan de día en Calahorra, advierte de que hace falta más de una jornada. Entre sus recomendaciones, los viajeros no pueden dejar de callejear por la zona histórica y el paseo del Mercadal, con parada en los principales monumentos de la ciudad, para lo que existen visitas guiadas. López recalca la riqueza de los parajes naturales alrededor del pantano del Perdiguero, el Parque del Cidacos o el parque temático Tierra Rapaz. Y no se olvida de la gastronomía: “No puedes irte de Calahorra sin degustar un pincho o un menú en los establecimientos calagurritano”.
La verdura, del plato a la moda y del campo al turismo
Bocados que seguramente estarán protagonizados por la verdura. Calahorra ha conseguido dar un paso más y su huerta no solo se saborea, sino que se vive y se celebra. El motor económico y social ha salido de los campos y se ha convertido en un emblema de su turismo, tanto que Calahorra es ya conocida como la Ciudad de la Verdura. La cita central, que crece en cada edición, son las Jornadas Gastronómicas de la Verdura, reconocidas como Fiesta de Interés Turístico Regional desde 2015, acompañadas de la Pasarela de la Verdura, en la que los productos de la huerta se hacen moda.
“La verdura es un punto de inflexión en la ciudad y la mayoría de las actividades que se plantean están encaminadas a poner en valor la huerta calagurritana”, apunta la directora de la Oficina de Turismo. En este sentido, Calahorra cuenta con un Museo de la Verdura, único en España en esta temática, que se va a potenciar a través del Plan de Sostenibilidad Turística. También se ofrecen visitas a los campos y a los comercios en compañía de los agricultores, “quien mejor pueden explicar su producto, su cultivo” y que continúan por la ciudad, con especial atención a lugares y vivencias con la agricultura con un pincho y vino de la tierra. En torno a la verdura también se organizan en Calahorra otras actividades, como escapes rooms, teatros o talleres de cocina, adaptados a todas las edades.
Eva López ensalza “la gastronomía de la ciudad y el buen hacer de bares y restaurantes que es también fundamental para dar a conocer el producto”. Además de la huerta, también se organizan otras citas gastronómicas, como la Feria del Pimiento, la Feria de la Conserva, las Jornadas de la Cazuelillas, la Feria de Golmajería y el mercado de Navidad lleno de productos para esta época del año.
La historia romana que se lee en cada rincón
Si la huerta es el alma viva de Calahorra, su patrimonio monumental es el testimonio pétreo de su historia milenaria. Caminar por la ciudad es desandar los pasos de la antigua Calagurris Nassica Iulia, un pasado de esplendor romano que todavía late en muchos vestigios. Para recorrerlo, en la Oficina de Turismo proponen comenzar desde la estatua de Quintiliano, el famoso retórico y pedagogo ahora símbolo de la ciudad en la que nació. Junto a él se encuentra el Paseo del Mercadal, el antiguo circo romano, del que se pueden apreciar vestigios en la parte final frente al Parador.
A lo largo del Paseo, se pueden ver varias esculturas con referencias al pasado romano de Calahorra. El busto de Bebricio, que representa a un soldado calagurritano, que según la leyenda, juró no sobrevivir a su general Sertorio y se quitó la vida en prueba de lealtad. Ahora esta escultura es un símbolo de la fidelidad de los habitantes Calagurris. La Lápida de Longinos, que es una réplica de una lápida funeraria encontrada en Calahorra en honor a un soldado romano llamado Julio Longinos y la Matrona, un monumento emblemático que conmemora el heroísmo de la ciudad durante el asedio romano en el año 72 a.C.
En el corazón del patrimonio calagurritano, el yacimiento de la Clínica se alza como el testimonio más íntimo del esplendor romano. Este enclave permite asomarse a la vida doméstica de la antigua élite: allí descansan los muros de una Domus, una edificación noble construida a finales del siglo I d.C. que todavía conserva la esencia de su estructura original. Al recorrerlo, se pueden identificar los restos de un complejo termal con su colector de desagües, una pieza de ingeniería que recuerda la sofisticación de una ciudad que ya entonces dominaba el agua y el confort.
Actualmente, este espacio, conocido popularmente por su pasado como centro rural de higiene, vive un proceso de revitalización dentro del Plan de Sostenibilidad Turística. El visitante no solo puede contemplar el lienzo de las murallas del siglo III que lo flanquean, sino que pronto podrá disfrutar de un proyecto de digitalización que promete reconstruir visualmente su grandeza. Es, en esencia, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, permitiendo que la piedra nos cuente cómo era la rutina diaria en la Calagurris que desafió al Imperio.
Esta huella romana se extiende por otros puntos clave de la ciudad, como el lienzo de las murallas del siglo III, el Arco de San Andrés, que marcaba la antigua entrada a la ciudad, o el recién restaurado Torreón de la Rosa. Incluso en espacios como Las Medranas, la base de un torreón romano sostiene la historia posterior. Como broche final, la visita podría culminar en el Museo de la Romanización, donde se explica de forma global la evolución de una cultura que no solo definió a Calahorra, sino que marcó el destino de toda La Rioja.
Conviven con el patrimonio romano y completan el recorrido monumental de la ciudad la Catedral de Santa María y las iglesias de Santiago y San Francisco. Calahorra también es naturaleza, marcada por la imperdible Degollada, el pantano del Perdiguero o el Parque del Cidacos, donde también se están preparando paseos especiales. En Calahorra la huerta y la piedra se dan la mano. Es esa combinación única entre el producto de la tierra y el peso de la historia lo que convierte a la ciudad en una parada imprescindible en el corazón de La Rioja.
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