Tu Camino, tus flechas: ocho desvíos para descubrir La Rioja
Las flechas amarillas marcan el rumbo de los peregrinos que realizan el Camino de Santiago. En su paso por La Rioja, durante 65 kilómetros y ocho localidades, señalan qué dirección seguir, pero también dejan a un lado otros caminos, historias y paisajes.
Porque, como en la vida, no siempre seguir la ruta marcada es la única opción. A veces hay que desviarse, perderse un poco y descubrir qué hay más allá del camino.
Logroño: El oasis verde que los peregrinos pasan de largo
Logroño es el inicio de estos 65 kilómetros riojanos, pero las flechas amarillas no tardan en sacar al peregrino del camino. A unos kilómetros del centro aparece La Grajera, un espacio natural de 87 hectáreas alrededor de un embalse que se ha convertido en uno de los principales pulmones verdes de la capital riojana.
El embalse fue construido en 1883 para almacenar agua destinada al riego de las huertas situadas al sur de Logroño y ampliado posteriormente. Con el paso del tiempo, el entorno se fue naturalizando hasta convertirse en un ecosistema en el que conviven diferentes especies de flora y fauna. La lámina de agua ocupa unas 32 hectáreas y constituye una de las zonas húmedas más destacadas de La Rioja.
Y aunque el peregrino no necesita desviarse para encontrar La Grajera, si puede decidir detenerse y mirar más allá de las flechas. Los caminos que rodean el embalse permiten acercarse al agua, observar el paisaje y descubrir un espacio que invita a caminar de otra manera, más despacio y con los ojos puestos en la naturaleza.
Navarrete: un desvío hasta las aguas de Valbornedo
El pantano de Valbornedo aparece entre viñedos y zonas de vegetación como un pequeño refugio natural donde el agua se convierte en protagonista. Sus alrededores están poblados de robles, carrascas y pinos, además de especies propias del sotobosque.
Pero Valbornedo también cuenta una parte de la historia de Navarrete. El proyecto del embalse comenzó a plantearse a principios del siglo XX y las obras arrancaron en 1916. Después de catorce años de trabajos, el pantano fue inaugurado el 23 de julio de 1930 con el objetivo de aprovechar las aguas sobrantes y favorecer el regadío de los terrenos agrícolas de la zona.
Hoy, el embalse conserva esa función ligada al agua y la agricultura, pero su entorno se ha convertido también en un espacio para pasear y observar la naturaleza. El recorrido permite al peregrino cambiar durante unos kilómetros las señales que conducen a Santiago por un paisaje de viñedos, bosque y agua, descubriendo una cara de Navarrete que queda al margen del trazado jacobeo.
Ventosa: un kilómetro entre arte y caminos históricos
Las flechas amarillas atraviesan Ventosa rumbo a Nájera, pero este pequeño municipio guarda también las huellas de otros caminos. Por su entorno discurría la antigua Vía de Italia a Hispania, una de las grandes vías romanas que comunicaban la Península. Siglos después, ese mismo territorio volvería a convertirse en lugar de paso para quienes se dirigían hacia Santiago.
Sin embargo, hoy, el desvío propone otro tipo de recorrido. “1 kilómetro de Arte” es un museo al aire libre que se extiende por el entorno de Ventosa y conecta el Camino de Santiago con la iglesia de San Saturnino. A lo largo de este recorrido, el paisaje de viñedos se convierte en parte de la propia exposición y diferentes intervenciones artísticas aparecen integradas en el entorno. El proyecto, impulsado por el Ayuntamiento y con participación de vecinos y asociaciones locales, nació precisamente con la intención de unir arte, naturaleza y Camino.
Para el peregrino, la propuesta supone abandonar durante un momento sus flechas amarillas y seguir un itinerario diferente, de apenas un kilómetro, hasta alcanzar la iglesia de San Saturnino. Es un breve desvío que no obliga a cambiar de destino, pero sí de perspectiva: durante unos minutos, el Camino deja de ser solo una ruta hacia Santiago para convertirse en un recorrido por el paisaje y el arte de Ventosa.
Nájera: subir a La Mota para descubrir la otra cara del municipio
El Camino de Santiago lleva al peregrino por la Nájera más conocida, pero basta con levantar la vista para descubrir otra parte de su historia. En lo alto del cerro de La Mota se encuentran los restos del antiguo castillo, una fortaleza de origen musulmán que tuvo un papel fundamental en la defensa y el control de la zona. Desde allí, la ciudad se contempla desde una perspectiva diferente a la que ofrece el recorrido jacobeo.
El castillo fue conquistado en el año 923 por Sancho Garcés I, en colaboración con Ordoño II de León, y durante siglos tuvo un importante papel político y militar. En él se vivieron episodios destacados de la historia de Nájera, entre ellos los enfrentamientos que tuvieron lugar durante la Batalla de Nájera. Con el paso del tiempo perdió su función y, a mediados del siglo XVII, ya se encontraba abandonado y en ruinas. Hoy solo perduran el foso y el parte de un muro.
El cerro guarda además otro de los elementos más singulares de Nájera, las cuevas excavadas en la roca. Estas cavidades, utilizadas históricamente como espacios de vivienda y refugio, forman parte de los cerros que rodean la ciudad y permiten imaginar cómo sus habitantes buscaron protección en ese entorno durante épocas de peligro.
Entre los restos del castillo, las cuevas y las vistas sobre el Najerilla aparece una Nájera diferente, una ciudad que no solo fue parada de peregrinos, sino también fortaleza, refugio y escenario de siglos de historia.
Azofra: árboles y plantas de todo el mundo
Azofra es uno de esos puntos del Camino en los que el peregrino puede seguir las flechas amarillas hacia Cirueña o cambiar de rumbo. Entre Azofra y Hormilla, tomando el antiguo Camino Viejo, aparece el Jardín Botánico de La Rioja, un espacio de unos 20.000 metros cuadrados que reúne árboles, flores y plantas procedentes de diferentes partes del mundo.
El jardín cuenta con distintas colecciones de carácter divulgativo y científico y está pensado para recorrerlo de manera autónoma, siguiendo caminos, senderos y recorridos delimitados entre la vegetación. El paisaje riojano cambia así por completo: de los viñedos y campos que acompañan al peregrino durante buena parte de la etapa a un espacio en el que conviven especies vegetales de lugares muy diferentes.
Y si hay una particularidad que hace todavía más especial este desvío es la posibilidad de recorrer el jardín descalzo. Una forma diferente de continuar el viaje durante un rato: dejar a un lado las botas y cambiar el camino amarillo por uno verde antes de volver a la ruta hacia Santiago.
Cirueña: una pequeña ermita fuera de las flechas
El Camino de Santiago atraviesa Cirueña entre campos y paisajes abiertos, pero basta con apartarse un poco de la ruta para encontrar un rincón ligado a la historia y las tradiciones de la localidad. Entre Cirueña y Ciriñuela, en un altozano junto al cementerio, se encuentra la ermita de la Virgen de los Remedios, un pequeño templo que pasa desapercibido para quienes continúan siguiendo las flechas amarillas.
La construcción que hoy puede contemplarse fue reconstruida recientemente y cuenta con una nave de cuatro tramos, cabecera cuadrangular y bóvedas de cañón y de aristas. Pero su interés va más allá del edificio actual, en su interior se conserva una imagen de la Virgen de los Remedios de estilo gótico, datada en el siglo XIV, que mantiene viva la relación de este lugar con la devoción de los vecinos.
La ermita sigue formando parte de la vida de Cirueña. Cada año, durante las fiestas dedicadas a la Virgen de los Remedios, los vecinos celebran una procesión en la que la imagen es llevada a hombros. Una tradición que convierte este pequeño templo, apartado del camino principal, en un espacio todavía ligado a la identidad del municipio.
Santo Domingo de la Calzada: el Camino se encuentra con su historia
Santo Domingo de la Calzada es uno de los grandes referentes del Camino de Santiago en La Rioja, pero incluso aquí hay lugares que quedan fuera de las flechas amarillas. A aproximadamente un kilómetro del casco urbano, en dirección a Haro, se encuentra la ermita de la Mesa del Santo, a la que se puede llegar desde el Paseo de la Carrera. Es un pequeño desvío que permite abandonar por un momento el trazado jacobeo para acercarse a uno de los rincones vinculados a la figura que da nombre a la ciudad.
La tradición cuenta que fue precisamente en este lugar donde Santo Domingo esperaba a los peregrinos que llegaban a la ciudad, ofreciéndoles comida, bebida y ayuda para curar las heridas provocadas por el largo viaje. La ermita actual, construida en 1890 sobre los terrenos conocidos como la Dehesa del Santo, mantiene así el recuero de una de las facetas más ligadas a la historia de la localidad: la atención y acogida de quienes caminaban hacia Santiago.
El desvío hasta la Mesa del Santo permite, por tanto, descubrir algo que va más allá de un nuevo edificio religioso. Es acercarse al origen de una tradición que todavía permanece ligada a Santo Domingo de la Calzada: la de ser un lugar de paso, descanso y auxilio para los peregrinos.
Grañón: un crucero que también guiaba a los peregrinos
Grañón es el último municipio riojano que atraviesa el Camino de Santiago antes de entrar en tierras burgalesas. A la salida de la localidad, en el cruce de carreteras que conducen hacia Villarta-Quintana, Morales y Corporales, se encuentra la Ermita de los Judíos, un crucero plateresco cubierto que puede pasar desapercibido para quienes continúan siguiendo las flechas amarillas.
Su ubicación no es casual. En la Antigüedad, este pequeño monumento servía para guiar a los caminantes, convirtiéndose en una referencia para quienes atravesaban la zona. En su interior alberga una cruz asentada sobre una columna toscana en la que todavía puede leerse una inscripción que atribuye su construcción a Vicente, clérigo beneficiado de San Juan de Grañón.
El crucero también conserva la historia de un retablo manierista fechado en 1540, que representa a Jesús siendo apaleado por los judíos antes de su crucifixión. La pieza fue restaurada en 1989. Sin embargo, el interior de la ermita no está abierto habitualmente al público y solo puede visitarse en ocasiones concretas, como el Viernes Santo, por lo que fuera de esa fecha el peregrino tendrá que conformarse con contemplar el crucero desde el exterior.
Y esta es la verdadera esencia del Camino, no todo lo que merece la pena está marcado con una flecha amarilla. Durante 65 kilómetros, La Rioja acompaña a los peregrinos entre viñedos, pueblos con historia, y rincones que quedan a un lado de la ruta y que solo aparecen cuando uno decide cambiar de dirección.
Porque hacer el Camino de Santiago significa atrever a desviarse, a detener tus pasos, mirar alrededor y descubrir que perder durante unos metros el rumbo es la mejor manera de encontrar algo nuevo.
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