El dulce adiós de un icono de Logroño: Pastelería Ramflor busca relevo tras 47 años de tradición artesana
David Nicolás, segunda generación del emblemático negocio familiar, se ve obligado a traspasar el obrador debido a una enfermedad. Con su marcha, la capital riojana se arriesga a perder un referente del producto kilómetro cero, la innovación pastelera y el calor del comercio de barrio. Comercio que comenzó a escribir su historia hace 47 años con un nombre propio: Pastelería Ramflor. Sin embargo, y coincidiendo con su casi medio siglo de vida, el negocio familiar fundado en 1979 afronta su encrucijada más difícil. Su actual alma máter, David Nicolás, se ve obligado a colgar el delantal y buscar un traspaso. No por falta de clientela, sino porque sus manos han dicho basta.
La historia de Ramflor es el reflejo de la evolución del pequeño comercio logroñés. Todo comenzó en julio de 1979, cuando los padres de David abrieron las puertas de una pequeña pastelería en la calle Pérez Galdós con Chile. El éxito y la necesidad de espacio los llevaron en 1986 a trasladar el obrador a la calle Huesca donde además de elaborar postres, Ramflor también ha impartido formaciones.
Y en esta calle de Logroño continúa este negocio familiar tras superar la demoledora crisis de 2010 que les obligó a cerrar uno de sus dos locales. En 2022, con la jubilación de su madre, David asumió las riendas en solitario llevando el negocio hacia una vinculación más estrecha con el producto de cercanía y kilómetro cero. “Los pistachos, por ejemplo, ya no los compramos fuera, los compramos en España y las fresas, en La Rioja.
La vanguardia de la salud: menos azúcar, más sabor
David Nicolás no solo ha mantenido el legado familiar, sino que ha sabido adaptarlo a los nuevos tiempos y ha apostado por una pastelería más saludable reduciendo el porcentaje de azúcar en sus creaciones: entre un tres y un cuatro por ciento anual de forma gradual. Calcula que desde que se jubiló su madre ha reducido el azúcar en los semifríos un doce por ciento. Reducción que cuenta, “no aprecia la gente porque el cambio es gradual, pero sí valora, ya que el producto sigue estando igual de rico y además es mucho más sano. Utilizamos menos azúcar potenciando el sabor real en la elaboración de frutas y frutos secos”.
Y al igual que su elaboración ha evolucionado hacia una pastelería más saludable, en este casi medio siglo, el mercado también ha evolucionado. Recuerda con nostalgia aquellas comuniones de su infancia donde, junto a su primo, repartía entre 40 o 50 tartas los fines de semana a cambio de una propina. Hoy todas estas celebraciones han cambiado radicalmente. “En las comuniones, el cubierto ya cuesta casi lo mismo que el de una boda, y a las bodas tienen muchos añadidos como las prebodas... Vengo de Yagüe, me he criado en un merendero y valoro más la compañía que la forma de celebrar actual más elitista...”. Pese a todo cuenta orgulloso que Ramflor mantiene la clientela “de toda la vida” a la vez que ha sabido atraer a gente más joven que llega a la pastelería atraída por las redes sociales y buscando esos productos más especiales como los croissants rellenos de galletas lotus, kinder bueno, nutela o el de Dubai.
El motivo del traspaso no es económico —el negocio sigue funcionando a pleno rendimiento— sino de fuerza mayor. Un problema en sus manos le obliga a parar, al menos un año: “tener una pastelería de cara al público a medio gas y hacer esperar a la clientela que te compra todas las semanas, es inviable”, confiesa Nicolás quien ansía que el traspaso pueda salvar la marca 'Ramflor'. La fecha límite aún está en el aire, pero asegura buscar alguna fórmula para hacer llegar a sus fieles los míticos roscones de reyes.
0