El triunfo de la paciencia y el rigor ecológico en el olivar de Alfaro: “Cuando tratas bien a la tierra, te lo devuelve con creces”
La familia Catalán, al igual que todos los productores de aceite de oliva virgen extra de La Rioja, tiene claro que no puede competir en cantidad con las almazaras de otras regiones como Andalucía. Por eso, su foco ha estado siempre puesto en la calidad. También en la tradición y en el respeto al medio ambiente. Sobre esos pilares fundaron la Almazara Ecológica de La Rioja los hermanos Isaac, Jesús y Vicente Catalán hace ya tres décadas.
En 1996 decidieron retomar el cultivo del olivo, recuperando una tradición que se había perdido en Alfaro en la década de los 50. Y decidieron hacerlo en ecológico por pura convicción cuando nadie lo hacía en la zona; por respeto a su entorno, por la creencia firme de que, si mantenían el ecosistema libre de productos químicos, la tierra lo agradecería ofreciendo un producto de mayor calidad. Apenas tres años después construyeron su propia almazara para poder controlar el proceso completo.
Así, fruto de un olivar plantado en suelo calizo y poco profundo, entre el monte Yerga y el río Ebro, nace ISUL, un aceite único, de resistencia. Y es que, en un mercado globalizado donde el aceite viaja miles de kilómetros en camiones cisterna, ellos proponen un modelo de ciclo cerrado basado en un suelo rico, un cultivo limpio y el embotellado siempre en origen: un auténtico producto de kilómetro cero.
Han sido años de mucho trabajo pero también de grandes alegrías y reconocimientos, tanto en forma de premios como de la respuesta de los propios consumidores. También ha tocado actualizarse en más de una ocasión y así llegó en 2022 su página web y con ella, la venta directa que lleva sus garrafas metálicas de cinco litros a todos los rincones de España. Los fundadores tienen claro además que es el turno de la nueva generación. Isaac y Saúl (cuyas iniciales dieron nombre a la marca ISUL) han decidido continuar con el negocio de su padre y sus tíos, de quienes llevan años aprendiendo. “Yo siempre lo tuve claro y dirigí mis estudios a ello”, explica Isaac, “mi hermano dudó en algún momento pero ha decidido sumarse. Al final, las ganas lo compensan todo y esto es un proyecto familiar”.
Utilizan métodos de cultivo que reducen el rendimiento de kilos por olivo, por lo que el coste de producción aumenta, pero hace que la oliva carezca totalmente de residuos. Esto supone un claro beneficio para la salud de los consumidores pero también para la tierra ya que se elimina la posibilidad de que las aguas subterráneas, el aire y los estratos de la tierra sean contaminados con nitritos y otros residuos peligrosos para el medio ambiente. “El resultado se nota”, explica Isaac Catalán, “cuando cultivas la tierra tratando bien al ecosistema, ella te lo devuelve con creces, con las mejores calidades”.
El futuro de ISUL, en manos de Isaac y Saúl, no solo asegura la continuidad de un apellido en el campo alfareño, sino la pervivencia de una filosofía que entiende la agricultura como un ejercicio de responsabilidad civil. En un contexto de crisis climática y despersonalización alimentaria, el empeño de la familia Catalán por mantener un ciclo cerrado y limpio demuestra que la rentabilidad no tiene por qué estar reñida con la salud del territorio. Al final, cada gota de este aceite de resistencia es el testimonio de tres décadas de coherencia: la prueba de que, cuando se mima el ecosistema, la tierra riojana devuelve el gesto con un producto que alimenta, pero que sobre todo, respeta la vida.
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