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El cruceiro de Madrid destrozado que Ayuso y Vox atribuyen al odio contra los cristianos fue derribado por accidente

Imagen del cruceiro caído.

La camarera del bar de enfrente dice que fue un accidente, el dependiente de la tienda de la esquina dice que fue un accidente y la administrativa de la entidad afectada dice que les contó la policía que fue un accidente. A pesar de ello, Isabel Díaz-Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia y Jorge Buxadé, eurodiputado de Vox, se han lanzado este fin de semana a las redes para denunciar que el 'cruceiro' donado en 1998 por el Centro Gallego y la Xunta a Madrid e instalado en la plaza de Jacinto Benavente lo tiraron adrede unos vándalos que querían "atacar valores y sensibilidades" (Ayuso), romper "profundos y sólidos vínculos" (Feijóo) o expresar "odio religioso" (Buxadé).

El suceso se produjo el miércoles 6 de noviembre a las 12.45, según consta en las fotos que tomó al momento Dori Rochita, camarera del bar Café & Tapas, contiguo a la cruz caída, que quiso mandar inmediato aviso gráfico a su jefe. "Fue un chico que se quería hacer una foto", dice hoy al mediodía esta testigo, que insiste en que el cruceiro lo tiró el hombre sin querer. En la esquina de enfrente está la tienda Souvenirs Madrid, donde trabaja Ángel, quien asegura que también estaba allí el día 6 y define sucesivamente a los "seis o siete" que aparecieron por la plaza entonces como "cantantes", "maleantes", "jipis" o "anarquistas", que llegaron dando tumbos, uno de ellos "loco", tirándose por el suelo, y cantando "contra el Estado". Se subió al crucero y se vino abajo. El dependiente señala que no fue adrede.

El cruceiro lo donaron el Centro Gallego y la Xunta de Galicia a Madrid el 25 de julio de 1998, día del Apóstol, de Galicia sin más o de la patria, según a quién se le pregunte. Gobernaba el PP con una de esas aplastantes mayorías absolutas de Manuel Fraga que ahora emula Feijóo. "Gratitud histórica y centenaria. Galicia en Madrid", reza el pie del monumento. La sede del Centro Gallego está justo al lado, y la administrativa, Mari Carmen, contesta al teléfono: "Lo que nos ha contado la policía municipal es que fue un acto imprudente y ya tienen a la persona. No tiene pinta de que haya sido aposta o con ninguna intención, según lo que nos han dicho".

La policía en seguida dio con el torpe, según Ángel. Pero hoy a las 13.30 los agentes volvieron al área a preguntar. "Se han ido justo cuando entrabas tú", indicó Rochita, la camarera. La vendedora del quiosco de la ONCE, que está justo al lado, señala que no se dio cuenta del momento de la caída, pero sí del chico subido a la peana, y después, de la llegada de la policía. 

El incidente ocurrió hace 10 días, pero en el Ayuntamiento no tenían claro este mediodía qué había pasado con la pieza, según una portavoz municipal. El caso es que el sábado 14, a la hora del vermú, disparó el eurodiputado Buxadé en la red social Twitter: "El odio anticristiano se extiende por las calles de España […] El cruceiro gallego de la Plaza Benavente de Madrid derribado. No es vandalismo, es odio religioso".  Le siguieron Ayuso y Feijóo horas después, cuando ya tocaba ir pensando en hacer la cena. La presidenta madrileña acusó: "Unos vándalos han destrozado el Cruceiro de la Plaza de Benavente de Madrid.

El cruceiro era un regalo de Galicia a la capital de España. Se empieza por lugares de culto, por atacar valores y sensibilidades, y se sigue así. Este delito debe investigarse y poner a los culpables ante la ley". Poco después, el líder gallego, encuadrado en el ala moderada del PP: "Ningún acto vandálico podrá romper los profundos y sólidos vínculos que nos unen. Galicia volverá a regalar a Madrid un nuevo símbolo de nuestra cohesión, aún más resistente y duradero". A los coros se sumó al día siguiente algún preocupado personaje televisivo.

La agrupación ultracatólica Abogados Cristianos ha anunciado ya una denuncia: "Lo tildan de vandalismo pero de nuevo el objeto del ataque es un monumento cristiano. Esto cada vez va a más. Los ataques a la libertad religiosa no pueden quedar impunes".

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