Aficionados del Rayo Vallecano reconstruyen la historia perdida del estadio como campo de concentración
El pasado 16 de abril el Rayo Vallecano certificaba en Atenas su paso a semifinales de la Conference League ante 1500 aficionados del equipo, que se desplazaron a la capital griega para presenciar uno de los partidos más importantes de la historia del club. Solo dos días antes, alguno de los hinchas de La Franja que ese día animaban a su Rayo estaba en un emotivo acto de recuperación de la memoria histórica de su campo. No cabe duda de que, el de Vallecas, es uno de los equipos cuya impronta trasciende más lo puramente deportivo.
El proyecto por la recuperación del campo de concentración de Vallecas sale de Bukaneros e implica de manera más directa a un grupo de personas reunidas para la ocasión, que está trabajando en la elaboración de un libro (saldrá principios de 2027) como punta de lanza de un intento más amplio por conocer y divulgar el campo.
Poco antes de terminar la guerra, Franco autorizó a sus generales a abrir campos de concentración “en los sitios que estimen más conveniente, por razones de higiene, vías de comunicación y emplazamiento”. El periodista e investigador Carlos Hernández de Miguel contabilizó 298 campos de concentración en España, por los que pasaron entre 700.000 y un millón de españoles.
Uno de los lugares que se habilitaron a tal efecto fue el campo de Vallecas. Allí recabaron gran número de vallecanos y madrileños procedentes de toda la ciudad. Empezó a funcionar el 1 de abril de 1939 y el día 4 ya tenía más de 9.500 prisioneros. Su vida fue efímera, por lo que se conoce poco del mismo.
Durante el acto del día 14, hablaron seis o siete descendientes de personas internadas en el campo de concentración y se logró el contacto de varios familiares más. Este es uno de los objetivos de estas presentaciones: localizar más testimonios y seguir recabando retazos de memoria sobre una experiencia carcelaria muy desconocida. También se puede contactar con ellos a través de internet.
Hablamos con Juan Jiménez Mancha, bibliotecario-archivero e historiador de lo vallecano, que coordina el proyecto. Alrededor de la mesita de una cafetería del barrio de Vicálvaro, fue desgranando la intrahistoria y la marcha de este proyecto, inusual en un equipo de fútbol. “Era frecuente entre la gente que hablamos o escribimos sobre la historia del Rayo que saliera el tema del campo de concentración del Estado de Vallecas. Siempre contábamos lo mismo: que había durado un mes, que había llegado a albergar a cerca de 10.000 prisioneros… y poco más. Pero paralelamente ha ido creciendo el interés de la afición por la historia del equipo”, explica.
El origen del proyecto hay que buscarlo en unas jornadas de memoria histórica sobre el campo de concentración celebradas en el Ateneo Republicano de Vallecas en 2025, de cuya organización se hizo cargo Bukaneros. La experiencia tendrá lugar de nuevo el próximo 26 de abril en el mismo lugar, durante las segundas jornadas organizadas por Bukaneros y la agrupación de peñas ADRV.
Juan insiste, una y otra vez, en que hablamos de un proyecto coral. Su trayectoria como historiador del Rayo le hace un perfecto coordinador y, para esta entrevista, portavoz de este proyecto, que se está desarrollando con una perspectiva horizontal. Ha escrito un libro sobre la historia del Rayo, otro del Cerro del Tío Pío (antes de ser el parque de las Tetas) y una biografía de Felines, la leyenda rayista.
En Madrid hubo al menos 16 campos de concentración y está muy poco contado. Salvo el del Grupo Escolar Miguel de Unamuno, en Delicias, duraron poco tiempo. Hoy decimos que eran campos de clasificación, temporales, pero cuando lo estudias te das cuenta de que no se puede estar seguro de que nacieran con esa intención
En aquellas primeras jornadas los acompañó Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Jiménez Mancha solo tiene buenas palabras para él y para el difunto Carlos Hernández de Miguel, autor de Los campos de concentración de Franco. Ambos siguieron de cerca el crecimiento del proyecto sobre el campo de Vallecas.
“Hablamos de proyecto porque no es solo el libro, también vamos a difundir la historia del campo de concentración que estamos rescatando, lo vamos a llevar, por ejemplo, a centros educativos y todo tipo de colectivos de Vallecas y otros barrios de Madrid”, advierte.
“En Madrid hubo al menos 16 campos de concentración y está muy poco contado. Salvo el del Grupo Escolar Miguel de Unamuno, en Delicias, duraron poco tiempo. Hoy decimos que eran campos de clasificación, temporales, pero cuando lo estudias en profundidad te das cuenta de que no se puede estar seguro de que nacieran con esa intención, no hay documentos que así lo certifiquen. Lo que si es verdad es que había tanto rojo en Madrid que se vieron sobrepasados”, explica.
El ochenta por ciento del colectivo que está llevando a cabo la investigación son gente del Rayo Vallecano, un grupo de aficionados al fútbol que son, a la vez, profesionales con diversos perfiles perfectos para llevar a cabo la empresa. “Cuando vamos a los sitios decimos: somos los del Rayo. Llama mucho la atención a la gente”, cuenta con gracia Juan. A continuación, resalta el carácter solidario que tiene una gran parte de la afición del equipo vallecano, y encuentra ecos de este carácter en las historias que están rescatando. La de las mujeres vallecanas llevando comida y mantas clandestinamente a los presos durante aquellos días lluviosos de abril, por ejemplo.
En el viejo Estadio de Vallecas, inaugurado en 1930, jugaba como local el Racing de Madrid, un equipo histórico de Chamberí cuya camiseta lucía rayas rojas y negras. La extensión de la Línea 1 de metro hasta Puente de Vallecas había acercado aún más Vallecas a Madrid de lo que ya estaba, lo que hizo que el equipo chamberilano se decantase por esta ubicación para hacerse con un moderno estadio. El esfuerzo económico le costó la ruina y lo llevó a la desaparición en 1931. Su fantástica historia está muy bien contada en En El último gol apache, de José Manuel Ruiz Blas, por cierto. El Athletic de Madrid también hizo uso del campo antes y después de la guerra, mientras se reconstruía el Stadium Metropolitano, muy dañado durante la contienda.
Pero en el ínterin, antes de que el fútbol regresara a Madrid con un Aviación Nacional-Deportivo Alavés celebrado el 2 de mayo de 1939 en Vallecas, el estadio fue campo de concentración, como hemos explicado. También lo fueron otros espacios grandes como Las Ventas, la plaza de toros Carabanchel, el viejo Chamartín o el Metropolitano
En 1972 se emprendió la demolición del campo y su sustitución por el actual campo de Vallecas en el mismo lugar. Durante los años en los que se prolongaron las obras, el Rayo jugó en el estadio de Vallehermoso y en 1976 se inauguró el nuevo coso.
“Ha habido gente que ha tenido una relación muy importante con el campo. En la elaboración del libro participan familias que pertenecen a varias generaciones de rayistas y vallecanos. Contamos con el caso de una persona cuyos padre y abuelo estuvieron en el campo. Su padre era del Rayo y empezó a llevarle al campo de Vallecas. Es gente que ha tenido una relación muy especial con el lugar porque aunque el campo original se tirara el nuevo está en el mismo sitio y sus sentimientos atraviesan el cemento”, relata Jiménez Mancha.
Han peinado archivos y hemerotecas en busca de la poca información disponible sobre el campo, pero los testimonios de familiares serán una de las piedras angulares del libro. “Es un trabajo que se está haciendo colocando ladrillo a ladrillo. Hay muy poca información y estamos reconstruyendo una historia diseminada por toda España porque hubo gente de todos lados. Por eso, aunque ya hemos recogido muchos testimonios, estamos abiertos a que nos lleguen los más posibles. Hay gente que piensa que no merece la pena porque saben poco pero no es así, esa anécdota que contaba puede ser importante. No hay ninguna relación de la gente que estuvo en el campo de concentración así que son muy significativos todos los nombres y también todos los silencios”, explica.
Desde el grupo parecen mirar con cierta envidia los pocos casos de recuperación de la memoria histórica paralelos al suyo que han ido apareciendo en los últimos años con apoyos oficiales. Se han puesto en contacto con ellos desde el Centro de Memoria Histórica de Miranda del Ebro, montado a partir del campo de concentración que hubo allí, que fue el que más longevo de la posguerra. Pronto irán a visitarlo. Pero a pesar de la falta de apoyos institucionales –desde administraciones o el propio club– están acostumbrados a montárselo por su cuenta, demostrando la potencia de la afición de un equipo de barrio cuya afición ha sabido hacer universal desde el orgullo local.