Máxima protección para la histórica fábrica de cervezas de Madrid, ahora reconvertida en polo cultural

Somos Arganzuela

20 de febrero de 2026 16:46 h

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La Comunidad de Madrid ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Sitio Industrial, la antigua fábrica de Cervezas El Águila, en Arganzuela. No es un trámite menor: hablamos de uno de los edificios más emblemáticos y mejor conservados del Madrid industrial de principios del siglo XX. Un pedazo de ciudad que pasó de oler a malta a custodiar manuscritos.

Levantado en 1912 y diseñado por el arquitecto Eugenio Jiménez Corera, el complejo responde al estilo neomudéjar que marcó la arquitectura fabril madrileña de la época. Mucho ladrillo visto, ritmo en las fachadas y una contundencia constructiva que todavía hoy impone. El ladrillo no era solo decoración: era estructura, economía y modernidad.

El antiguo complejo es hoy sede del Archivo y la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid. Gracias a esta declaración de protección, el Ejecutivo autonómico garantiza la conservación de los elementos arquitectónicos originales de los siete pabellones que integran el conjunto. Entre los componentes preservados se encuentran los muros perimetrales de fachada, las cubiertas de madera del pabellón de los primeros silos y, parcialmente, las correspondientes al área de maltería, piezas fundamentales para comprender la lógica constructiva y funcional del complejo.

La organización espacial que pueden visitar los madrileños hoy en día respondía a las distintas fases del proceso cervecero: en el centro de la parcela se situaba el edificio de mayor volumen, actualmente convertido en Archivo Regional, que constituía el núcleo visual y operativo del recinto. En el sector oeste se encontraba la maltería —hoy Biblioteca Regional Joaquín Leguina—, donde se desarrollaba una parte esencial del proceso de elaboración previa a la fermentación y el embotellado. El ala este estaba destinada a las bodegas: un inmueble de tres alturas dedicado al envasado y almacenamiento del producto terminado.

Exteriormente, el conjunto comparte rasgos formales con otras edificaciones coetáneas del Madrid industrial, como los antiguos almacenes de Tabacalera (1891) o la fábrica de Mahou en la calle Amaniel (1892), ejemplos igualmente representativos del lenguaje neomudéjar aplicado a usos fabriles.

Como empresa de derivados del lúpulo, Cervezas El Águila, S. A. alcanzó en la segunda década del siglo XX una cuota de mercado cercana al 25%, consolidándose como una de las compañías líderes del sector en España. Durante la Guerra Civil fue incautada por el Gobierno de la República. Desués del conflicto, la propiedad fue recuperada y se emprendieron diversas ampliaciones para adaptarse a las nuevas demandas productivas, entre ellas la elevación del área de botillería y la construcción de un edificio de talleres en la esquina de las calles Bustamante y Vara del Rey.

A finales de los años sesenta entró en funcionamiento una nueva fábrica en San Sebastián de los Reyes, lo que permitió que ambas instalaciones convivieran durante un tiempo. Sin embargo, la actividad en la planta madrileña cesó definitivamente a mediados de los años ochenta. El complejo permaneció sin uso hasta 1993, cuando pasó a integrarse en el patrimonio del Ejecutivo regional, iniciándose su rehabilitación y transformación en equipamiento cultural público, símbolo de la reconversión del pasado industrial de Madrid en espacio de memoria y conocimiento.