Por qué no tiene sentido que el Ayuntamiento de Madrid recuerde a los comuneros con una estatua a Juana I de Castilla

Boceto de Eugenio Oliva para el fresco “Los comuneros visitando a doña Juana“

El pasado 11 de mayo se supo que Madrid homenajearía a los comuneros con una estatua en el centro de la capital. Diez días después, nos desayunamos con la concreción del homenaje por parte del área de Cultura, Turismo y Deporte, encabezado por Andrea Levy: la estatua representará a Juana I de Castilla y será colocada en el Paseo de los Reyes, en El Retiro. La estatua, que se colocará el próximo otoño, ha sido diseñada por la artista Iria Groba.

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En el quinto centenario de la batalla de Villalar, las Comunidades están de moda. En Madrid se ha celebrado el ciclo de conferencias titulado Madrid y las Comunidades de Castilla 1521-2021 para sacar a la luz el poco conocido papel de Madrid en las Comunidades. En la sesión de clausura pudo escucharse, precisamente, la conferencia La reina Juana, Madrid y las Comunidades de Castilla

La elección de Juana I de Castilla (conocida popularmente por el apelativo despectivo de La Loca) fue sorprendente para muchos, por lo que hemos decidido pulsar la opinión al respecto de algunos especialistas. Le damos la noticia de la elección al  historiador Ángel Carrasco Tezanos, autor del libro sobre el tema A voz de Comunidad. La rebelión comunera en Alcalá de Henares, 1520-1521 (Domiduca, 2016), que la recibe con sorpresa:

“La noticia me ha dejado perplejo porque la reina Juana fue un personaje tangencial en la revolución de las Comunidades de Castilla.  No tuvo un papel político activo, como María Pacheco, la mujer de Juan Padilla, ni tampoco podemos decir que prestara un apoyo explícito a la causa de los rebeldes. Los comuneros contactaron con ella porque era nominalmente la reina de Castilla (en la práctica llevaba apartada del trono y encerrada en Tordesillas desde 1506) y querían dar legitimidad a sus acciones logrando que la reina firmara las resoluciones de la Santa Junta, el máximo órgano político que habían erigido las ciudades comuneras. Sin embargo, Juana no firmó ningún documento. La relación entre Juana y los comuneros duró, además, poco (de agosto a diciembre de 1520), porque las tropas realistas tomaron Tordesillas y volvieron a poner a Juana bajo el control de Carlos I. La revolución duró varios meses más (en Toledo más de un año)”.

Para el también historiador y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid José Nieto, que ofreció el pasado 14 de abril un interesante análisis social de las Comunidades durante una conferencia en Alcalá de Henares, la elección es sorprendente y errática. Nieto, que ha trabajado mucho sobre la historia del trabajo, las clases populares y los artesanos, destaca la importancia de la participación popular de la revolución comunera, que vendría a sumarse a otros grupos participantes en la misma a los que se ha atendido más, como el clero o el patriciado urbano.

 “Sabemos que el 30% de los represaliados fueron artesanos (y no conocemos la represión extrajudicial, que fue muy numerosa), la historiografía ha aumentado en los últimos años la participación de las clases populares en las Comunidades, particularmente de los artesanos”. En su opinión, hay en el ideario comunero un impulso más reformista y otro más revolucionario y el ideario que las clases populares y artesanas marcaría los momentos más radicales. Las ideas políticas de las clases populares nos han llegado más por sus acciones que por escritos: su participación  en la revocación de las corregidurías y de las varas de los alguaciles, la apertura de los concejos a la participación popular (con sesiones abiertas y públicas), la toma de decisiones por aclamación ante el nerviosismo de los secretarios, la importancia que tienen los pecheros en el gobierno de la ciudad, acciones concretas como repartos de trigo… 

“Álvaro de Zúñiga, Prior de la orden de San Juan, afirmó que la intención de la gente baja es buscar la igualdad de bienes”, dice Nieto, que recuerda que en el campo hay, además, una importante reacción antiseñorial. La elección de Juana, por más que los comuneros buscaran legitimidad en su figura en un momento dado, no parece representativa de la diversidad social y el devenir de los hechos del movimiento, por lo tanto.

¿Elección errática, solución de compromiso o decisión política? En los últimos tiempos la estatuaria ha vuelto a ser vía de circulación de ideas en el espacio público para la derecha política y el nacionalismo español. Los últimos monumentos dedicados en Madrid a Blas de Lezo en Colón o a los últimos de Filipinas en Chamberí, como el hiperrealismo patriótico del pintor Augusto Ferrer-Dalmau o la omnipresente resurrección de la Leyenda negra española en redes sociales, señalan en la misma dirección que la inauguración de banderas de España gigantescas en distintos punto de la ciudad. La memoria comunera, sin embargo, solía estar más asociada a las tradiciones republicanas y de izquierdas desde hace mucho tiempo, razón por la que sorprendió a muchos el anuncio inicial del homenaje.

Miguel Martínez, que ha publicado este año en Hoja de Lata Comuneros. El rayo y la semilla (1520-1521), encuentra que se trata de una decisión muy consciente:

“La primera reacción a la noticia es pensar que es algo disparatado, pero no lo es tanto, están aprovechando la dinámica de las conmemoraciones, la lógica de condensar espectacularmente narrativas, para celebrar en realidad otra cosa distinta. Es explicable si uno ha seguido cómo ha transcurrido la celebración del centenario en Castilla y León. Yo lo leo como un giro interpretativo en la derecha, que pasó de denostar y oponerse a la memoria comunera, a luego a despreciarla y en este tercer momento trata de girar el debate en relación a la monarquía constitucional. El momento más emblemático de esto fue cuando la comisión oficial de la conmemoración en Castilla y León nombró a Felipe VI Presidente de Honor de los actos conmemorativos. Han tratado de disputar la memoria comunera a una tradición muy rica y plural de reivindicaciones de la izquierda para celebrar una apuesta monárquica renovada. Aprovechar la poca energía del centenario comunero para lanzar la agenda monárquica".

Cabe preguntarse si una estatua a Juana I no sirve de cierre por arriba para la memoria de los comuneros en Madrid, ciertamente poco conocida a pesar de que tuvo una participación reseñable en las Comunidades. Al fin y al cabo, la elección de la reina castellana podría taponar el recuerdo de la multitud congregada frente a la Casa de los Vargas ( en la Plaza de la Paja) para asaltarla y repartir las armas o el asedio al alcazar.

En palabras de Ángel Carrasco Tezanos:

“Aunque todavía falta una monografía sobre el Madrid comunero, se sabe que fue uno de los principales focos de la revuelta. Su implicación tanto a nivel político como militar fue total. Estuvo entre las primeras ciudades que se sumaron a la rebelión y se mantuvo firme hasta la derrota de Villalar. Su intervención fue también decisiva para que Alcalá de Henares se sumara a la rebelión en septiembre de 1520. Incluso después de la derrota hubo manifestaciones a favor de la liberación de Juan Negrete, uno de los principales líderes comuneros de la villa, que fueron duramente reprimidas por el corregidor.

Como en todas las ciudades comuneras, en Madrid se produjo una revolución a nivel municipal con la entrada en el ayuntamiento de los representantes del Común urbano, nombre con el que se conocía entonces a los vecinos del estamento no privilegiado, o sea, a la mayor parte de la población masculina, excluida hasta entonces del poder político (las mujeres en cualquier caso siempre estaban excluidas). La revolución de las Comunidades de Castilla no solo quiso cambiar la constitución política del reino (limitando el poder del monarca y reforzando el de las Cortes) sino que impulsó la democratización de las instituciones municipales al dar voz y voto a los que no la tenían (aunque solo a los varones). Con la derrota de los comuneros, todos estos avances fueron suprimidos”.

Martínez, lo ve de manera muy similar:

“Choca la elección porque Madrid fue ferozmente comunera, hay una carta de Julio del 20 en la que Adriano de Utrecht, el gobernador, le escribe a Carlos: “Madrid se ha confederado del todo con Toledo”, y añade que son pertinaces. Madrid pertenece rebelde hasta un mes después de la derrota de Villalar, envía columnas de infantería en todas las ocasiones en las que necesita, hay sátiras de cien años después en la que se burlan de Madrid como sediciosa…. En junio de 1521 hay testimonios de una multitud campesina que entra en Madrid para intentar liberar a los presos políticos comuneros”.

Entonces, ¿que figura hubiera sido más adecuada para homenajear a los comuneros en Madrid de forma más ajustada a la realidad histórica? Todos los historiadores consultados coinciden en que la figura más obvia es la de Juan Zapata, el capitán comunero más conocido de Madrid. Carrasco aporta también el nombre de Juan Negrete, Martínez apunta el de Diego de Madrid, un diputado pechero que participa en la Junta de Ávila, y Nieto aporta que, puestos a buscar una figura femenina, aunque no sea madrileña, sería clara la imagen de María Pacheco. 

Cabría añadir que, siendo las Comunidades un hecho colectivo, mediado por distintos grupos sociales, podría haberse buscado la imagen de un sujeto colectivo. Lo que está claro es que Juana I de Castilla, si bien puede merecer la rehabilitación de su nombre -se ha venido llevando a cabo los últimos años pero sigue siendo popularmente- conocida como “la loca”- no es el motivo adecuado para recordar a los comuneros de Madrid.

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