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Seis canciones de Biznaga sobre el malestar en la ciudad, con Madrid de fondo

Luis de la Cruz

Madrid —
24 de abril de 2026 22:09 h

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El viernes 27 de marzo (y el 28) Biznaga volvieron a hacer de La Riviera un lleno de sudor arrebatado y afonías. No era la primera vez que le prestaban al Sindicato de Inquilinas un ratito de escenario. En esta ocasión, para explicar cómo pedir la prórroga de los contratos de alquiler, un posicionamiento público similar al que ya habían mostrado antes, actuando en actos de apoyo a los vecinos de un bloque de Lavapiés en lucha contra la expulsión, por ejemplo.

Los pogos de sus conciertos albergan una mezcla generacional poco habitual que solo puede indicar una cosa: han sabido leer el momento. Con sus latigazos punks y sus fogonazos pop han dado voz más al grito de un momento que a una generación, y lo han hecho con letras cada vez más directas que sitúan la ciudad como algo más que un ambiente.

El debut en larga duración del grupo (Centro Dramático Nacional, 2014) ya incluía un tema de tintes oscuros llamado Ciudad de la imagen que marcaba impresionistamente el escenario urbano para dejar un breve lamento nihilista. Y en Una ciudad cualquiera (Sentido del Espectáculo, 2017) ya dejaban claro que lo suyo quería tener un ramalazo callejero, uno que se fijara en las calles. Lo hacían entonces de una forma más expresiva y menos analítica que en los últimos trabajos, pero afirmaban que se fijaban en “fosas comunes, hileras de bloques”, de “una ciudad cualquiera para morir”.

No-Lugar (Gran pantalla. 2020) cogía el concepto del antropólogo Marc Augé (“un espacio intercambiable donde el ser humano permanece anónimo”, dice Wikipedia) para desgranar una serie de escenarios urbanos que definen al habitante contemporáneo de la ciudad: la M-30, la pantalla –cuota metafórica–, el Primark, el gimnasio, la oficina, el cementerio… en el vídeo sale mucho Madrid, incluidos salones de apuestas, lavanderías o la oficina de empleo.

Inapelable como himno es ya Madrid nos pertenece (Bremen no existe, 2022), una carta de amor y odio rabiosa que se ha convertido en momento álgido de sus actuaciones en la capital. La impugnación de “ver Madrid arder” y la celebración de la chavalada organizándose, “de Hotaleza a Carabanchel”, que anticipa el anhelo de “tiempos nuevos y salvajes”. Y repetir, una y otra vez “Madrid nos pertenece a ti y a mí” para tirar hacia delante juntos.

El vídeo está grabado con marionetas y mucho humor en el bar Weirdo de Malasaña, entre otras localizaciones reconocibles de Madrid, como el viaducto, la Gran Vía o el entorno malasañero. Es impagable.

¡Ahora! (2024) es seguramente el disco en el que la ciudad aparece de una forma más evidente, consciente y elaborada dentro del repertorio de Biznaga. Un álbum que se presenta con un poco inocente muro de ladrillo rojo por portada y enuncia la ciudad como un problema y un derecho. Si nos permiten ser un poco malos –cariñosamente malos– el disco podría ser el catálogo editorial de la nueva temporada de Capitán Swing. Y está bien así.

El ejemplo más evidente podría ser El futuro sobre plano, que lleva al estribillo un célebre lema del filósofo Henri Lefebvre: “el derecho a la ciudad”. Los Biznaga piden proyectar sin miedo para “habitar con dignidad” frente a “el plan urbanístico actual”, que consiste, nos cuentan (y lo sabemos), en privatizar y especular. El vídeo demuestra que la canción es parte misma del movimiento por la vivienda y sus luchas.

Encontramos en el mismo disco Réquiem por un rider, que glosa la vida y la tragedia de uno de los vecinos más definitorios del actual estado de precariedad urbano. Este pasaba por General Ricardos “como un rayo” y era como tantos otros: “Eras especial / solo otro en la ciudad / harto de esperar / algo más”. Compuesta desde un lugar similar, encontramos en el mismo trabajo Lorazepam y plataformas, que viene a insistir en una de las constantes de la vida urbana contemporánea: la fragilidad económica que destroza vidas y la salud mental.

Y el ambiente urbano ya está presente por todos lados en el universo Biznaga. Las afinidades eléctricas es una reivindicación de la amistad con guiño en el título a la novela de Goethe Las afinidades electivas. “La noche en llamas como un contenedor / perdido en calle sin final”. ¿No suena a revuelta urbana?

Como lo es el vídeo que ilustra Imaginación política, con mucha calle, tejado, perfil de la ciudad de Madrid y, sobre todo, el EKO Carabanchel, probablemente el centro social okupado más importante en la actualidad. Por lo demás, un ejemplo más de su grito contra los malestares contemporáneos que queda enmarcado en nuestra región con un solo verso: “Libertad, qué buen eslogan”.

Las raíces de Biznaga son malagueñas y su nombre se refiere a una flor local de vida efímera. Su crecimiento como grupo ha pasado por la Hortaleza barrionalista de su batería y por Carabanchel. Pero sus canciones, a menudo situadas en la ciudad como sujeto, podrían sonar familiares a todas las víctimas de la creciente epidemia ciudadana del estado de malestar.