Victoria para la comunidad musulmana de Madrid: la empresa funeraria municipal gestionará los entierros

Lápidas ubicadas en el cementerio musulmán de Griñón (Madrid).

El agente municipal que acompañó a Maysoun Douas al entierro de su padre no entendía por qué habían elegido un lugar tan alejado para enterrarlo. Se encontraban en el cementerio de Griñón, a 40 minutos en coche de Madrid y de complicado acceso en transporte público. Pero enterrarlo allí no había sido una elección sino una imposición: no había otro lugar en la región donde pudiera ser inhumado, según la tradición musulmana. La concejala de Más Madrid relató esta anécdota en el Pleno de principios de agosto que otorgó una victoria histórica a la comunidad: la funeraria municipal acondicionará una parcela de 10.000 m2 en el cementerio de Carabanchel para entierros que sigan la tradición musulmana y será, a partir de ahora, la encargada de gestionar las inhumaciones que allí se realicen.

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“¿Cómo explicar o cómo justificar que una persona española, con numero de DNI, que había jurado lealtad a la bandera, a la constitución y al rey, que había contribuido a la formación de generaciones, que había contribuido a la automatización de navíos pesqueros en alta mar, que había contribuido a la automatización de varias fabricas en buena parte de España, que había pagado sus impuestos y era un ciudadanos como ustedes, le estaba pasando eso, a él y a su familia?”, lamentaba la concejala en su alegato a favor de la proposición del Grupo Socialista para que la Empresa Municipal de Servicios Funerarios y Cementerios de Madrid gestione estas inhumaciones, una pelea histórica de la comunidad musulmana que hasta ahora solo podía velar a sus fallecidos en el cementerio del pueblo madrileño donde durante años fue enterrada la Guardia Mora de Franco.

Douas ha expresado en elDiario.es su alegría por que la propuesta salga adelante. “Por primera vez se establece dónde se va a poner esa parcela, cómo se van a hacer los siguientes pasos, y por fin, entra también en valor el trabajo que se ha hecho desde la comisión de trabajo”, expresa la concejala, aunque asegura que “no hay que darse por satisfecho hasta verlo”. Sin embargo, ha hecho especial hincapié en el cambio de gestión. Hasta el momento, los enterramientos musulmanes en la Comunidad de Madrid han sido tramitados, en su mayoría, por el Centro Cultural Islámico –la mezquita de la M-30– y la Mezquita Central de Madrid –la de Estrecho–, en lugar de hacerlo a través de Empresa Municipal de Servicios Funerarios y Cementerios de Madrid, que es la que se encargará a partir de ahora.

Douas explica que ha estado vinculada a las dos mezquitas en distintos momentos de su vida, pero ahora lamenta que las entidades que las gestionan, entre las que se incluye la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), no han defendido los derechos de su comunidad. “Toda nuestra vida estábamos pensado que nuestros derechos estaban siendo representados por estas entidades, que ellas eran las que estaban defendiéndolos, buscándolos, reclamándolos y haciéndolos posibles”, señala la concejala, que recalca que la comunidad había delegado la lucha de sus derechos, entre ellos los de defunción y enterramiento, en dos entidades que lo que realmente hacían, dice, era aprovechar la situación.

“Estaban secuestrando todos nuestros derechos en lugar de hacerlos posibles, estaban entorpeciendo las conversaciones y estaban haciendo lo posible para que las cosas se quedaran tal cual están”, denuncia la concejala, que acusa a las dos mezquitas de entorpecer las conversaciones. También señala que la responsabilidad y la gestión debe estar en las manos de los municipios y no en las de las comunidades islámicas porque “existe una gran cantidad de irregularidades en la parte de defunciones y entierros de las que se están beneficiando unos pocos”.

Un camino de más de 15 años

La proposición del Grupo Socialista, que fue defendida por el concejal Ramón Silva, salió adelante con el apoyo de Más Madrid y el Grupo Mixto, la abstención de PP y Ciudadanos y el voto en contra de Vox. Sin embargo, no era la primera vez que se debatía este tema en el Pleno. En 2006, en PSOE planteó la misma proposición, que fue aprobada por unanimidad, pero que nunca se llevó a cabo. Diez años más tarde, el Gobierno de Manuela Carmena retomó de nuevo la idea, pero volvió a quedar congelada.

Silva encuentra dos razones para que, tras 16 años, no se hubiera hecho nada, porque “las conversaciones [entre el Consistorio y las dos mezquitas] se iban alargando, y no acababan de cerrarlo”. Por un lado, explica que “no siempre la coordinación entre los diferentes grupos islámicos es todo lo buena que debería”, lo que dificulta la comunicación y la toma de decisiones. Y por otro, sospecha que “el Ayuntamiento tenía más interés en vender una parcela y que lo gestionara cualquiera de estas dos comunidades”, una opción que se alejaba de las intenciones de la formación de Silva de garantizar un servicio público para la población musulmana, lo que motivó al edil a lanzar de nuevo la propuesta, pero esta vez con matices: una parcela ya seleccionada y la obligatoriedad de que la gestión de los enterramientos recaiga sobre en el Ayuntamiento, como lo hace con el resto de entierros que se producen en la ciudad.

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