Baja el número de averías graves pese al envejecimiento del parque

M. M.

El envejecimiento del parque automovilístico español es un dato ampliamente conocido tanto dentro como fuera del sector. Con una edad media en torno a los 14,5 años, España se sitúa entre los países europeos con los vehículos más antiguos en circulación. Durante la última década, esta realidad se ha visto acompañada, como es previsible, de un aumento sostenido de las averías graves, consecuencia directa del desgaste mecánico derivado de la falta de renovación del parque. Sin embargo, los datos más recientes apuntan a un cambio de tendencia que rompe, al menos parcialmente, con esta dinámica negativa.

Un estudio elaborado por Carly, empresa especializada en diagnóstico de automoción, muestra que en 2025 se ha producido una reducción significativa de los fallos críticos detectados en los vehículos que circulan por las carreteras españolas. El informe, basado en un universo de 627.000 diagnósticos realizados a lo largo del año, refleja una mejora real en la salud del parque móvil, pese a que su antigüedad media sigue siendo muy elevada.

En concreto, el porcentaje de vehículos con averías graves ha pasado del 39,5% en 2024 al 35,36 % el año pasado. Se trata de un descenso relevante, que marca un punto de inflexión tras varios años de empeoramiento continuado. No obstante, el dato sigue siendo motivo de preocupación: más de uno de cada tres coches presenta fallos críticos que pueden derivar en reparaciones costosas o en problemas de seguridad si no se actúa a tiempo.

La lectura de estos resultados exige matices. Aunque el parque continúa siendo viejo y vulnerable, 2025 ha cerrado con una reducción significativa de las averías más graves, cambio que no responde a un único factor, sino a la combinación de varias tendencias que empiezan a consolidarse en el mercado.

Una de las claves es la progresiva incorporación de vehículos híbridos y eléctricos. Aunque su peso en el conjunto del parque sigue siendo limitado, estos modelos son, en general, mucho más recientes que los de combustión tradicional. Su menor edad media y su arquitectura mecánica, con menos elementos sujetos a desgaste, contribuyen a reducir el volumen total de fallos críticos. Además, en muchos casos, estos vehículos incorporan sistemas de monitorización que facilitan la detección temprana de incidencias.

Cambio de hábitos

Otro factor relevante es el cambio de comportamiento entre los conductores. El informe apunta a un aumento de los diagnósticos preventivos y del mantenimiento básico realizado antes de momentos clave, como el paso por la ITV o la inminencia de desplazamientos largos. Esta mayor atención al estado del vehículo permite identificar problemas en fases iniciales, antes de que evolucionen hacia averías graves. En un contexto de precios elevados en el mercado de ocasión y de incertidumbre económica, mantener el coche en condiciones se percibe cada vez más como una inversión necesaria.

A ello se suma la salida natural de circulación de los coches más deteriorados. Vehículos antiguos con múltiples fallos críticos acumulados han sido dados de baja, vendidos para desguace o retirados por inviabilidad económica de la reparación. Este proceso, aunque lento, tiene un efecto estadístico claro: reduce el peso relativo de los coches en peor estado dentro del conjunto del parque. Conviene subrayar que esta mejora porcentual no implica que los vehículos estén libres de problemas, sino que una parte de las averías se detecta y se corrige antes de alcanzar un nivel crítico.

Pese a los avances, desde el ámbito del diagnóstico se insiste en la prudencia. La mejora observada no compensa décadas de envejecimiento ni elimina los riesgos asociados a un parque con una edad media tan elevada. La dependencia del vehículo privado, especialmente en zonas con menor oferta de transporte público, hace que muchos coches se mantengan en circulación más allá de lo recomendable desde el punto de vista técnico y ambiental.

En este sentido, los datos de 2025 pueden interpretarse como una señal positiva, pero insuficiente. La reducción de las averías graves muestra que la prevención, la tecnología y una renovación parcial del parque tienen efectos tangibles. Sin embargo, mientras la edad media siga creciendo y la renovación avance a un ritmo limitado, el sistema seguirá siendo frágil. El reto, por tanto, no es solo mantener esta tendencia, sino consolidarla y ampliarla en los próximos años.