Orgullo, prejuicios y banderas de colores
En los tiempos en que flamear banderas parece más una amenaza que una identidad, tranquiliza mucho ver que algunas, como la del arcoíris, son bonitas, luminosas, pacíficas, diversas. La bandera de mi país, la española, fue arriada desde los mástiles hasta nuestras muñecas con La Roja, cuando ganamos el Mundial de Fútbol y salimos a estrenar el subidón patrio en la fuente que tuviéramos más cerca. Seguimos llevando la rojigualda junto a la palestina, la del Camino de Santiago, o la de nuestro club preferido, el que sea. La multicolor, la del Orgullo, se izará hoy en las universidades públicas, en las instituciones, en balcones. Y donde cada uno quiera.
La diversidad era una palabra valiosa hace solo una década. Diversa era Berlín, epicentro de refugiados, con su centro de startups, que atrajo a la juventud de todo el mundo. En San Francisco, cuna del Pride, los gigantes tecnológicos ponían sus fortunas a los pies del presidente más infame que han tenido nunca en su país. Llenaron las redes sociales de caos. Acumulan más dinero que media humanidad. Diez años después, uno de esos millonetis ha publicado el manifiesto ‘Palantir’, que es el ‘Mein Kampf’ del siglo XXI, y el Papa, quien para sorpresa de nadie es contrario al matrimonio gay, ha contestado en su Encíclica ‘Magnifica Humanitas’ contra todas las declaraciones de ese sucio escupitajo.
Escupir a alguien es algo feo y muy mafioso. Gay Talese dedica unas líneas a eso del lapo, que es vocablo siciliano, en su monumental novela ‘Honrarás a tu padre’, que inspiró la serie ‘Los Soprano’. La Audiencia Provincial de Murcia dictaminó en una sentencia que gargajear a una persona es humillar. Esta semana, una madre y su hijo han sido denunciados en Cartagena por escupir y amenazar de muerte a un matrimonio de dos chicos treintañeros, vecinos de la calle. Tienen orden de alejamiento, pero el salivazo de maldición bíblica se expande, reptando como las tripas de Demi Moore en ‘La Sustancia’. Hace solo un par de días, un diputado del partido ese, ha regurgitado sobre el atril un montón de idioteces homófobas en la Asamblea Regional. Es la parida de este mes de los nuevos nazis, para ser protagonistas ellos y sus provocaciones, ahora que se celebra el Día del Orgullo. Como a estas alturas ya habrán conseguido publicidad sin pagar un duro de sus chiringuitos, no reproduzco por aquí la verborrea fecal, para que la página no se manche.
Desde el mundo virtual nos quieren hacer creer que hemos retrocedido una década, o vamos camino de hacerlo, por decreto. Luego está el mundo real. Al matrimonio lo ha defendido el propio vecindario, harto de ese bronco matoneo de balcón. En los bazares chinos se agotan las banderas del arcoíris. Han envejecido las parejas del mismo sexo que se casaron hace veinte años, sin que un rayo brote del suelo. Los hombres muy españoles que practican el cruising siguen a lo suyo, después de orinar agua bendita, en los parques y jardines. Las parejas de chicas jóvenes pasean de la mano por la calle, felices en su libertad. A pesar del ruido, nadie piensa devolver ni un nanogramo de sus derechos.
Nada hay más eficaz para las conquistas sociales que invocar la represión, como pasa con normalidad cíclica en la historia de la igualdad de género. Desde que tres mujeres trans racializadas (además) lideraron el movimiento de Stonewall, en el Nueva York de los setenta, junio recuerda al movimiento LGTBQ+. La noticia buena es que cincuenta y tantos años después, la sociedad avanza.
A los Javis les aplaudieron veintidós minutos en el estreno de su película ‘La bola negra´, estrenada en el pasado Festival de Cannes. Habla de memoria, de dolor y de deseo. Lorca dijo que hay que recordar hacia adelante, explicó Javier Ambrossi en un discurso lleno de emoción. Los huesos del poeta siguen en el barranco de Víznar. Rematado con un tiro en el culo, por maricón. Dispararon los mismos que ahora rugen. Aún no saben que este mundo no tiene sitio para ellos. Pero alegrarse, campeones. Disfrutad la fiesta. Igual hasta os dejan un poquito de plumón. O una bandera.
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