¿Quién rescatará al voto náufrago?
Siempre se ha dicho que la derecha vota. Que vota siempre. Mientras, una parte de la izquierda se queda en casa porque no le convence el candidato, está enfadada con su partido o sencillamente siente que no cree ni quiere formar parte del sistema. Eso sí, después puede pasarse cuatro años quejándose del resultado.
Pero si trazásemos una línea divisoria entre el sistema y nosotros, nos partiríamos por la mitad, porque somos sistema, también cuando decidimos no participar. Y la abstención tiene consecuencias.
Cada vez me interesa menos quién es de izquierdas o de derechas y centro más mi interés en quién ha dejado de saber a quién votar. Porque creo que hay un voto que durante mucho tiempo hemos llamado indeciso, desencantado o huérfano, pero empiezo a pensar que se parece más a un voto náufrago.
El huérfano ha perdido a alguien. El náufrago ha perdido el barco.
Y puede seguir sabiendo perfectamente de dónde viene. Puede continuar siendo de izquierdas o de derechas, pero haber dejado de reconocer como propio el barco en el que viajaba.
Durante los últimos años se ha agrandado la ruptura entre una parte de la ciudadanía y quienes la representan. Corrupción, promesas incumplidas, reproches cruzados y un Congreso que demasiadas veces contemplamos como un circo donde importa más demostrar que la culpa es del otro que encontrar una solución. La gente se cansa y, sobre todo, se agota de que la tomen por tonta. Ahí empieza a romperse algo más importante que la fidelidad a unas siglas: la credibilidad.
La Región de Murcia ofrece estos días una fotografía especialmente interesante. El último Barómetro de Verano del CEMOP sitúa al PP en el 43,1% de los votos, a Vox como segunda fuerza con un 25,4%, al PSOE en el 17,7% y a Podemos-IU-AV en el 5,3%.
Pero esa fotografía tiene una particularidad: fue tomada antes de que Pedro Sánchez anunciara las elecciones generales del 29 de noviembre. El trabajo de campo terminó el 17 de septiembre. Por tanto, el CEMOP nos dice dónde estaban los electores antes de que comenzara una campaña que intentará precisamente moverlos.
Y me interesa mucho más eso que la clasificación.
La inmigración, la vivienda y el coste de la vida aparecen entre las preocupaciones de los murcianos. Hay un dato especialmente revelador: el 72,1% de los encuestados considera que el impacto de la inmigración irregular influirá en su voto.
A la hora de votar ya no somos solamente lo que pensamos. También somos lo que necesitamos.
Y ahí volvemos al náufrago.
Hay antiguos votantes socialistas decepcionados. Hay votantes de una derecha moderada que podían reconocerse en un Partido Popular de gestión, experiencia y sentido institucional y que ahora contemplan su negociación constante con Vox. Hay antiguos votantes de Ciudadanos, quienes se abstuvieron y quienes siguen sin saber qué harán el 29 de noviembre cuando vuelvan a encontrarse delante de una urna.
El voto náufrago no es necesariamente de centro. Ese es, creo, uno de los errores que cometemos al intentar situarlo. Seguimos empeñados en colocar al elector en una línea horizontal que va de izquierda a derecha cuando puede que él esté preocupado por otra cosa: por su alquiler, por encontrar trabajo, por llegar a fin de mes, por la inmigración, por los servicios públicos, por sus hijos, por la seguridad o por aquello que mañana ocurra y hoy todavía ni siquiera forma parte de la conversación política.
La polarización puede servir para mantener movilizados a quienes ya están convencidos, pero no necesariamente para recuperar a quienes han dejado de estarlo. Cuando se rompe la confianza también se debilitan las fidelidades y entonces uno empieza a pensar menos en dónde le dicen que debe situarse y más en quién podría resolver aquello que necesita.
No creo que un nuevo partido de centro pudiera solucionarlo. Creo más bien en algo mucho menos sofisticado: la aplicación del sentido común. Qué pena que el PP haya dejado de utilizarlo como lema porque, en este momento, pocos mensajes podrían tener más fuerza que reivindicar el menos común y probablemente más codiciado de los sentidos.
No vamos a resucitar Ciudadanos. En lo que sí creo, con firmeza y con toda la ingenuidad que se me quiera atribuir, es en sentarse, acordar, gobernar, discrepar y volver a sentarse. Y no creo que haga falta otro partido bisagra. Creo que los que ya existen deberían preguntarse cuánta gente han ido dejando varada por el camino.
Porque ahí puede estar una de las grandes disputas del 29 de noviembre: no solo convencer al que piensa como tú, sino recuperar a quien dejó de confiar en ti.
El último CEMOP nos dice dónde estaban muchos de esos electores antes de la convocatoria. Ahora empieza algo bastante más difícil: saber hacia dónde se moverán cuando tengan que decidir.
El voto náufrago puede quedarse flotando, agarrarse a otro barco o decidir que ninguno merece todavía su confianza. Los partidos harán bien en no darlo por suyo y en hacer algo bastante más difícil: merecerlo.
Porque esta vez puede que ese voto náufrago alcance la orilla.
0