“No es algo que se pueda controlar con entrenamiento”: cómo saber si el verano es un buen momento para retirar el pañal
El verano es un buen momento para empezar a retirar el pañal, especialmente si se va a empezar el colegio en septiembre
Esta creencia tan extendida, que invita a aprovechar las vacaciones para que niños y niñas 'aprendan' a controlar esfínteres, carece de base científica. Quien lo defiende sostiene que puede haber ciertas ventajas logísticas: menos prendas que bajarse para los niños y niñas, más facilidad para secar ropa o sábanas cuando hay escapes. Pero pediatras, psicólogas y educadoras insisten en que el control de esfínteres es un proceso madurativo que no se debe forzar ni acelerar, por lo que recomiendan respetar los ritmos de cada niño o niña sin imponerles plazos concretos. También en verano.
La Asociación Española de Pediatría define el control de esfínteres como un proceso madurativo y natural que suele adquirirse entre los dos y tres años de edad, con un amplio margen de “normalidad”. La tabla de desarrollo de Haizea-Llevant, citada por numerosos pediatras y asociaciones profesionales, establece las franjas de edad a las que niños y niñas suelen estar preparados para controlarlo: un 50% de ellos dejan el pañal a los dos años y medio; un 75% a los tres años y un 95% a los tres años y medio.
La pediatra Teresa Escudero, que trabaja en atención primaria y atiende habitualmente consultas relacionadas con este tema, subraya la idea de que el momento varía en función de cada niño o niña: “Es un proceso fisiológico que depende de la maduración cerebral, no hay una edad en la que haya que quitar el pañal”. Y aclara que los márgenes son amplios: “Habrá peques que controlen a los tres años, otros a los cuatro, y otros que no lo consigan hasta los cinco. Pero lo más importante de todo es entender que el pañal no se quita, se deja”. Es decir, los ritmos debería marcarlos el niño o niña, no sus adultos de referencia.
Es un proceso fisiológico que depende de la maduración cerebral, no hay una edad en la que haya que quitar el pañal
Coincide en ese criterio la educadora Pilar García Sanz, con décadas de experiencia en el primer ciclo de educación infantil y especializada en procesos de control de esfínteres. Esta profesional señala que, para dejar de usar pañal, los niños y niñas necesitan de madurez a diferentes niveles: neurológico, fisiológico, psicológico y emocional.
“La maduración neurológica tiene que ver con el sistema nervioso periférico, no se puede controlar; la maduración fisiológica requiere que los músculos del suelo pélvico estén preparados para una correcta micción y defecación. Y la maduración psicológica y emocional implica dos aspectos fundamentales: que el niño o niña esté dispuesto a no satisfacer inmediatamente sus necesidades y que tenga interés por asumir la separación de sus figuras de referencia durante el cambio de pañal”, explica la experta. Ella sitúa la edad de control en torno a los seis o siete años, aclarando que existen distintos ritmos y que en todo caso “antes del tercer año estos procesos nunca se completan”.
Acompañar el proceso y no forzar
Nieves Manrique es pedagoga y trabaja en un colegio, donde ha observado que es habitual que se presione a los niños y niñas para que empiecen el segundo ciclo de educación infantil —entre los dos y los tres años— sin utilizar pañal. Ella considera que forzar el proceso puede tener consecuencias graves: “Están metiendo mucha presión a los padres y a los niños, cuando es algo que a veces simplemente no se puede conseguir. Supone añadir un estrés innecesario a las familias y a los niños y niñas en un momento que ya de por sí es complejo, el inicio de la escolarización”, denuncia.
Manrique también hace hincapié en que se trata de un proceso madurativo: “Nunca es buen momento para retirar el pañal, porque esto no es algo que se pueda controlar con entrenamiento, sino que es totalmente madurativo”, aclara. Y utiliza un ejemplo para ilustrarlo: “A nadie se le ocurre poner a andar a un niño de cinco meses, porque su cuerpo no está maduro. Pues con el control de esfínteres pasa lo mismo”.
Grecia de Jesús, psicóloga sanitaria especializada en infancia, invita a tener en cuenta también los factores psicológicos. “No es recomendable forzar ni acelerar el proceso, ya que aumenta la ansiedad y la sensación de fracaso de los niños y niñas. Deben evitarse estrategias dañinas como ridiculizar, castigar o comparar con otros niños. Lo más eficaz es acompañar con paciencia, validar sus emociones y reforzar cada pequeño avance”, recomienda. La psicóloga enumera algunas estrategias concretas para ayudarles: “Limitar líquidos antes de dormir, instaurar rutinas para ir al baño y reforzar positivamente los logros. También puede aplicarse la técnica de la sobrecorrección (que el propio niño colabore en cambiarse la ropa o las sábanas), siempre desde el cariño y sin transmitir culpa”, explica.
La pediatra Escudero cuestiona incluso el hecho de utilizar estrategias concretas. “La mayoría de ellas fallan si no hay la madurez necesaria, muchas de ellas son contraproducentes si la base del problema es emocional”. Para ella, la clave está en “respetar el proceso personal de cada niño o niña”. “Si no lo hacemos así, podríamos entorpecer dicha maduración a través del entrenamiento. Y esto puede traer efectos secundarios, como incontinencias o problemas de autoestima”, advierte.
Por mucho que insistamos, si hay alguna función que no está madura nunca conseguiremos acelerar el proceso, sino que lo entorpeceremos
La educadora Pilar García Sanz también cree que un exceso de presión podría entorpecer el proceso: “Por mucho que insistamos, si hay alguna función que no está madura nunca conseguiremos acelerar el proceso, sino que lo entorpeceremos”. Y aclara que es normal que haya altibajos: “Como cualquier otra conquista del desarrollo, no es un proceso lineal, puede haber avances y retrocesos que también hay que respetar”. Un criterio que comparte la pediatra: “No existen los pasos atrás: si hay muchas fugas es porque hemos intentado acelerar demasiado, así que volver a poner el pañal es respetar ese proceso y a nuestro hijo o hija, no un paso atrás”, insiste.
García Sanz sí propone una serie de estrategias básicas para seguir en casa y en la escuela, sobre todo haciendo partícipes a los protagonistas de sus avances: “Al principio de todo, cuando todavía son muy pequeños, podemos ayudarles a diferenciar el pis de la caca cuando cambiamos el pañal, enseñándoles lo que han hecho. También podemos permitirles participar en el cambio, empezando por acciones sencillas como subirse y bajarse la ropa, abrocharse y desabrocharse el pañal, limpiarse o secarse. Es importantísimo poner el nombre adecuado a las partes del cuerpo implicadas: la vulva, el pene, el culo, la caca”.
Cómo ayudar a niños y niñas con gestos específicos
En cuanto hay señales de madurez y se puede empezar a controlar esfínteres, la experta propone ayudarles con ideas concretas: “Cuando el niño o niña identifica que tiene pis o caca en el pañal, eso es un inicio de la sensibilidad muscular, pero todavía no puede decidir cuándo hacerlo. A partir de ahí se le puede mostrar el orinal e invitarle a que, cuando quiera, puede probar, sin insistencia. El orinal tiene que estar en el baño porque debe tener una función clara, no se usa con ropa puesta ni como objeto de juego. Ni tampoco se le ofrecen objetos ni libros para que esté entretenido, se trata de que pueda tomar conciencia de lo que está sucediendo en su cuerpo”, explica.
Durante esa etapa, recomienda que los adultos reconozcan el intento con alegría “moderada”, sin reproches ni decepción en caso de que no lo consigan. También recomienda “nunca hacer alusión a lo mal que huele su caca y mostrar comprensión cuando se les escapa”.
El orinal tiene que estar en el baño porque debe tener una función clara, no se usa con ropa puesta ni como objeto de juego. Tampoco se le ofrecen objetos ni libros para que esté entretenido
Un poco más adelante, cuando haya señales de que el proceso avanza –porque el pañal aparece seco y limpio, porque hace pis o caca la mayor parte de las veces que se sienta en el orinal–, la educadora propone explicitar la propuesta al protagonista: “Podemos decirle: ‘Creo que ya puedes dejar los pañales y utilizar braguitas o calzoncillos’. Si el niño dice que no, volvemos a preguntarle pasados unos días y respetamos su ritmo. También es importante que no hagamos coincidir este momento con otros cambios”.
La experta se refiere a no hacer coincidir el proceso de dejar el pañal con otros momentos que pueden suponer un estrés añadido, como el inicio de la escolarización, el nacimiento de un hermano o hermana o un cambio de casa, por ejemplo. La psicóloga Grecia de Jesús también señala que los “cambios vitales bruscos”, como una separación o una mudanza, “pueden provocar un aumento de escapes por un factor psicológico”, de ahí que se recomiende separar el proceso de cualquier otro momento que implique novedades importantes.
Todas las expertas consultadas insisten en la necesidad de respetar tiempos y nunca forzar. La pediatra Escudero lanza una reflexión que invita a revisar las posturas adultocéntricas en momentos de cambio: “Nosotras, las personas adultas, ponemos el pañal para nuestra comodidad. Así que qué menos que acompañar a las criaturas para dejarlo sin estrés y sin imposiciones”. Algo en lo que la psicóloga Grecia de Jesús también incide: “El niño necesita sentir seguridad, apoyo y comprensión, ya que no es un proceso voluntario, no depende de él o ella controlarlo o no”.
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