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Minna Canth

Para conocer a un pueblo basta con ver cuáles son los días en que se pone de parranda.

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Minna Canth.

Minna Canth.

El 12 de octubre de 1492 Rodrigo de Triana divisó tierra americana y desde entonces es el Día de Hispanidad en España, hace no mucho Día de la Raza, cosa que a algunos les motiva bastante, pero que yo no recomendaría celebrar al otro lado del Atlántico. Personalmente, no conozco a nadie que celebre el Día de la Hispanidad, lo cual no quiere decir gran cosa porque mis conocidos piensan lo que pensaba Brassens de los desfiles, así que no son muy representativos. El 19 de marzo, en cambio, es la festividad de San José, Día del Padre, y esto sí que se celebra. Curiosamente, es también el Día de Finlandia, el día grande finés por antonomasia en donde izan la bandera oficialmente. Esto es relativamente nuevo, porque data de 2007, pero la festividad ya existía antes y conmemoraba el Día de Minna Canth, sinónimo de Día de la Igualdad.

En Finlandia ocurren cosas raras. Yo lo atribuyo a la fiebre ártica. Como país, pasó de un ruralismo tolstoiano a Nokia en un siglo, con dos guerras civiles de por medio y otra mundial. Ciertamente no han tenido tiempo para aburrirse, pero un país que hace eso puede hacer cualquier cosa. Por ejemplo, cuando la República española dio el voto a las mujeres, las finesas llevaban 25 años votando, concretamente desde 1906. Un año después, en 1907, ya había habido 17 mujeres ministras porque las mujeres no solo podían votar sino también presentarse a las elecciones, mientras aquí andábamos metidos en faena con mauras y romanones. Aunque parezca increíble que el tesón de una persona consiga estas cosas, puede decirse que Minna Canth lo consiguió. Y de que también el arte tiene su poder, para que luego digan que no sirve para nada. Lo cuento:

La obra de teatro más importante de Minna Canth es 'Työmiehen vaimo' ('La esposa del trabajador'). Data de 1885 y en ella se cuenta la odisea de Johanna por ver reconocidos sus derechos. Johanna está casada con Risto, un alcohólico que desperdicia todo el dinero de su esposa. Ella no puede hacer nada por impedirlo porque según la ley su dinero es legalmente de su marido… Pero fue tal el escándalo de la representación, que el asunto acabó en el Parlamento. Unos meses después se promulgaba una ley sobre la separación de bienes en el matrimonio.

Canth fue una mujer que no le tenía miedo a nada. Educada de forma exquisita, fue una de las primeras en cursar estudios superiores. Como padecía el mal de tener ideas propias, prontamente se puso a difundirlas. En consecuencia, se dedicó al periodismo (todos tenemos un mal día) y allí conoció al que fuera su esposo, el cual, antes de morir, le dio siete hijos. No era mal tipo el tal Johan Ferdinand Canth, no vayan a confundirlo con los personajes de sus obras teatrales. Casó, como digo, con este profesor de ciencias naturales, el cual era también editor en un periódico... que ambos tuvieron que dejar por los escritos de Minna sobre la mujer. El periódico de la competencia la contrató y en él Minna publicó sus primeras obras de ficción, historias cortas. Como le entraba al trapo a todo -en especial a los obispos, que como los de aquí, debían saber mucho del universo femenino porque no dejan de hablar de las damas-, su carrera periodística tenía los días contados. Viuda y con siete hijos, Minna Canth escribió toda su vida mientras administraba la tienda de ropa familiar. Qué menos que dedicarle un Día.

De toda esta historia me interesa la figura de Minna Canth. Haría falta más Minnas Canths para que las cosas avancen en todos los frentes. No se avanza a golpe de tambor de la burocracia institucional. Las instituciones de aquí no están en el debate para que avance la sociedad, sino para sacar votos. Rápidamente se ponen en marcha cuando sienten el calor de una huelga feminista, como monarcas que con la misma profesionalidad actoril acuden, ora a una entrega de medallas, ora a un funeral. Poco se puede esperar de ahí porque el mundo de la política hoy día es una mala comedia. Nuestro presidente desautoriza a sus ministras japonesas; los miniparlamentos y minigobiernos autonómicos, presos de fiebre ártica, organizan exposiciones, debates, sesiones, dictan decretos, anuncian programas como si quisieran cambiar el mundo, pero al día siguiente están exhaustos y se han olvidado de todo; nuestros queridos ayuntamientos están más preocupados de que no se les escape un cartel con un anuncio de prostíbulo que tener la ciudad y sus alrededores infestados de ellos. Es lo que hay, pero tal vez haya una Minna Canth no muy lejos de aquí y eso sería una buena noticia.

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