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Otra oportunidad perdida

Hacen falta recursos adicionales y una nueva orientación de política económica si se pretende converger con los países más desarrollados económica y socialmente de nuestro entorno europeo.

Los eurodiputados volverán a votar las recomendaciones del TTIP el 29 de junio

Los eurodiputados en una sesión plenaria. | EFE

La estrategia Europa 2020 fue adoptada hace ocho años por los países de la Unión Europea con el objetivo general de alcanzar un crecimiento inclusivo y sostenible que permitiera obtener mejoras en el empleo. La iniciativa fue aprobada en el peor momento de la reciente crisis económica y financiera, pero no solo como una mera respuesta coyuntural a la misma, sino como una estrategia para la transformación estructural de las economías europeas pensando en el largo plazo y en un contexto mundial de creciente globalización e intensificación tecnológica.

Para ello se establecieron objetivos específicos cuantificables en materias como el empleo, la tecnología, el medio ambiente, la educación y la distribución de la renta. En concreto, alcanzar en el año 2020 los siguientes umbrales de referencia: el 75% de empleo para la población entre 20 y 64 años, el 3% del PIB destinado a I+D+i, un 20% menos de emisiones de gases de efecto invernadero que las existentes en 1990, un aumento del 20% de la eficiencia energética, llegar al 20% de energía procedente de fuentes renovables, bajar del 10% en el abandono escolar, que al menos el 40% de la población entre 30 y 34 años tenga estudios superiores y que se reduzca en 20 millones el número de personas en situación de pobreza o exclusión social en la Unión Europea.

Se puede discutir si la cuantificación de los objetivos específicos es suficientemente ambiciosa para el objetivo general, si este se enfoca adecuadamente o si esos objetivos específicos son los mejores indicadores del desarrollo socioeconómico en un país. Seguramente también fuera deseable incluir objetivos específicos relacionados, por ejemplo, con la igualdad de género, la lucha contra la precariedad laboral, una visión de la distribución de la renta más completa o el reto demográfico al que se enfrentan los países de la Unión Europea, entre algunas de las cuestiones relevantes que pueden venir rápidamente a la cabeza. Y, sin duda, todas estas dimensiones y otras de relevancia análoga deben ser tenidas en cuenta en el desarrollo socioeconómico a largo plazo. No obstante, también resultará difícil negar que los ocho objetivos de la estrategia Europa 2020 son, todos ellos, altamente relevantes no solo en el ámbito económico, sino también en lo relacionado con el bienestar individual y social. Encontrándose todos ellos muy ligados a la potencial mejora social y económica en el largo plazo.

Pasando de la estrategia declarada a los hechos, cabe preguntarse si se está avanzando en el cumplimiento de los objetivos específicos de Europa 2020. Es cierto que todavía quedan dos años y unos meses para completar el año 2020, momento a partir del que se podrá evaluar definitivamente el grado de cumplimiento de los objetivos específicos. No obstante, ha pasado el tiempo suficiente para analizar si en España avanzamos en la dirección adecuada para su cumplimiento. En el siguiente gráfico podemos observar el grado de cumplimiento, respecto a los objetivos originales acordados en 2010 (posteriormente se configuraron objetivos asimétricos por miembro), para España en el último año con datos disponibles, 2017 o 2016 según la variable, así como para la media de la Unión Europea.

Cumplimiento de los objetivos específicos de la estrategia Europa 2020 (en %)

 

Nota: Elaboración propia en base a los datos proporcionados por Eurostat.

Nota: Elaboración propia en base a los datos proporcionados por Eurostat.

 

En general, en España hay un menor avance hacia el cumplimiento de los objetivos que en la Unión Europea. Aunque quizás el aspecto que más destaca en el análisis es la desviación, tanto para España como para la Unión Europea, en el objetivo de reducción de pobreza o exclusión social. En ambos casos, aunque con mucha mayor intensidad en el español, ha aumentado la población en dicha situación en lugar de reducirse. Hecho significativamente indicativo tanto del impacto especialmente duro de la crisis sobre las rentas más bajas como del fracaso o la falta de políticas públicas que corrijan dicha situación.

En el empleo, mientras que la Unión Europea parece cerca de alcanzar el objetivo de la estrategia, en España todavía nos encontramos notablemente lejos. En I+D+i en España, hasta el momento, no se llega ni a la mitad del objetivo planteado. En las cuestiones medioambientales hay resultados asimétricos según el objetivo. En términos de eficiencia energética, tanto España como en la media europea se ha alcanzado prácticamente el objetivo en su reducción. En energías renovables se está algo más lejos, pero el ritmo de avance invita a pensar que se puede lograr. Sin embargo, en la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, mientras la media europea ha alcanzado el objetivo, en España apenas se ha superado la mitad del mismo. En lo relativo a la educación, una de cal y una de arena. Mientras que en España se ha cumplido con el objetivo para el nivel de educación superior, en términos de abandono escolar el país se encuentra muy lejos del objetivo fijado. Por su parte, la media europea parece en condiciones de alcanzar ambos objetivos educativos.

En resumen para España, el avance hacia los objetivos de la estrategia Europa 2020 ha sido nítidamente inferior al de la media europea, claramente insuficiente para cumplir los objetivos planteados en 2010 y, lo más preocupante, el país tiene graves deficiencias en cuestiones vitales para nuestro futuro como son la reducción del abandono escolar, la inversión en I+D+i, la reducción de gases de efecto invernadero, la creación de empleo y, especialmente, la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

La solución a los problemas derivados, directa e indirectamente, del incumplimiento de la estrategia Europa 2020 en España junto a la ampliación de la perspectiva más allá de dicha estrategia, lo que sería deseable, solo puede venir de un giro de 180 grados en la política económica del país. Reincidir en el error de una política económica que se ha mostrado fallida, sea por la vía dura como aplicó el Gobierno de Rajoy o por la vía edulcorada seguida por el Ejecutivo de Zapatero, resultaría fatal para las aspiraciones de mejora real en la vida de la gente.

Hacen falta recursos adicionales y una nueva orientación de política económica si se pretende converger con los países más desarrollados económica y socialmente de nuestro entorno europeo. No cambiar dicha orientación de política económica nos llevará a perder nuevas oportunidades de desarrollo socioeconómico y perder calidad de vida. Y ya hemos perdido demasiado en este sentido.

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