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¿Gestión de la diversidad o diversión de la gestión?

"Lo más nauseabundo del asunto es el patético intento de lavado de cara que quieren hacer de este evento turístico-comercial"

"Mal trabajo el de estas instituciones, y los partidos que las gobiernan, que en ausencia de una agenda política, donde verdaderamente se consulte y apoye a las organizaciones locales, pretenden ponerse la medalla del buen rollito LGTB"

La Plataforma HARRO convoca una movilización en contra de las asambleas organizativas del Europride 2022 que tendrán lugar este fin de semana en Bilbao

La Plataforma HARRO convoca una movilización en contra de las asambleas organizativas del Europride 2022 que tendrán lugar este fin de semana en Bilbao Plataforma Harro

Desgraciadamente cada vez se nos acostumbra más a que desde las instituciones se nos venda la gestión de la igualdad y diversidad (sexual, cultural, de género, …) como un escaparate presuntuoso de las bondades y bien-hacer de las mismas. Desde los diferentes movimientos sociales siempre se ha exigido la puesta en marcha de políticas que conduzcan a la erradicación de las desigualdades y al logro de una mayor justicia social. Pero la gran demanda social de estas políticas las convierte en un gran atractivo mediático y, supuestamente electoral.

Un claro ejemplo de este espectáculo es la bochornosa organización, el 19 de septiembre en Bilbao, de la asamblea general anual de la EPOA (European Pride Organisers Association), una organización cuyo fin es la realización de fiestas y cabalgatas LGTB (sobretodo más G) en diferentes ciudades de Europa para venderlas como paraísos de la tolerancia de la diversidad sexual, con los únicos fines de atraer turismo y ocupar un lugar predominante en los medios durante un corto espacio de tiempo.

Así, la celebración de un Pride que constate la diversidad sexual (no la de ingresos económicos, no, ni la diversidad cultural, ni la racial, ni funcional, …) no es nada distinto a cualquier feria gastronómica de una Denominación de Origen, o a un fasto deportivo que congregue a una masa de energúmenos ocupando la ciudad, o de un clásico festival de música pop de precios astronómicos; eventos estos que suelen tener en común la precariedad laboral, el despilfarro ecológico y la saturación mediática. La única diferencia es el intento de sacar un beneficio político haciendo creer que el evento corresponde en alguna medida a la consecución de una cierta equidad social.

Lo más nauseabundo del asunto es el patético intento de lavado de cara que quieren hacer de este evento turístico-comercial.

Que presuman de que su trabajo es “es promover el orgullo lésbico, homosexual, bisexual, transgénero e intersex a nivel paneuropeo y empoderar y apoyar a las organizaciones locales y nacionales del orgullo en sus esfuerzos de planificación y promoviendo el orgullo como una celebración, sino también como un movimiento vital de derechos humanos” supone un insulto al arduo trabajo que llevan los movimientos LGTB+, con pocos o ningún recurso de las instituciones que si que colaboran en gran medida en la organización de la EPOA, algo que desde hace tiempo llamamos Pinkwhasing: el intento de quedar bien ante la sociedad desviando la problemática local en otros escenarios lejanos o baladíes, obviando la intervención en las realidades, excluyentes e inhumanas, más próximas. Mal trabajo el de estas instituciones, y los partidos que las gobiernan, que en ausencia de una agenda política, donde verdaderamente se consulte y apoye a las organizaciones locales, pretenden ponerse la medalla del buen rollito LGTB.

Dentro del escaparate de las “buenas” intenciones de la EPOA se nos presentan ponencias sobre la situación de los derechos LGTB en el mundo, la interculturalidad, la diversidad de genero en otras culturas, la diversidad sexual de los “ cuerpos” de Seguridad, y del los derechos LGBTIQ en los entornos laborales… Hablar de la represión a las personas LGTB en el mundo o en alguna parte de África obviando las condiciones en que se encuentra la población LGTB migrante en nuestro suelo, la nula acogida a las personas refugiadas, en las que muchas de ellas también hay personas que tienen que migrar de sus países por su orientación sexual o de genero, no es más que una forma de invisibilizar la situación de estas personas en una situación de acuciante necesidad, que se encuentra con la ineptitud de las instituciones. No está de más recordar que de cada diez peticiones de asilo por orientación sexual o identidad de genero solo se conceden tres. Las crueles realidades de las personas LGTBs en muchos países no se solucionan solamente con su divulgación sino con políticas internacionales, y comerciales, que estén blindadas en el respeto a los Derechos Humanos, y ahí es donde verdaderamente debe realizarse el trabajo institucional.

Lo mismo ocurre con el manido termino de interculturalidad o de los acercamientos antropológicos a diferentes formas de vivir la identidad sexual o de genero. En nuestras calles y pueblos, el racismo campa a sus anchas, la incomprensión y discriminación es la realidad de muchas personas procedentes de otros lugares y culturas, o autóctonas, como le ocurre al gran receptor del desprecio y marginación de nuestros lares que es el pueblo gitano. Tampoco aquí las instituciones que colaboran con este evento parecen tener el mínimo interés en acabar con las estructuras que generan exclusión y desarraigo.

Que decir de los gays y lesbianas policías y de la diversidad sexual en sus lugares de trabajo, una de las instituciones pagadas con el erario publico a la que no se puede criticar, de la que se desconoce cualquier evaluación de su trabajo y con menos transparencia que un cuarto oscuro...Pues la verdad quien elige trabajar en estructuras machirulas en esencia, con unos déficits salvajes en formación sobre DDHH y diversidad, aunque les deseamos suerte en su arduo trabajo de normalización, no, no pueden ser sujetos por los que desarrollar mucha empatía.

Pero el punto fuerte, el que da más miedo, es que se quiera tratar los derechos LGBT en los entornos laborales con una representación de la patronal, más alguna de sus muchas estructuras empresariales y la colaboración, como siempre de algún sindicato desorientado en lo que a su lugar en el mundo del trabajo se refiere. La hiriente realidad confirma la dificultad que tienen las personas trans*, las que tienen expresiones de genero no normativas, o las LGTB con una mayor visibilidad, para acceder a un puesto de trabajo, sin que haya políticas proactivas que garanticen su inclusión y digna remuneración. Puede que mucha gente sigamos anclados en lo que durante un tiempo se llamó lucha de clases, o que simplemente dudemos mucho en la colaboración entre grupos con intereses contrarios; pero lo que es cierto es que el verdadero interés de actos como los Pride son puramente económicos y desde la perspectiva de los beneficios empresariales, es muy difícil de creer en alguna buena voluntad de los que basan su bienestar en la explotación humana. Quizás, cada vez más, es necesario recordar que los trans*, marikas y bolleras también son clase obrera y que la lucha contra el cisheteropatriarcado no puede entenderse sin la lucha contra el capitalismo que lo genera.

Mucho trabajo queda pendiente, para que las reivindicaciones de la lucha LGTB sean parte de las agendas políticas de los partidos políticos, mucho para que la diversidad, todas las diversidades, no sean instrumentalizadas como un espectáculo mediático en busca de algún rédito electoralista. Mientras seguiremos creando redes, reivindicando derechos, denunciando injusticias. Nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestras vidas no son un espectáculo de consumo para vender.

Es por ello que este sábado muchas de nosotras estaremos en la manifestación convocada por Harro! A las 17:30 desde el Arriaga Bilbaino. Allí nos vemos.

Por Sejo Carrascosa López, activista marica de Lumagorri HAT

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