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Los antiabortistas se olvidan de las otras mentiras de Rajoy

Si algo tan improbable ocurriera y llegase a reencarnarme en Enrique Barbasan, ese joven antiabortista que no perdona al Gobierno del PP la paralización de su (ultraconservador) anteproyecto de la ley del aborto. Si, como digo, yo me reencarnara en él o en otra de esas personas defensoras de la vida del feto por encima de cualquier consideración, incluso de la propia vida de la madre, también dejaría de votar al PP. Porque la reforma de la ley que pretendía trasladar a las mujeres a la oscura clandestinidad del franquismo estaba incluida en el programa electoral de Mariano Rajoy en el capítulo Comprometidos con el bienestar, en su primer punto: La familia: primera sociedad del Bienestar. ¡Paradójico título! Y más teniendo en cuenta el daño infligido a millones de familias por los recortes salvajes del Gobierno del PP.

Hace casi tres años, Rajoy juró con una mano sobre la biblia y frente a un crucifijo que cumpliría su programa de 214 páginas. Pero, ni para un católico tan recalcitrante como el presidente del Gobierno ese gesto tiene valor. Y, eso que él mismo sostuvo entonces y hace unos días se lo recordaban en la V Marcha por la vida: el programa electoral no es un puñado de promesas a los ciudadanos; es una lista de tareas.

Así que, y aun sabiendo como sabemos que los programas son tochos que casi nadie lee, el joven antiabortista y esas personas que tras 40 años de fidelidad no volverán a votar al PP tras su decisión de guardar en el baúl de los recuerdos el anteproyecto de ley del aborto tienen razón de estar soliviantados. Porque, su partido les ha mentido. Lo cierto es que el caso del Gobierno de Rajoy podría analizarse en las facultades de Ciencias Políticas como un claro caso de ejercicio de la política en el que se hace todo lo contrario de lo que se anuncia. Ejemplo de cómo se puede mentir con premeditación y alevosía aduciendo que la realidad impide cumplir con el programa, como se atrevió a decir el presidente del Gobierno español cuando en otros tiempos había alardeado, diciendo aquello de “lo que no está en mi programa, no lo haré”, en un debate electoral frente al entonces candidato socialista Alfredo Rubalcaba.

Los furibundos antiabortistas tienen sus motivos para castigar a Rajoy por incumplimiento de su programa. Revientan sus gargantas exigiendo que las ideas de unos cientos se impongan a las de millones pero se olvidan de las otras mentiras del PP que han convertido la vida de millones de personas en un infierno. Tan preocupados están por los no natos y tan poco por los vivientes que tienen al lado

Y, así el Gobierno de Rajoy fue convirtiendo la mentira en su forma de actuar. Porque mentir es implantar unos recortes extremos en sanidad, educación y justicia así como una reforma laboral mortífera que ha dejado a millones de españoles al borde del abismo. Faltar a la verdad es reducir las prestaciones por desempleo, subir el IVA, el IBI y el IRPF y que las pensiones hayan perdido poder adquisitivo aunque el PP aventuró que nunca lo haría.

Caer en la mayor de las falacias es decretar la criminal ley anti desahucios que ha dejado a más de 30.000 personas sin vivienda y se ha llevado la vida de quienes elegían el suicidio antes que les arrebataran su casa y su dignidad. Un drama solo paliado por la solidaridad de colectivos sociales y el buen hacer de algunos jueces que han desestimado los motivos de los sanguinarios bancos.

El PP también incumplió su programa cuando sentenció lapidariamente que nunca daría dinero público para ayudar a los bancos y, sin embargo, salió a su rescate entregándoles más de 61.000 millones de euros. En fin, que estas y otras mentiras del Gobierno de Rajoy hubieran acabado con la carrera de cualquier político europeo pero España es bochornosamente diferente.

Así que los furibundos antiabortistas tienen sus motivos para llamar traidor a quien fuera su líder. Pero, llama la atención que mientras revientan sus gargantas exigiendo que las ideas de unos cientos se impongan a millones de mujeres, no protesten por todas esas promesas incumplidas que han dejado para siempre en un recodo del camino a millones de personas de todas las edades.

El joven Barbasan decía que “hay cosas como la vida que son fundamentales” que la corrupción y la economía pasan a segundo plano. Y, me pregunto cómo a sus 30 años aún no se le ha ocurrido pensar que si, en su opinión, nacer debe ser un derecho por encima de todos los demás, preservar la vida de los nacidos no lo es: niños, jóvenes, mujeres, ancianos, inmigrantes… E, ingenuamente, me pregunto por qué no acusan al PP de incumplimiento, de abandono y traición. Porque Rajoy vuelve a engañarse a sí mismo y a los demás con esa vacuidad a los que nos tiene tan acostumbrados al sostener que ha incumplido su programa pero cumplido con su deber. Y, esto, también tendrían que recordárselo los antiabortistas tan preocupados por los no natos y tan poco por los vivientes que caminan a su lado.

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