El infame ejercicio de llevar el odio a la rotura de una vía

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Baja José K. su oscura y angosta escalera desde su tabuco en las alturas del viejísimo edificio en el que sobrevive, envuelto en todos los ropajes que ha encontrado en su escasamente dotado armario, que hace un frío que pela y no están los pulmones en esta provecta edad para andarse con bravuconadas. Se encuentra en el descansillo del primero con Zoe, ecuatoriana de 60 años, que desde hace diez, limpia lo que puede con un sueldo de miseria, y en negro, con el que ayuda a su hijo que hace chapuzas variopintas -albañil, jardinero, cuidador- aquí y allá. Se saludan cariñosamente, como siempre, y José K. prudente, sonríe para sí mismo porque aún no sabe si ya es efectivo lo que ha oído de la regularización de extranjeros ni cómo serán los trámites y todavía no se atreve a festejarlo con su ya amiga. Tiempo habrá.

El cafetín está lleno, el frío, claro, pero ya guardan mesa El Ojo Izquierdo y El Catavenenos, siempre tempraneros. 

El Ojo: ¿Es acaso una sonrisa eso que asoma en su siempre avinagrada jeta?

José K.: Efectivamente, mi querido amigo, que 500.000 inmigrantes, como poco, salgan de la mazmorra de la inexistencia legal, machacados en sueldos y trabajos miserables para sumarse a las personas con cara, ojos y contrato, es una alegría absoluta para quienes creemos en la igualdad de las personas, sean quechuas o nacidas en el barrio de Salamanca. Y más, amigos míos, cuando el mundo, empujado por ese salvaje de pelo naranja que se llama Donald Trump y sus cómplices necesarios, los trogloditas de la extrema derecha europea, sí, esos que nos aprietan, se encamina, digo, hacia la intolerancia y el absoluto desprecio a hombres, mujeres y niños que sólo quieren optar a una vida digna, en la que se pueda trabajar, comer tres veces al día, tener asistencia médica y poder estudiar, como hacen los parisinos y los naturales de Villanueva de la Cañada, agradable población madrileña. 

Apenas ha acabado su perorata cuando Dylan, peruano de veintiún años, sueldo en negro con el que ayuda a su madre de 60, lomos baldados tras limpiar casas por horas, le acerca al mármol el cortado y dos churritos. “Sea usted bienvenido, don José”, le dice cortésmente.

El Ojo: Déjeme que ponga letra a su música. Son PP y Vox, amén de Aliança Catalana y otras excrecencias democráticas, quienes se han opuesto ferozmente, desde el primer segundo, a esa regularización. Y es que Feijóo anda tan apretado por el bárbaro Abascal, que le da igual decir hoy no a lo que dijo sí hace un año o a desoír lo que apoyan hasta sus obispos y sus curas. Esta derecha reaccionaria e inhumana sabe muy bien qué quieren hacer con los inmigrantes: fuera todos de nuestro país, que a los españoles nos dan asco los moros, los eslavos y hasta los hispanoamericanos, sangre -mestiza, eso sí- de su propia sangre, garcías y lópeces a tutiplén. 

El Catavenenos: En la prensa amiga se han puesto como fieras. Y como de argumentos retorcidos, a la par que estúpidos, está el mundo lleno, les cuento el editorial de Libertad Digital: “Lo que es evidente es que con tal de seguir en la poltrona, Sánchez está dispuesto incluso a burlarse de una mayoría de votantes del propio PSOE, que es partidaria de la deportación de inmigrantes ilegales”. Así, a pelo. 

José K.: ¡Qué bárbaros! En realidad, no hacen más que seguir al norteamericano loco. Ya hemos visto lo que pasa en Estados Unidos cuando los fascistas y sus brazos armados, las fuerzas de choque que ya inventaron Hitler y José Antonio, no sólo les dejan campar por sus respetos, sino que les animan desde la mismísima presidencia de la nación, armados hasta los dientes y protegidos por pasamontañas, a reprimir, detener, golpear y hasta a asesinar a ciudadanos para cumplir con su misión sagrada: expulsar del país al inmigrante psicópata y delincuente, al que se come las mascotas de la urbanización, cuando en realidad están masacrando a un tipo que lleva años sirviendo tamales y hotdogs a los vecinos del barrio.

(La vena del cuello se le ha ido hinchando a ojos vista a José K.). 

Ojo: ¡Cuánta razón! Es lo mismo que aquí han dicho, entre otras distinguidas figuras del más profundo pensamiento patrio, tal que la polímata Isabel Díaz Ayuso, que con esta regularización el país se nos va a llenar de delincuentes, gentuza que armados con peligrosos mochos van a asaltar los áticos de Chamberí. Además de expandir el bulo, Feijóo y Abascal - Simon y Garfunkel- los primeros, de que esos inmigrantes regularizados pueden votar. Saben que es mentira, pero les da igual, que por el mar corren las liebres, tralará. Por eso estos bocones tienen que hablar de invasiones, de mafias, de ladrones. Es aquello de que los mexicanos vienen a violar a nuestras mujeres, que vomitaban Trump y sus acólitos.

José K.: Lo importante es lograr un enemigo imaginario, con cuernos y rabo que ponga en peligro la vida de nuestros tiernos infantes o, quizá peor para algunas gentuzas, las joyas de Cartier o los Vacheron Constantin. Hay que convertirlo en un monstruo que quiere sacarnos los ojos con unos afilados alicates. El odio, amigos, se trata de inocular odio. Anibal Lecter, un santo varón. Lo decía Almudena Grandes en Los pacientes del doctor García: “Primero eliminaremos a los subversivos; después a sus cómplices; luego a sus simpatizantes; por último, a los indiferentes y a los tibios”. Por eso Donald Trump lleva semanas pidiendo la cárcel para la congresista demócrata Ilhan Omar, representante por Minnesota de origen somalí, un importante colectivo que reside en aquel estado, voz fuerte y clara en las protestas contra el asesinato de Renée Nicole Good, una mujer de 37 años tiroteada por un agente del ICE, la feroz policía antiinmigración, la famosa migra de las películas. “Debería estar en la cárcel, o incluso recibir un castigo peor, ser enviada de vuelta a Somalia”, había dicho Trump. Y el miércoles pasado, un hombre la atacó rociándola con un líquido desconocido. ¿Respuesta de Trump?: “Es una farsante, probablemente ella misma se hizo rociar, conociéndola. Espero no tener que verlo”.

Ojo: Nada nuevo bajo el sol. Recordemos Pedro Pacheco, o al brutal alcalde de Badalona, el popular Xavier García Albiol, mostrando su odio, y animando a sus vecinos a acompañarle en la humillación de dejar a 400 inmigrantes abandonados a su suerte en mitad de la calle en pleno invierno, sin techo ni comida. Hay que insultar, golpear con sucias palabras a quienes te piden cuentas. Díaz Ayuso ha llamado “plataforma de frustrados” a los familiares de los 7.291 ancianos muertos en las residencias. La reina del vermú tenía antecedentes donde beber de la infamia, y se limitó a seguir la estela de Carlos Mazón con las víctimas de la DANA, de Federico Trillo con el Yak-42, o de los diputados del PP Martínez Pujalte y el corrupto Eduardo Zaplana riéndose en el Congreso ante la intervención de Pilar Manjón, la representante de las víctimas del 11-M, ya vapuleadas miserablemente por la gran mentira de Aznar. Pero queridos, he de deciros que esta táctica del odio que tanto gusta a las derechas, cada vez más difícil diferenciar cuál es la dura y cuál la blanda, ya no la circunscriben a los extranjeros, gentes al fin llegados desde lugares exóticos, que si Marruecos, que si Bolivia. Odiar, odiar, odiar. Esa es la consigna. Aunque el interfecto sea de Valladolid, recia capital castellana, tal que Óscar Puente, o de los mismísimos madriles, al lado de los Cuatro Caminos, tal que Pedro Sánchez. Y con esto, si os parece, cambiamos la aguja y nos vamos a los trenes.

Cata: Ya, quieres hablar de cómo esos dos señores se han cargado el ferrocarril español y cómo ellos solos, tipos odiosos, han causado el accidente de Adamuz en el que han muerto 46 personas. Luego os doy alguna frase más, pero vaya un aperitivo, como un rico Negroni: “Está claro que nuestros AVE viajan por auténticos campos de minas por mor de la chapuza y la golfería de un Gobierno sanchista que antepuso la contratación de putas en Adif a la de ingenieros”. Eduardo Inda, OKdiario.

José K.: Así es más fácil odiarlos. Hay unos señores acanallados que son el origen y fin de todos nuestros males. Las muchas desgracias que asolan este mundo imperfecto tienen causas profundas, provienen de grietas del subsuelo, de cuestiones irresueltas desde hace siglos, de injusticias que se repiten una y otra vez en esta civilización y en otras muchas. O, para centrar el tiro y no irnos hasta los sumerios, dejémoslo en los últimos cien, cincuenta, veinte años. Pero los más obtusos prefieren limitarse al último decenio, al último lustro. Así logran que los culpables de todo sean tan próximos a nosotros en su maldad, que los estás tocando ahí mismo, Puente o Sánchez, sobre todo Sánchez, cuyo único destino decente sería la ergástula. 

Ojo: ¿Alguien elige esperar a los técnicos para saber definitivamente qué pasó en Adamuz y por qué se rompió la vía? Bien, sí, esperemos, dicen con la boca pequeña en el PP y Vox, pero mientras, vayamos dejando claro que esas muertes terribles las cargamos en las espaldas de nuestros enemigos políticos, esas alimañas socialistas. Atizamos el fuego, echamos la firma en el brasero, subimos la rueda del termostato hasta conseguir que salgan llamaradas de odio de nuestros seguidores contra esos impíos. A la hoguera, a la hoguera.

Cata: No hay que buscar mucho para encontrar sonoras frases sobre Puente. Ésta de Santi González en The Objective, por ejemplo: “El ministro Puente (…) con un micrófono delante, es tan peligroso como un mono con una navaja barbera”. Y, guinda brillante, un nuevo aporte de Eduardo Inda: “Si 24 horas después de la DANA Mazón era ‘un asesino’, ¿qué es Óscar Puente?”

José K.: ¡Qué espectáculo, por cierto, el del Senado y, especialmente, el de los funerales, esa reina del vermú, sola, fané y descangayada en la catedral de la Almudena! Os cuento un chascarrillo, estimados amigos. Allá el 7 de febrero de 1986 -hace ya cuarenta años, cuarenta- nacía yo, de nombre José K. en El País. Y allí escribí: “Ya que hablamos de templos, hay que ver la bilis que está haciendo tragar el arzobispo con el ochavo que le quitan de sus bolsillos a la ciudadanía de a pie, vía impuestos, para acabar ese bodrio informe, ese pegote de necedad que es la catedral de la Almudena. Y conste que José K. no es nada tacaño: está dispuesto, y así lo hace público, a pagar hasta un 10% de su sueldo -no ya ese ochavo- para el citado monumento, si bien no para terminar su construcción, sino para iniciar una colecta cuyo fin último sea la compra de dinamita con que volar controladamente tal monumento a la nada. Así Las Vistillas tendrían una prolongación natural, y en el solar que hoy ocupa tan estulto edificio florecerían tiovivos y freidurías de churros en los días oportunos”. Ea, que suene un chotís, tengan la bondad.

Cata: Por cierto, curioso contagio, como el sarampión, que a los cornetas del Apocalipsis les ha dado por invocar a los masones. Vean. Fernando Savater, en The Objective: “Ahora, con este Gobierno de impíos profesionales que padecemos, se estila sustituir las ceremonias religiosas por otras sencillamente ridículas (o masónicas, tanto da)”; Ramón Pérez-Maura, en El Debate: “Humillar a los muertos con tenidas masónicas, ¡no!”, y Juan Carlos Girauta en el mismo medio: “Por una de esas carambolas del destino, tu gran preparación llega a oídos de quien puede hacerte ministro. Y zas, ahí estás tú prometiendo el cargo ante el Rey, sin crucifijo ni Biblia, con la nueva gestualidad masónica y toda la mandanga”.

José K., Ojo y Catavenenos al unísono: ¡¡¡Oh no, el contubernio judeo-masónico de Franco!!!