La sociedad de Pedro Zerolo

Banderas LGTBI / FELGTB

Uge Sangil / José María Núñez Blanco

Presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales y presidente estatal de la Fundación Triángulo, respectivamente —

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El martes se cumplieron cinco años del fallecimiento de Pedro Zerolo, una de las figuras que más luchó por el avance de los derechos LGTBI, de la diversidad sexual. Su legado, dentro y fuera del PSOE y en el activismo, pervive. Su célebre frase “en su modelo de sociedad no quepo yo, en el mío sí cabe usted”, está más de actualidad que nunca, cuando vemos el aumento de la reacción política y del odio y la discriminación a la diversidad sexual, a la mujer, a las personas racializadas, a la etnia gitana y, desafortunadamente, en los últimos tiempos, a las personas trans, especialmente, a las mujeres transexuales.

El avance en derechos de la realidad trans ha sido incuestionable desde 2007, año en el que el Gobierno socialista de Zapatero aprobó la conocida como “Ley de Identidad de Género”, una ley avanzada para su momento pero insuficiente y que, con el paso del tiempo, ha sido superada por múltiples leyes autonómicas e internacionales en un elemento fundamental: la comprensión de que debía ser eliminada de toda ley la patologización, la consideración de que las personas trans son enfermas o disfóricas. La identidad de género y el sexo con el que se identifican de manera intima, no ha de ser fiscalizado, evaluado y aprobado por ningún Gobierno porque tal forma de actuar, sitúa a las personas trans como excepciones, anomalías, personas enfermas y, en último término, como una amenaza a la estructura tradicional de sexo/género.

Esta percepción de amenaza, este miedo a lo trans y lo que representa, ese miedo al cuestionamiento de la realidad social que conocemos, a la estructura de sexo/género que tenemos, es lo que se conoce como transfobia. La transfobia se articula, principalmente, como rechazo y negación de la identidad sexual de las personas trans: ellas no son mujeres, ellos no son hombres, todo vuelve a la normalidad: ellas y ellos son del sexo asignado al nacer. Y esto es así porque su transición, el reconocimiento de su identidad, cuestiona pilares claves de la estructura social en la que vivimos.

Ante su existencia, innegable, hay dos posibles opciones: asumirlas como ciudadanas de plenos derechos, reconociendo sin cuestionar su identidad o considerarlas como enfermas o disfóricas, que su identidad de género ha de ser decidida desde el Estado, ciudadanas y ciudadanos de segunda cuya realidad hay que fiscalizar. Algo que lleva a la discriminación: desde el colectivo LGTBI, bien sabemos que la imputación de la enfermedad, el trastorno o cualquier otro elemento similar, tiene como resultado el estigma y la discriminación. No reconocer que los hombres trans son hombres y las mujeres trans son mujeres, supone patologizarlas, estigmatizarlas y, en definitiva, impedir su igualdad.

Entender la transexualidad como un aspecto más de la diversidad sexual garantiza la igualdad real y efectiva y es por eso que lamentamos profundamente el posicionamiento impulsado por Carmen Calvo, que socava la dignidad y los derechos de las personas trans, especialmente de las mujeres trans. Un posicionamiento que devolvería al Partido Socialista a posturas anteriores a las de 2007, año en el que se aprobó la Ley de Identidad de género y cuestionaría abiertamente dicho concepto asentado jurídicamente, un concepto que no ha generado ninguno de los supuestos problemas, miedos y prevenciones que se desgranan en el argumentario del PSOE hecho público

Plantear que la reivindicación de despatologización y de reconocimiento de la identidad de género de las personas trans implica reclamar que “las manifestaciones de la voluntad de la persona tienen automáticamente efectos jurídicos plenos” es un ejercicio de mala fe y busca retorcer interesadamente las demandas del colectivo trans, algo impropio de un partido como el socialista.

Desde los colectivos LGTBI representativos (FELGTB y Fundación Triángulo) nunca se ha planteado un automatismo o se ha frivolizado con la identidad de género reduciéndola a una mera declaración voluntaria y cambiante sobre la marcha. La identidad de género de las personas trans no es un capricho, no es una ocurrencia y desde los colectivos representativos, jamás se ha planteado en esos términos, pues siempre se ha entendido la necesidad de estabilidad de cara al reconocimiento desde el estado de una realidad indiscutible, que las mujeres trans son mujeres y que los hombres trans son hombres.

Afirmar que el objetivo o que las consecuencias del reconocimiento de las mujeres trans como mujeres supone el “borrado” de las mujeres nos recuerda, tristemente, a los argumentos que utilizaba la Iglesia católica cuando afirmaba que la inclusión de las parejas homo/bisexuales en el matrimonio, pretendía su disolución y desnaturalización.

El reconocimiento e inclusión de la diversidad no puede, nunca, entenderse como una amenaza. La inclusión de la inmigración no es una amenaza a España. Las personas racializadas no son una amenaza a las personas blancas. Las personas musulmanas no son una amenaza a una España supuestamente católica. Y las mujeres trans no suponen el “borrado” de las mujeres, el reconocimiento e inclusión como mujeres de las mujeres trans no borra a las mujeres, ni las perjudica, solo las enriquece, al reconocer una diversidad que ya estaba ahí.

Desde FELGTB y Fundación Triángulo queremos expresar con claridad nuestro rechazo a un posicionamiento articulado desde el miedo, que lleva a la estigmatización y el odio; desde el miedo a supuestas amenazas contra los derechos de las mujeres; desde el miedo a un supuesto borrado en base a supuestos discursos contra la visibilidad de la mujer o de la menstruación o de la genialidad femenina que NADIE, y queremos insistir en esto, NADIE, desde las organizaciones LGTBI, defendemos. Desde el miedo respecto a un supuesto cuestionamiento de la ley de violencia de género que NO se deduce de ninguna de nuestras reivindicaciones y que jamás pondríamos en riesgo. Desde el miedo a una supuesta teoría queer, mal entendida y que, hay que ser abiertamente claros, no es la línea del activismo LGTBI en España, por mucho que se insista en confundir a la población. Y de esos miedos, al estigma como disfóricas a las personas trans que tiene como efectos su discriminación y desigualdad. Nadie, queremos insistir en esto, nadie desde las organizaciones LGTBI podemos asumir que, desde esos miedos, se justifiquen postulados transfóbicos.

Queremos ser muy claras. Creemos que el PSOE es el partido que, de manera efectiva, más ha logrado en relación a nuestros derechos, con posiciones valientes, gracias a Pedro Zerolo y a José Luis Rodríguez Zapatero. Ese reconocimiento está ahí. Pero ese reconocimiento no presupone un crédito infinito en la defensa de la diversidad sexual, del progreso, de la igualdad del colectivo LGTBI, de ser representantes de la sociedad que defendía Pedro Zerolo, de esa sociedad donde cabemos todos.

Si el Partido Socialista Obrero Español se posiciona abiertamente contra los derechos de las personas trans y en favor de su patologización, si se retrocede a posturas anteriores a 2007, si, en nombre de miedos y de argumentos que no se defienden desde los colectivos LGTBI del Estado, se pretende seguir considerando enfermas o disfóricas a las personas trans y se niega su realidad exigiendo una fiscalización de su identidad sexual que no se exige a las personas cisexuales (no trans), será el PSOE el que, voluntariamente, haya decidido renunciar a defender los derechos del colectivo LGTBI posicionándose en contra de la igualdad.

En la sociedad que define el documento promovido por Carmen Calvo no cabemos; en la sociedad diversa que proponemos, en la de Pedro Zerolo, ella sí lo hace.

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