¿El 15-qué?

14 de mayo de 2026 22:01 h

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Tú no te acuerdas porque eres muy joven, pero hace treinta años, tal día como hoy, miles de “indignados” iniciaron una acampada en la Puerta del Sol de Madrid, que en pocos días se replicaría en ciudades y pueblos, dando lugar a un movimiento de protesta conocido como 15M. Durante semanas las plazas bulleron de asambleas, que serían el germen de…

Vale, ya me he dado cuenta de mi error: no hace treinta años del 15M. Pero reconoce que a ti también te parece increíble que solo hayan pasado ¡quince años! Anteayer, como quien dice. Ya existía Twitter, no digo más. Si la aceleración temporal de las últimas décadas nos hace sentir como muy lejanos fenómenos recientes, en el caso del 15M parece que hablamos del siglo pasado. Por todo lo que ha pasado desde entonces hasta hoy, pero también por el golpe de péndulo radical: uno ve las fotos de hace quince años en las plazas, y luego mira este presente ultraderechizado, y no da crédito. Qué nos ha pasado.

Recuerdo el anterior aniversario redondo, los diez años que se cumplieron en 2021. Entonces estábamos a otras cosas, saliendo aún de la pandemia, y los ejercicios de memoria tuvieron ya algo de momificación. Cualquier cosa anterior al coronavirus era muy viejo, y decidimos que el 15M ya era historia. Pero todavía el tono era celebratorio y nostálgico: todos habíamos estado en las plazas, lo recordábamos con orgullo. Míranos ahora: a la vuelta de unos pocos años, los recordatorios son más bien desganados, no oyes a nadie decir “yo estuve allí”. 

Lo cierto es que el 15M envejeció muy deprisa, o lo envejecimos nosotros a toda velocidad. Ya hace algunos años que me sorprendió ver una foto de la acampada de Sol en el libro de Historia de España de una de mis hijas en el bachillerato. Y en Sol, donde tan caras son algunas placas conmemorativas, hace ocho años que luce una placa oficial (del anterior ayuntamiento) que homenajea al movimiento 15-M y reproduce uno de sus lemas: “dormíamos, despertamos”. No recuerdo muchos sucesos “históricos” que hayan tenido una institucionalización tan súbita.

En este quince aniversario, algunos recordatorios suenan a ajuste de cuentas. Desde la prensa de derechas se regodean en el balance, hacen mofa de aquellos indignados que luego hicieron carrera política convirtiéndose en “casta” (nada dicen de otros que siguen en los movimientos sociales), y se ensañan afirmando que hoy los indignados votan a Vox. No lo sé, Rick. Es verdad que los malestares de fondo que provocaron el 15M siguen ahí (vivienda, desigualdad, corrupción, mala política), pero dudo que entre los votantes de Vox haya mucho indignado de entonces. Más bien serían los que, pocos días después de iniciada la acampada, dieron mayoría en ayuntamientos y comunidades al PP, y unos meses después una mayoría absolutísima a Rajoy.

A mí me sobran por igual las exageraciones (“el 15M fue nuestro 68”) y los desprecios (“el 15M fue una asamblea escolar”). En mi balance, me vale con recordar a tanta gente que se politizó en aquellas fechas y ya no se ha bajado de las luchas sociales. Y me valen algunas realidades que sí permanecen, y que no se entienden sin aquel estado de ánimo. Por ejemplo, los colectivos de vivienda que tantos desahucios han evitado en estos años. O el madrileño Teatro del Barrio, que es de las mejores cosas que nos han pasado en décadas, y no solo teatralmente. Solo por eso ya mereció la pena.