Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Rajoy con Bárcenas y Cospedal con Villarejo: dos relaciones olvidadas
Cientos de ensayos clínicos en España: la esperanza de muchos pacientes
OPINIÓN | 'Abascal y Quero, dos caras de la mezquindad', por Raquel Marcos

Abascal y Quero, las dos caras de la mezquindad

Carlos H. Quero (primero por la izquierda) junto a los principales portavoces de Vox, liderados por Abascal, durante la presentación del programa económico del partido en 2025.
25 de abril de 2026 22:30 h

0

Santiago Abascal se ha topado dos veces con la Iglesia Católica en una semana: primero con el obispo de Canarias, José Mazuelos Pérez, y pocos días después con el secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), César García Magán. Ha sido a cuenta de la inmigración y de la ya viral prioridad nacional que ha conseguido colarle a un PP en horas bajas en lo que a la sustancia ideológica se refiere. Como cree el ladrón que todos son de su condición (esto es dicho popular, no se lo tomen al pie de la letra), Abascal ha acusado a los obispos de hacer negocio con la inmigración ilegal. Para Abascal, la Iglesia ya es un chiringuito más, ávido de paguitas, lo que habla más de cómo concibe la vida el líder de Vox que de los herederos de San Pedro, que se remiten a su doctrina social de toda la vida y a un libro que a Santi ya le debe parecer peor que El Manifiesto Comunista: el Evangelio. 

Anda Abascal con el tono muy subidito, como si las camisas entalladísimas que viste le apretaran más de lo habitual y estuvieran a punto de estallar. Quizá por eso ha llamado “mierda” al presidente del Gobierno Pedro Sánchez y “rata” al ministro Marlaska en un mitin en Cádiz. Aún no ha empezado la campaña de las andaluzas, pero Abascal ya está en lo que mejor sabe hacer: el directo, pisar la calle. No es un gran orador, no es brillante, no es ingenioso ni un pensador, pero se le da bien pasearse, a pie o a caballo, por los pueblos de España, dejándose querer por las señoras y posando para los selfies de los chiquillos. “¡Qué haríamos sin ti!”, le sueltan sus votantes, y él sonríe sin responder, y bien que hace. Estos días le han preguntado qué significa ser español y ha contestado que “eso es para ir a la universidad y preguntarlo, no para preguntármelo a mí”. Me ha recordado cuando él mismo preguntó a Yolanda Díaz en un debate “¿qué es una mujer?”, y nadie contestó, como si fuera un enigma irresoluble. Pues ser español es otro enigma, y es más fácil señalar a quién no lo es: los inmigrantes pobres con otro color de piel, por mucho que esta semana se vea a españolísimos bronceados hasta el límite de su melatonina luciendo tipo por la Feria de Abril.

Quizá para equilibrar las carencias discursivas del líder carismático, Vox está dando protagonismo a Carlos H. Quero, que es todo lo que no es Abascal: joven preparado y con pinta de progre de barrio o profesor universitario. Abascal y Quero son como Trump y JD Vance, pero en nacional. Abascal se dedica al directo y es el favorito de los gymbros, de las mujeres MAGA españolas y del “hombre sensato” al que le gustan los toros y el jamón ibérico y quiere que se maten lobos y que no se arranquen olivos, aunque los lobos no sean un problema real y tengamos más olivos que nunca en la historia. Por su parte, Quero copia al vicepresidente de EEUU e intenta extraer filosofía de los cuatro eslóganes que componen el programa electoral de Vox. Por eso plantea la prioridad nacional como una interpretación del “ordo amoris” (el orden del amor) de San Agustín: el amor tiene que ir en círculos concéntricos, de tu familia al vecindario y de ahí a tu ciudad y a la nación. Si sobra algo, y ya sabemos que no, para el extranjero. Para Vance y para Quero, la izquierda ha invertido los términos del “ordo amoris”poniendo por delante a los más lejanos. A Vance ya le respondió el papa Francisco antes de morir y León XIV, que para colmo es agustino, va en la misma dirección: el amor cristiano no es una expansión en círculos concéntricos, la fraternidad debe ser universal y toda persona tiene dignidad y merece respeto y atención. 

Aunque el choque con la Iglesia es arriesgado, Vox hace de la necesidad, virtud: ya que no le queda más remedio que entrar en los gobiernos y abandonar su postura antisistema, procura que el PP se vea también obligado a comulgar con ruedas de molino. En Génova 13 habían llegado a la conclusión de que integrar a la ultraderecha en los gobiernos es la mejor forma de exponerla y desgastarla de cara a las generales, así que Vox ha tirado por la misma senda. Se trata de exponer y desgastar a Feijóo, haciendo visibles sus contradicciones internas y acaparando el protagonismo de los pactos. Mientras María Guardiola, primera oficiante de estos acuerdos malditos, tomaba posesión de su cargo como presidenta de Extremadura en una ceremonia celebrada en el anfiteatro romano de Mérida que ha tenido aires de boda de pueblo de los años 50, en Vox se reparten los papeles. Abascal pisará el barro en Andalucía con el objetivo de que Juanma Moreno no revalide la ansiada mayoría absoluta; Quero seguirá repitiendo que “lo natural” es que queramos más a nuestro hijo que a la mujer peruana que intenta buscarse la vida entre nosotros. Porque ese es el objetivo: que creamos que lo que obtiene el inmigrante con su trabajo y su esfuerzo se lo está quitando a tu hijo. Y a lomos de esa falacia miserable que apela a nuestro miedo y egoísmo, pretende Vox gobernar una España moldeada a su imagen y semejanza: una España que solo podría ser mezquina y miserable. 

Etiquetas
stats