Lo que Ayuso entiende por un mundo libre
Un paso más en su escalada hacia el trumpismo. Un nuevo órdago a Feijóo. La enésima señal de su desprecio a la democracia y al Estado de Derecho. Y la constatación de que Isabel Díaz Ayuso es ultraderecha. Ni libertad ni democracia. La presidenta madrileña acaba de anunciar la concesión de la Medalla Internacional de Madrid a EEUU, como antes hizo con el extravagante Javier Milei. La razón: ser “el faro del mundo libre” (sic).
Justo ahora que Trump persigue la destrucción del orden global, detiene a inmigrantes hispanos, ejerce la violencia contra los extranjeros y captura a menores para forzar la detención de sus progenitores, la baronesa del PP pone en valor las más despreciables formas de gobierno. Pide paso en el liderazgo global de una ultraderecha que pisotea derechos, asesina a ciudadanos a manos de patrullas migratorias y amenaza militarmente a los aliados.
Díaz Ayuso quiere arrebatar a Abascal su lugar en el universo MAGA y está lista para formar parte de la amalgama de oscuras personalidades que circulan por el carril de la extrema derecha global, pero no solo. Su obsesión, como la de los medios que financia con ayudas millonarias, es convertirse en contrapoder del Gobierno de España ante el mundo, algo que además de dejar a Feijóo en posición de subalterno, obliga al PP a pronunciarse sobre si comparte la política exterior de la inquilina de Sol. De momento, ni palabra.
Trump lleva 389 días como presidente de EEUU en su segundo mandato, poco más de un año, pero en sus primeras semanas en la Casa Blanca ya había dado muestras de por dónde transitaría: prácticas autoritarias, políticas discriminatorias y racistas y una peligrosa retórica intimidatoria contra la Unión Europea.
En el informe Chaos & Cruelty: 10 Compounding Assaults on Human Rights, (Caos y Crueldad: 10 graves ataques a los derechos humanos), Amnistía Internacional ya analizó los ataques del presidente Trump contra los derechos humanos nacionales e internacionales en sus primeros 100 días de gobierno. Desde reprimir la disidencia a poner en el punto de mira a los inmigrantes, pasando por retirarse de organismos multilaterales que protegen los derechos humanos en todo el mundo, Trump ha erosionado sistemáticamente las salvaguardias de derechos humanos, fomentado un clima de miedo y división y socavado el Estado de derecho.
“Ha adoptado plenamente tácticas autoritarias que suelen asociarse a dirigentes represivos para silenciar y castigar a quienes estén en desacuerdo con él, al tiempo que ha utilizado el gobierno como arma contra personas e instituciones, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, para afianzar su propio poder y llevar adelante su agenda antiderechos”, según palabras de Paul O’Brien, director ejecutivo de Amnistía Internacional Estados Unidos
Sus políticas han tenido efectos devastadores sobre la vida de las personas, tanto en EEUU como en otras partes del mundo, como se ha demostrado con las deportaciones masivas o las duras restricciones del derecho de asilo. Ha atacado la libertad de expresión con demandas millonarias contra los medios de comunicación, cercenado el derecho de manifestación, incumplido órdenes judiciales, amenazado con la destitución a los jueces y aprobado órdenes ejecutivas contrarias a los derechos trans que han contribuido a crear un peligroso clima de discriminación. Todo esto, además de la suspensión forzosa de los programas de apoyo a la Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI), es lo que condecora ahora Ayuso.
El mundo libre que defiende la presidenta madrileña es, pues, el del racismo, la represión, el desprecio por los derechos y el desmantelamiento de la ayuda exterior. Y todo sin que el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, cuyo liderazgo queda desdibujado tras cada ocurrencia de Ayuso, haya emitido opinión al respecto.
Y en la calle Génova permiten que la baronesa, lejos de solucionar los problemas de los madrileños, dar cuenta del deterioro de los servicios públicos de su región o someterse al control sobre la gestión de su gobierno, se erija en altavoz de la política exterior del PP para rendir pleitesía a Trump. Y Feijóo traga una vez más con su papel de subordinado.