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El charco de EH Bildu

El candidato de EH Bildu a Lehendakari, Pello Otxandiano , y el coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi.

Raquel Ejerique

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Las últimas encuestas hechas en Euskadi pronostican que EH Bildu está de subida, empatable al otrora hegemónico PNV, y que es el partido que prefieren los jóvenes (por primera vez votarán 75.000). Unos jóvenes que no han vivido el trauma para el país que supuso el secuestro, agonía y asesinato de Miguel Ángel Blanco o lo que era vivir con amenazas y la libertad de expresión constreñida por el miedo, las bombas o la autocensura.

Que no lo hayan vivido es muy buena noticia. ETA hizo lo que deseábamos, dejar de matar después de estar acechada económica, política y policialmente, y su brazo ideológico hizo lo que se esperaba, dar un paso hacia la democracia. Por el camino, dejó frentes abiertos que no acaba de querer cerrar.

Que EH Bildu es un partido constitucional y legal está fuera de duda, por mucho que una oposición hambrienta de hipérboles se empeñe en cuestionarlo. Se presentan cumpliendo las normas y requisitos, exactamente igual que el resto de partidos, nos gusten más o menos, y eso también incluye a Vox.

A los partidos cuyas ideas rechazamos se les combate con argumentos o las urnas. Si aún así gustan a otros y tienen representación, lo asumimos: es una de las incomodidades de la democracia, cuyo nivel de respeto y tolerancia se mide justamente cuando sucede algo que no nos gusta. Los 330.000 ciudadanos que les votaron el 23J no son etarras y sus líderes no defienden que vuelva el terrorismo.

Los abertzales se han querido reinventar como un partido, ahora ya al margen de ETA. Por eso Otegi dio un paso al lado para los comicios de este domingo. Por eso no fuerzan líneas rojas en sus pactos y aceptan investir a Sánchez sin demandas a cambio. Por eso no levantan la voz por que se les trate como socio indeseable para gobernar.

Saben leer sus debilidades, saben de dónde vienen y hasta dónde pueden apretar si quieren gobernar instituciones importantes ahora que ya están representados en ellas. Lo saben, pero no quieren hablar de ello, y es un error porque no hay nada más eficaz para pensar en un elefante blanco que alguien te diga “no pienses en un elefante blanco”.

EH Bildu quiere apartarse de las capuchas y consolidarse en un ideario social y progresista, por eso inciden en temas como vivienda o sanidad y vadean el terrorismo, hasta que se les pregunta por ello directamente y pretenden no saltar el charco o hacer como si no hubiera charco.

El candidato a lehendakari, Pello Otxandiano, ha perdido dos oportunidades en 24 horas para decir que ETA fue un error y quienes la defendieron se equivocaron. O pedir, simplemente, perdón. O calificar como etapa indeseable aquella en la que no se defendía ideas o mostraban desacuerdos desde los púlpitos sino desde los zulos. Algo.

El lunes, preguntado en el debate de El Diario Vasco, dijo que “lo fácil es la condena y lo difícil es admitir las responsabilidades, que las hay por parte de todas las familias políticas”. Por la noche, en una entrevista en la Ser, Aimar Bretos le preguntó si ETA fue un grupo terrorista: “Fue un grupo armado. Las consideraciones o las denominaciones pueden ser diversas”. Ante las repreguntas minimizó la importancia de la pregunta: “No me parece que esa sea una cuestión fundamental”. Si quieres ser otro diferente al que fuiste hace no tanto, debes dar muestras claras del cambio y por eso sí es fundamental la pregunta, al menos hoy, quizás no en 20 años.

Hablar de salario mínimo, VPO y Osakidetza y no tener que hablar de escoltas y mil asesinados, atentados sin resolver o los GAL es un enorme avance y un muy buen síntoma. Querer dejar en medio de esas dos realidades una enorme laguna en blanco es un error si quieres convencer a los vascos de que realmente algo ha cambiado.

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