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OPINIÓN | 'Crían a sus niños como fascistas', por Antonio Maestre

Crían a sus niños como fascistas

5 de septiembre de 2026 21:46 h

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Manifestación en defensa de Ceuta en Madrid. Un hombre, porque era un ser humano, sostenía a su hijo encima de los hombros mientras una horda de fanáticos, con él como parte de la turba, gritaba, insultaba y agredía a un periodista. El niño, empujado por el ejemplo de su progenitor, participaba del akelarre fascistas sin saber exactamente lo que hacía y lo que significaba pero siguiendo las enseñanzas de quien le cuida y educa. Porque si su padre lo hace es porque tiene que estar bien.

Manifestación en defensa de Ceuta en Tarragona. Una madre sostiene una pancarta mientras grita “Pedro Sánchez, hijo de puta” y sonríe viendo a su hijo de apenas 10 años, que sostiene otra pancarta hecha por él mismo en la que se lee el mismo lema. La familia ha hecho manualidades en compañía por la tarde antes de ir a la manifestación y han enseñado a su hijo a dibujar con colores en una pancarta que el presidente del Gobierno es un hijo de puta. Una voz se escucha en el vídeo diciendo al niño que está “muy guapo” sosteniendo el cartelito con el improperio. Porque los comportamientos fascistas hay que reforzarlos.

Los dos eran niños. Eran un padre y una madre educando a niños en el odio. Precisamente por eso mismo no es casualidad que sean mayoría la cohorte de jóvenes apegados al fascismo, niños educados en la humillación del diferente, en la agresión, en el supremacismo masculino, niños educados para ser bullies en el colegio, niños educados en la violencia y en la agresividad. Estas familias están poniendo los ladrillos para generar potenciales maltratadores porque lo que están mamando en casa es que las mujeres feministas tienen que ser violentadas, que tienen menos derechos que ellos, que los homosexuales son inferiores, que los migrantes no son humanos, que los rojos tienen que ser abono para las cunetas. Están criando a sus hijos como fascistas para que sean fascistas.

La educación parental de estos fanáticos no se trata de enseñar a sus hijos valores conservadores, de instaurar en ellos un ideario crítico, ni de inculcarles valores cristianos. Se trata de generarles odio, de tener con ellos un discurso que trata a los que piensan diferentes como escoria a erradicar, de no respetar la diferencia y actuar con violencia cuando se encuentren en el futuro con quien piensa distinto o no le permite hacer lo que quiera cuando quiera. Estos niños tienen mucho más peligro cuando se crucen con una niña que no quiere hacer lo que ellos quieren porque les han enseñado en casa que lo único que les separa de su voluntad es el uso de la fuerza.

Hace más de un año me encontré en Parquesur (Leganés) a un gorila de una empresa de desokupación que fue en el pasado candidato de Vox en Móstoles y al reconocerme intentó agredirme. El niño que iba con él, su hijo, empezó a llorar desconsolado al ver a su padre mostrarse como un simio violento y tuve que ser yo el que le recordara al hombre que estaba intentando agredirme mientras la seguridad nos separaba que al menos pensara en su hijo y en el disgusto que le estaba dando. Porque siempre es buen momento para educar a los hijos de los fascistas, incluso en esos momentos en los que quieren agredirte, para que vean que hay otra manera de ser y que simplemente han tenido mala suerte de tener esos padres de mierda. Porque los niños no tienen la culpa y hay que salvarles de ese entorno tóxico en el que se crían.

La patria potestad es un derecho del niño porque otorga a los padres el cuidado, mantenimiento y bienestar del menor hasta que tenga la mayoría de edad. Es un derecho del niño, no del padre, y desde un punto de vista moral y de estabilidad y equilibro mental del menor habría que preguntarse si los padres que acuden con sus hijos a una protesta para agredir e insultar, para despreciar y humillar al diferente, están en condiciones de otorgar a su descendencia la crianza que se merecen. Esta misma gentuza es la que pide el pin parental en la educación para que no haya nadie que le enseñe valores de respeto a la diversidad y empatía con los más vulnerables. En el fondo lo hacen para que sus hijos no se den cuenta de la bazofia que tienen en casa, se saben despreciables y no quieren que sus hijos puedan comparar otros modelos de persona.