El discurso del miedo sí que es multirreincidente
Pensaba escribir sobre la ley de multirreincidencia aprobada en el Congreso, pero no lo voy a hacer. Y no lo voy a hacer por miedo. Tengo miedo a que no se entiendan mis dudas, siendo un debate donde no parecen caber matices. Tengo miedo a que me acusen de estar del lado de los delincuentes y de no importarme sus pobres víctimas. Miedo a que me llamen “buenista” por no creer en el punitivismo. Miedo a que, quienes defienden esta ley, me deseen los peores males: “ojalá te pase a ti, que te roben por la calle o en tu comercio, y veas cómo el chorizo entra en comisaría por una puerta y sale por la otra”.
No sé si la ley de multirreincidencia dará miedo a los pequeños delincuentes contra los que va destinada. A mí sí me da miedo. No porque me la vayan a aplicar a mí, que soy incapaz de robar un lápiz en Galerías Preciados. Lo que me da miedo es lo que resuena detrás de la ley: el discurso del miedo, precisamente del miedo, que avanza gracias a debates como la multirreincidencia.
Me da miedo ver a los diputados de Junts festejando la ley en la puerta del Congreso como un gran logro, cuando su interés no es la tranquilidad de los vecinos sino la disputa política con la ultraderecha de Aliança Catalana. Me da miedo ver a Cuca Gamarra, del PP, vinculando la multirreincidencia y la regularización de inmigrantes, también para competir con la ultraderecha: “¿A cuántos multirreincidentes se les va a dar la residencia con la regularización? Si tienen antecedentes, de premio la residencia. Están convirtiendo la regularización en un coladero de delincuentes.”
Me da miedo ver al PSOE comprando el discurso de las derechas y ultraderechas, con todos los matices socialdemócratas que quieran ponerle; y además hacerlo por cálculo parlamentario, para ganarse el favor de Junts en próximas votaciones.
Me da miedo ver cómo el discurso del miedo gana cada vez más terreno en una de las sociedades más seguras de Europa. Me da miedo ver a tantos ciudadanos comprando la mercancía que les venden partidos, televisiones y redes sociales que insisten en magnificar la delincuencia, siendo como somos uno de los países con menor criminalidad de Europa. Repito: uno de los países con menor criminalidad de Europa. Me da miedo que, siendo uno de los países más seguros, tengamos al mismo tiempo uno de los Códigos Penales más duros de Europa, y estemos entre los países con más población encarcelada. A cada alarma social respondemos endureciendo el Código Penal y aumentando los años de cárcel.
El mismo miedo que me da ver cómo partidos, televisiones y redes sociales extienden desde hace años el miedo histérico a la okupación, pese a su baja incidencia. A ellos se suman los vendedores de “seguridad”, que nos machacan con su publicidad de terror. Me da miedo que, siendo un país tan seguro, seamos el primer país de Europa y cuarto del mundo en número de alarmas de hogar instaladas. Insisto: primer país de Europa y cuarto del mundo. Y en números totales, no relativos.
Esa combinación de un país objetivamente seguro, con una sociedad asustada, un Código Penal duro, cárceles cada vez más pobladas, ultraderecha al alza e instaladores de alarmas recorriendo los barrios, sí que da miedo. Para multirreincidencia, la de los portavoces del miedo, ya sean políticos, periodistas o comerciales.