Esperar no es una opción

El presidente de la Generalitat, Quim Torra. EFE/Enric Fontcuberta/Archivo

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¿Se puede sostener que la situación de Catalunya es crítica y a la vez alentar la llegada de turistas extranjeros? Se puede. Lo ha hecho el president de la Generalitat en una comparecencia en la que ha advertido que si los datos de contagio por el COVID-19 no remiten en 10 días habrá un nuevo confinamiento. Torra quería tomar el mando de la gestión de la pandemia y hace semanas que lo tiene, igual que el resto de presidentes de Comunidades Autónomas. Quien más quien menos manifestó sus reservas por el estado de alarma y el mando único, que decayeron entre otros motivos por la presión política, por un surrealista debate competencial y por la falta de apoyos parlamentarios de Sánchez, claro, para mantenerlo.

Ha pasado poco más de un mes de aquello y el resultado no se puede decir que sea satisfactorio. España ha sumado en los últimos siete días 12.829 nuevos contagios. Más de 800 han sido diagnosticados en las últimas 24 horas. Y, ahora no están el 8-M ni el Gobierno bolivariano para descargar culpas. El virus sigue activo y avanza de forma preocupante, pero los gobiernos regionales no han cumplido con el mandato del decreto que establecía las necesidades básicas para la nueva normalidad. Ni la atención primaria funciona como debiera, ni hay equipos de rastreo ni personal sanitario suficiente para atender el sistema, ni los servicios regionales de epidemiología comunican en tiempo y forma los datos. No solo ocurre en Catalunya. Madrid es otro ejemplo.

Nada se ha hecho correctamente. Pero, pueden estar tranquilos, que Pablo Casado ya tiene la receta mágica con la que poner orden en todo ello. ¡Un mando único! Ahí es nada. Lo ha dicho. Y dos veces en los últimos dos días. Sin sonrojarse y mientras durante semanas, muchas semanas, bramó en el Congreso contra Pedro Sánchez por mantener el estado de alarma y no permitir a las Autonomías gestionar la crisis sanitaria. Ahora, que tienen plena competencia, reclama lo contrario. Y se queda más ancho que largo. Y seguro que el sanedrín del "teodorismo" –como llaman en Génova al número dos del PP– le aplaude la ocurrencia. Todo es gratis en la política de la irrelevancia, el despropósito y el dígame de qué se trata, que me opongo.

Incluso no admitir que la responsabilidad de lo que ocurre ahora es solo de las autonomías, que no se han hecho  bien las cosas y que igual lo de la "dictadura constitucional" no estuvo tan mal porque frenó la curva de contagios y evitó más muertes de las que hubo. El caso es que mientras el PP se ha erigido ahora en defensor del "mando único" y Torra anuncia que la situación de su Comunidad es "crítica" pero que va a esperar 10 días antes de decidir si recurre o no al confinamiento, en Madrid vivimos en la inopia sin decretar el uso obligatorio de las mascarillas ni tomar decisiones sobre el cierre de los locales nocturnos de ocio –que es donde se concentran ahora los mayores focos de contagio– ni hacer caso a los médicos  que denuncian la falta de personal para atender la nueva ola que ya tenemos encima. 

Esperar no es una opción, después de lo vivido y sabiendo ya cómo ataca este virus asesino. No es razonable que lo haga Torra para burlar la preceptiva solicitud al Gobierno de España, que es el único competente para decretar el confinamiento total en Cataluña. Y no es razonable que Ayuso mantenga abiertos los locales de ocio por muchas que sean las pérdidas económicas que suponga una nueva clausura para los empresarios de la noche madrileña. La protección a la salud está por encima de todo ello, de las competencias, de la cuenta de resultados y de la competición entre gobiernos. Lo contrario es temerario, es poner en riesgo a millones de ciudadanos y es no querer asumir que las Autonomías no tenían plan B con el que hacer frente al COVID-19 y que algunas solo buscaban la bronca partidista y el desgaste del Gobierno.

Y esto mientras la estrategia de La Moncloa para que las Autonomías se cuezan en su propia salsa empieza ya a quedar demasiado en evidencia y resulte insultante que, cuatro meses después, el Gobierno de España haya sido incapaz de articular algo tan elemental como un sistema de notificación de contagios con el que saber en tiempo real el alcance de la pandemia.

La fotografía no puede ser más descorazonadora porque la sensación no es otra más que del descontrol político, sanitario y epidemiológico. De lo primero ya teníamos algunas nociones básicas, lo segundo y lo tercero son más peligrosos porque lo que está en juego es mucho más importante que la subida que el CIS pronostica para el PSOE o la bajada que augura para el PP. A los españoles les importan un bledo las encuestas, la desfachatez de la derecha en sostener una cosa y su contraria o si Pedro Sánchez ha salido o no fortalecido tras la negociación de Bruselas. Lo que quieren es seguridad y percibir que las decisiones que se adoptan son sólo para proteger la salud, independientemente de quien las decida o quien  remolonea por motivos estrictamente partidistas. Pero ellos, eso sí, siguen a lo suyo y sin enterarse de que la espera es la única opción no viable llegados a este extremo.

P. D.: De las costuras del estado autonómico ya si eso habrá tiempo de hablar en otro momento.

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Publicado el
27 de julio de 2020 - 22:22 h

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