La huelga general ha sido un éxito
La huelga general del 11N ha sido un éxito: paralizó buena parte de la industria y las grandes empresas, tuvo un amplio seguimiento en la administración, los servicios públicos y el transporte, ausencia de incidentes, y culminada con grandes manifestaciones. Un éxito.
Ya sé, ya sé, todavía faltan tres días para la huelga. Pero yo ya voy a dejar escrito mi artículo de valoración, así adelanto trabajo. Total, es lo que hacen algunos medios, que tienen ya escritos sus editoriales, noticias, columnas, viñetas humorísticas y tertulias, además de por supuesto las portadas periodísticas y televisivas con el gran titular: “Fracaso de la huelga general”. “España prefiere trabajar”. “De fracaso en fracaso”. “Fracasados”.
He copiado los titulares que dejó la prensa de derecha tras la última huelga general, la del 14 de noviembre de 2012. Hubo otra posterior, el 8 de marzo de 2018, la huelga feminista, pero fue ninguneada por la misma prensa como si ni quiera mereciera ser un “fracaso”. Tampoco hay que ser vidente para adivinar los titulares del próximo jueves, pues son los mismos que se repiten en cada huelga general desde hace décadas: siempre un fracaso.
Solo en una ocasión la prensa se tuvo que envainar el titular precocinado: la huelga de 1988, el mítico 14D cuya alargadísima sombra ha pesado sobre todas las posteriores. Fue incuestionable, con calles vacías propias de domingo, persianas bajadas y fábricas paralizadas, y el apagón de la única televisión entonces, TVE, que se fue a carta de ajuste a las doce en punto de la noche. Ni siquiera hubo la habitual guerra de cifras, se le concedió la victoria a los sindicatos sin discusión, como recuerda Sergio Gálvez en La gran huelga general. Su éxito se convirtió en el “fracaso” de todas las posteriores: comparada con el 14D, cualquier huelga es un pinchazo. Porque además no puede repetirse otra igual. Eran otros tiempos, con mayor fuerza sindical, una clase trabajadora más homogénea y un sistema productivo más “fácil” de parar: cuenta Gálvez que para el famoso apagón de TVE “no hizo falta más que pulsar un botón en el repetidor de la Bola del Mundo en Navacerrada”, algo impensable en tiempos donde ya no hay botones que lo apaguen todo.
La de este miércoles viene ya fracasada de casa: la prensa de derechas lleva semanas anunciando su fracaso, vaticinando el escaso seguimiento, cocinando encuestas de rechazo masivo, y por supuesto acusando a los convocantes de “huelga política”, que es otro clásico del antisindicalismo español. Como si pudiera haber una huelga general que no sea política. El miércoles desde primera hora nos mostrarán imágenes de “normalidad” en polígonos, mercas, el tráfico en las ciudades y el consumo eléctrico. Leeremos cifras bajísimas de seguimiento con intención desmoralizante, habrá acusaciones de “piquetes violentos”, y antes de media mañana circulará la consigna del “fracaso”.
La huelga general del 11N no es una huelga como las demás, ni en su origen ni en su desarrollo, así que no deberíamos valorarla igual. Una huelga convocada por un sindicato de inquilinas, que pone en el centro la vivienda antes que los derechos laborales -siendo la vivienda un problema de la clase trabajadora-, y que el gobierno central ve con buenos ojos, no es una huelga como las demás. Sea mayor o menor su seguimiento, su éxito está más en la capacidad de movilizar y aunar voluntades de todo tipo de colectivos, sindicatos, partidos, asambleas de barrio, sectores y ciudadanos en general, más que en si consigue o no cerrar El Corte Inglés de Preciados (spóiler: no lo conseguirá).
No es una huelga como las demás, aunque sus detractores la traten igual y la vayan a medir con el mismo rasero. Yo creo que esa prisa de algunos por fracasarla es ya una forma de éxito.