El juez Peinado, la mejor baza electoral del PSOE
Hay que reconocerle al juez Juan Carlos Peinado su inagotable capacidad para convertir la causa judicial contra Begoña Gómez en un ejercicio que puede terminar beneficiando a la investigada y a su entorno. La última guinda la ha puesto en el establecimiento de las medidas cautelares que restringen libertad de movimiento de Gómez en base a un escenario de fuga digno de Prison Break.
Dice el auto que la esposa de Pedro Sánchez podría escapar con ayuda de los policías que la escoltan, o que podría escapar cuando esos mismos policías ya no la escolten. Es decir, que la custodia es una amenaza y su ausencia también. Peinado ha descubierto que el riesgo de fuga existe en todos los estados posibles de la materia, una aportación gloriosa para la física cuántica.
Se echa de menos, con todo, un poco más de ambición narrativa. El auto podría haber contemplado que Begoña Gómez fuera elevada a los cielos por el Espíritu Santo aprovechando algún momento de guardia reducida y transportada fuera de nuestras fronteras. Esta hipótesis tiene el mismo sustento probatorio que las que sí figuran en el auto y habría dado al texto la posibilidad adicional de optar al Premio Planeta.
Lo que más llama la atención es la ligereza con la que formula la hipótesis de fuga con escoltas cooperantes (o no cooperantes) porque no deja de ser una resolución judicial apoyada en posibilidades meramente imaginables, del mismo rango epistemológico de que algún día lluevan ranas. Pero, de camino, Peinado ha ido un paso más allá deslizando que los policías nacionales que forman la escolta de Gómez podrían cometer un delito. ¿Puede un juez instructor insinuar en un documento oficial que agentes en activo de las fuerzas de seguridad del Estado podrían saltarse la ley y que eso no tenga ninguna consecuencia? Todo es posible en este país.
Si el escenario de fuga con escolta cómplice merece su propio capítulo en la historia de la creatividad judicial española, el auto reserva otro momento de altura cuando Peinado se aventura en el terreno de la historiografía para señalar que no ha encontrado un caso similar de tráfico de influencias en España desde el reinado de Fernando VII. El juez instructor de una causa penal argumenta que debe aplicar una interpretación “teleológica y hermenéutica” del Código Penal porque las conductas que investiga son tan insólitas que recuerdan a los regímenes absolutistas.
Toda la instrucción contra Begoña Gómez ha transmitido y transmite la sensación de exhibición de autoridad judicial dirigida a recordar quién tiene la capacidad de marcar el ritmo y el relato de esta causa y en qué momento preciso. Todas las piezas separadas y diligencias corregidas dejan esa misma percepción. Así que el propio Peinado, crecido en su batalla particular contra el absolutismo borbónico y sus supuestos epígonos modernos, está convirtiéndose en el argumento más eficaz para quienes sostienen desde el PSOE que nunca hubo una investigación ordinaria, sino una simple operación de desgaste político.
Si Pedro Sánchez encuentra finalmente un clavo al que agarrarse en medio de la crisis interna en la que anda metido el partido, es muy posible que ese clavo lleve la firma del ilustrísimo juez Juan Carlos Peinado.
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