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Hasta aquí llegó la ultraderecha

Meloni y Von der Leyen, en una cumbre en Roma

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Perdona, pero no me voy a sumar al tembleque, los sudores fríos y los lamentos por el ascenso de la ultraderecha en toda Europa. No digo que no sea preocupante su crecimiento general en votos y escaños, superando a la izquierda transformadora y a los verdes en el Parlamento Europeo. Y por supuesto que me inquieta su éxito en países como Francia, Alemania, Italia o Austria, y su buen resultado en España (con Vox subiendo y la irrupción de una nueva fuerza ultra). Pero me niego a secundar el derrotismo de quienes ven irresistible su ascenso y temen que lo de este domingo solo sea un anticipo de los tiempos negros que vienen.

Al contrario, yo creo que la ultraderecha ha tocado techo este domingo en Europa. Llamadme optimista, incluso ingenuo, pero estoy convencido de que podemos colocar un azulejo como aquellos que en los pueblos recuerdan las crecidas del río marcando en una pared el punto más alto alcanzado por las aguas: “hasta aquí llegó la riada”. Pues lo mismo, una inscripción que recuerde a los ciudadanos del futuro los resultados de estas europeas: hasta aquí llegó la ultraderecha. De aquí no pasarán.

¿Qué te has tomado, Isaac? ¿No ves que tienen el viento a favor, y elección tras elección mejoran resultados, ganan posiciones y entran en más gobiernos? ¿No ves cómo la incertidumbre, el miedo y el malestar son terreno abonado para que sigan creciendo? ¿No te das cuenta de cómo la derecha tradicional les facilita el avance comprando sus propuestas y abriéndoles las puertas de instituciones y gobiernos? Lo veo todo, por supuesto, pero me reafirmo: de aquí no pasarán. Hasta aquí llegó la ola ultraderechista en Europa.

Llamadme optimista, incluso ingenuo, pero estoy convencido de que el resultado de las europeas será un revulsivo, en primer lugar para la propia Unión Europea, sus instituciones y órganos de gobierno. Se acabó el comprarle la agenda a la ultraderecha. Se acabó la deriva reaccionaria de las políticas comunitarias. También para los partidos democráticos, incluida la derecha europeísta. No más coqueteo con los ultras. No más discursos que cuesta diferenciar. Se acabó el pactar con partidos de extrema derecha, y mucho menos compartir gobiernos.

Llamadme optimista, incluso ingenuo, pero creo que también será un antes y un después para los partidos de izquierda, que tras estas europeas tienen menos representación en el parlamento europeo que nunca. Tanto en Europa como en sus países, especialmente allí donde gobiernan, van a ser más audaces para combatir la desigualdad y el empobrecimiento, y muy especialmente para dar a los jóvenes esperanza en el futuro. En cada país priorizarán políticas según sus realidades. En España, por ejemplo, pondrán el derecho a la vivienda en el centro.

Todo lo anterior va a suceder no porque lo deseemos muy fuerte, sino porque, antes que las instituciones, los gobiernos y los partidos, somos los ciudadanos los que vamos a tomar muy buena nota de estas elecciones. No nos vamos a quedar mirando la ola y temiendo las próximas elecciones. Tampoco vamos a confiar en detenerla solo con votos, que ya vemos que no funciona. Vamos a sumar fuerzas frente a la ultraderecha. Vamos a movilizarnos para que instituciones, gobiernos y partidos hagan realidad los dos párrafos anteriores, ya que sin presión ciudadana no lo harán. Y vamos a quitarnos el miedo, a construir otras formas de seguridad colectiva para no sentirnos tan vulnerables y no quedar a merced de los populistas de extrema derecha.

Que sí, que soy un ingenuo, lo que quieras, pero no pienso irme a la cama con el miedo en el cuerpo, ni resignarme al derrotismo que nos tiene noqueados. ¿Tú sí?

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