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Cómo mantener a Groenlandia europea en tres pasos

Patinadores en Nuuk, Groenlandia, el 15 de enero de 2026.

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Los europeos tenemos una tendencia irritante al derrotismo. Los psicólogos llaman “indefensión aprendida” a la pasividad de las personas que, en momentos de crisis, se convencen a sí mismas de que no pueden hacer nada ni tienen control sobre su vida. Tres ejemplos encarnados de esto son Ursula Von der Leyen, Kaja Kallas y Mark Rutte (este además servil). 

Pero no son sólo algunos liderazgos. También es la prensa. En cuanto se reavivó hace unos días la obsesión trumpista por Groenlandia han aparecido artículos de urgencia explicando cómo Trump se va a hacer con la gran isla helada en cuatro pasos. Lo he visto en Politico, lectura matinal de las elites bruselenses, y también aquí

Como método para inducir un temor reverencial a Trump no está mal, pero no se ajustan a la realidad. Los europeos queremos defender nuestros valores, nuestra democracia y nuestro estilo de vida. La Unión Europea tiene herramientas. La realidad es que, no en cuatro pasos sino en tres, la UE puede mantener a Groenlandia como parte de la alianza europea:

1. Antes de nada hay que salir de dos lugares: el estado de negación y la indefensión aprendida. Si es necesario puentear a Von der Leyen, Rutte y Kallas, se les puentea. Sería preferible destituirlos, claro. Pero supongo que el procedimiento no figurará en los tratados o durará tres siglos, o requerirá el 55% de las unanimidades de los 20 países cuyo 75% del PIB sea equivalente a 3/5 de la parte contratante de la tercera parte. Mejor los puenteamos. Total, ya lo hicimos el 6 de enero con el comunicado conjunto en defensa de Groenlandia firmado por España, Francia, Alemania, Reino Unido, Polonia y Dinamarca. Esta es la línea. 

2. Hay que incorporar con urgencia a Groenlandia como miembro de la Unión Europea. Como territorio semiautónomo de Dinamarca, Groenlandia formó parte de la UE hasta 1985, cuando la abandonó por discrepancias en temas pesqueros. Su reingreso ahora lo aprueban el 60% de los groenlandeses, según encuestas disponibles antes de la última andanada de Trump. Es probable que la cifra haya aumentado. El ingreso tendría que ser para ayer. La propuesta figura en un interesante informe de noviembre pasado, en el que el Parlamento Europeo recomienda al Consejo, a la Alta Representante y a la Comisión varias decisiones en relación con el Ártico. El reingreso de Groenlandia es una de ellas. Como gesto político contundente ante Trump, no se me ocurre otro mejor.

3. Una decisión así se quedaría coja sin el contexto de una estrategia para el Ártico. Esta zona del planeta se ha convertido en lucrativa por sus recursos (en su subsuelo hay materias primas críticas y tierras raras, además de petróleo) y por las nuevas rutas marítimas que se abren gracias al deshielo. China está muy interesada porque acortaría de forma significativa sus rutas comerciales con Europa. Si se mira el mapa, Groenlandia no es el único territorio europeo geográficamente perteneciente o limítrofe con el Ártico: lo son también Canadá, Noruega, Reino Unido e Islandia. Ninguno de ellos pertenece a la UE: habría que gestionar la incorporación de Islandia y Noruega ya: ambos tienen numerosos acuerdos económicos con la UE. Reino Unido lleva su propio ritmo, aunque en estos días se pronuncia con una perspectiva más europeísta que la Comisión. En cuanto a Canadá, un país afín en valores y sistema político, también hay que estrechar lazos con él. Los lazos que Europa sabe estrechar: comerciales, culturales, diplomáticos.

Et voilá. Groenlandia se queda. Y se apega. Y apechugamos con las consecuencias, que pueden ser muy duras en Ucrania. Pero no hacer nada también las tendrá y graves. Al no ceder Groenlandia los europeos conseguimos: uno, no ver vulnerada la soberanía de nuestro territorio, lo cual sentaría un precedente nefasto. ¿Y si mañana Trump quiere Canarias? Al fin y al cabo la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU ya anuncia su disposición a intervenir para apoyar los partidos de ultraderecha. Eso también es vulnerar nuestra soberanía. 

En segundo lugar, nos interesan los recursos naturales de Groenlandia porque los minerales críticos lo son para la transición energética y la tecnológica. Renunciar a ellos pondría un clavo más en el ataúd de nuestra dependencia tecnológica de EEUU y China. Por último, en pleno cambio climático, nadie mejor que la UE va a proteger el delicado ecosistema ártico -que se calienta el doble de rápido que el resto del planeta-. Nadie va a proteger mejor a los habitantes locales, y la singular cultura inuit. Nadie va a respetar más las limitaciones que el gobierno groenlandés impuso hace unos años a la extracción de petróleo. Por motivos políticos, económicos, ecológicos y humanos, Groenlandia debe ser no menos europea, sino más. Empecemos cuanto antes.

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